La Amazonía revitaliza las aspiraciones de su gente y por su naturaleza

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La Ley Amazónica apunta a promover el desarrollo de los habitantes de esta región de Ecuador. Fotos: Jaime Plaza

Ley Amazónica. Que las provincias que aún no las tienen también cuenten con su propia universidad. Esa es una de las mayores aspiraciones de la Amazonía como región.

Así lo resolvieron a una sola vez, durante la IX Cumbre Amazónica, que se realizó en Zamora Chinchipe, en septiembre pasado. 

A viva voz, las respectivas delegaciones exigieron la creación de universidades en Zamora Chinchipe, Sucumbíos, Morona Santiago y Orellana. Además, que estos centros de educación superior sean incluidos dentro de la investigación de los proyectos productivos que ejecutan los gobiernos amazónicos y ministerios competentes.

Por eso, Salvador Quishpe, prefecto de Zamora Chinchipe, y los miembros del Consejo de Planificación de la Mancomunidad de Gobiernos Autónomos Provinciales de la Amazonía (CONGA) encaminan las gestiones. En estos días se reunieron en Quito con autoridades de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt).  

Freno al extractivismo 

Otra de las resoluciones es sobre la urgencia de superar el extractivismo. Que el Estado no entregue más concesiones mineras y petroleras, y se revise la legalidad de las existentes. A cambio, se incentive una desarrollo amigable con su selva y sus ríos.

Estas son dos de las 36 resoluciones a las que llegó la IX Cumbre Amazónica. Acudieron autoridades como prefectos, alcaldes y asambleístas, líderes indígenas, presidentes de juntas parroquiales, representaciones de organizaciones y más para plantear sus propuestas que les permita pone en práctica la Ley Amazónica.

Se trata de una ley orgánica, promulgada por la Asamblea Nacional, para la planificación integral de la región amazónica de Ecuador. De allí que las 36 resoluciones se engloban en grandes ejes como el respeto al medioambiente.

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Salvador Quishpe, en su condición de presidente de la CONGA, lideró esta cita. La misma fue considerada el espacio para reflexionar e instaurar un tercer momento en la historia de esta región: el de “salvar a la Amazonía. En un primer momento la vieron como un mito y luego como la caja fuerte para el agarra lo que puedas”.

Líderes como Marlon Vargas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae), insistió que la ley también sea para los pueblos nativos y se remedien los daños ambientales provocados en sus territorios por el extractivismo.

Al respecto, la resolución 6 establece reducir, paulatinamente, las actividades extractivistas y promover la inversión en bioeconomía, como base de la economía amazónica. Pero que eso implica que el Estado ya no entregue más concesiones mineras y petroleras y que se revise la legalidad de las existentes.

A la vez resolvieron apoyar en forma irrestricta la defensa de los recursos hídricos de Sucumbíos, en especial a la comunidad Sinangoe, y de toda la Amazonía ecuatoriana.

Otra resolución determinante es que se declare en emergencia a la Troncal Amazónica. Esa es una exigencia para el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, cuya atrención permita mejorar la comunicación con el resto del país.

Con esta misión, las diferentes delegaciones de las seis provincias marcharon por las principales calles de Zamora y luego se concentraron por más de cuatro horas en el coliseo de la Unidad Educativa Luis Felipe Borja del Alcázar.

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La población de Sucumbíos, Orellana, Zamora Chinchipe y Morona Santiago exigen la creación de universidades en sus respectivas provincias.

 

Entre ríos, cascadas y senderos, la cuestión es cuidar la naturaleza en Zamora Chinchipe

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Un recorrido rodeado de naturaleza y en lancha por el río Zamora es parte de la propuesta de atractivos turísticos en el cantón Yantzaza. (Fotos: Jaime Plaza)

Zamora Chinchpe. A cada árbol de balsa ahora lo cuidan como un auténtico tesoro verde, porque ya no quedan muchos. Los indígenas shuar aprendieron a protegerlo, como una forma de ayudar contra la deforestación que arrasa con los bosques de la Amazonía ecuatoriana.

José Antosh, indígena shuar de San Luis, entendió que, en vez de seguir talando, había que cuidar este tipo de árboles y otros que aún quedan en sus bosques. Él los encuentra solo en la ribera del Nayumin (que desemboca en el río Chuchumbletza y este a su vez alimenta al majestuoso Zamora).

Esos árboles de balsa nacen en este tipo de zonas, porque su semilla llegan hasta allí, al bajar con la corriente. Y crecen hasta que, a los dos años, están para utilizar como madera, solo en cuestiones necesarias como la construcción de balsas.

Esta vez, Antosh tuvo una muy buena razón. Se aproximaba el concurso de balsas tradicionales, como parte de los eventos por la II Feria Provincial de Turismo (FEPTURY 2018), en el cantón Yanzatza, y junto con sus sobrinos Juan y José decidieron participar este año. 

José utilizó para armar la embarcación tradicional, en la que sus sobrinos navegaron por el río Zamora aguas abajo, en competencia con otros siete equipos participantes.

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Juan y José Antosh están en plena competencia de balsas tradicionales en el río Zamora. (Foto: Carlos Medina)
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El concurso de balsas busca rescatar la tradición del uso de estas pequeñas embarcaciones y concienciar el cuidado de la naturaleza.

La mayoría de las 18 familias que viven en el barrio San Luis (a dos horas de Yantzaza) también lo usan como material para construir sus casas shuar. Lo complementan con maderas como chilca. “En esta época ya no corta mucho. La gente aprendió a cuidar la palma”, lo dice José con cierta satisfacción.

Estas familias viven de cultivar la papa china, pelma (parecida a la palma y consumen los cormos y las hojas tiernas), maíz, caña, guineo, plátano y más.

Lo complementan con la pesca de languilla, blanco, corroncha y bagre. Claro que igual, concientes de no depredar, lo hacen con con anzuelo y máximo atarraya.

 

Senderos, cascadas y cuevas

Una aventura única en medio de su naturaleza amazónica es lo que ofrece el ‘Valle de las Luciérnagas’, como también se conoce a Yantzaza. Para eso, ofrece rutas como ‘Los Guayacanes‘, con senderos por entre sus bosques, cascadas y piscinas naturales que se forma en sus caídas, cuevas y más formaciones extrañas.

En cada tramo que recorre, el visitante se cautiva con la naturaleza que le acoge. Hasta se ve atraído de darse un chapuzón bajo el chorro de agua, que cae en las cascadas ‘La Luna’, ‘El Tobogán’ y ‘La Corazonada’.

El incesante golpetear de las aguas cristalinas del río, que desciende zigzageante, se vuelve un murmullo que acompaña al caminante que avanza por sus orillas.

Ruta Los Guayacanes
La cascada ‘El Tobogán’ es uno de los lugares preferidos para darse un chapuzón en la ruta ‘Los Guayacanes’.

Para los apasionados por la espeleología, esta ruta es su destino. Aquí su mayor atractivo son las cuevas ‘Guayacanes’ y la ‘Del duende’. En la primera, se encontrarán con estalactitas  y estalagmitas (rocas del techo y del suelo, que en entornos naturales suelen aparecer en cuevas calizas donde se forman por depósitos de carbonato cálcico), y otras formas de vida. Sobre la segunda cueva, los comuneros de la zona cuentan que “allí llega a descansar un duende”.

Cueva
En la cueva ‘Guayacanes’ se puede adentrarse unos 25 metros y sentirse en las mismas entrañas de la tierra.

También sorprenden aquellas rocas, por su extraña formación, parecen suspendidas en el espacio. A este espacio en la ruta ‘Los Guayacanes’ se lo conoce como ‘El Balcón’. Pues, por sus protuberancias o largos picos, dan la apariencia de un balcón, desde donde se pudiera apreciar un panorámica de este bosque amazónico.

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Esto y más se encuentra a largo del Circuito de ‘Los Guayacanes’, que el Municipio de Yantzaza, con el apoyo de la Prefectura de Zamora Chinchipe, impulsa como propuesta turística para atraer visitantes locales, nacionales y extranjeros.

La ruta se inicia en el puerto turístico que se construye en la ribera occidental del río Zamora, en Yantzaza y termina con el recorrido por el sendero de ‘Los Guayacanes’.

Lo que ofrece la ruta ‘Los Guayacanes’

  • Paseo en lancha por el río Zamora.
  • Recorrido en ranchera o chiva hacia el sector El Salado, en la parroquia Chicaña.
  • Senderismo, rapel, chapuzón, espeleología… en la ruta ‘Los Guayacanes’.

Este paseo se puede complementar con visitas a sectores como San Vicente de Caney, una comunidad de la nacionalidad Saraguro. Allí puede descubrir sus balcones y jardines floridos, artesanías, rituales, telares y elaboración de queso. Incluso cuenta con alojamiento.

Comunidades shuar como Nankais ofrece artesanía y gastronomía típica como caldo de gallina criolla y tilapia. Masuk Las Vegas presenta artesanía y danza shuar. El atractivo de San Luis y de Numbaime son sus artesanías y la cascada ‘Tuna Shirma Nua’.

Para hospedarse, alimentarse y trasladarse

  • Yantzaza como destino de ecoturismo cuenta con las facilidades necesarias para hospedaje con sitios de alojamiento. Entre estos está el Hotel Alejandro, diagonal al Complejo Deportivo y a 50 metros de la Terminal Terrestre. 
  • Para alimentarse, el turista puede hacer en diversos restaurantes y de acuerdo con su presupuesto. Eso sí la recomendación infaltable es que degusten las ancas de rana, en sus diversas presentaciones como parte de la exótica gastronomía del lugar.
  • Para llegar a Zamora Chinchipe, se dispone de diferentes empresas de transporte interprovincial que parten desde las terminales de Quito, Guayaquil, Cuenca, Loja y otras ciudades.

Esta ruta la puede completar en un día, porque Yantzaza y Zamora Chinchipe, en sí, les tienen listos muchos más atractivos y sitios para admirar. Uno de ellos es el gran Valle del Nangaritza, pero esa ya es otra historia.

Sendero
Es recomendable llevar ropa cómoda, además de zapatos adecuados para caminata, para avanzar por entre el zigzageante sendero en medio del bosque amazónico.

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Alto Nangaritza, el último ‘eslabón’ aún a salvo entre la Amazonía y los Andes

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Los bosques del Alto Nangaritza, en la Amazonía sur de Ecuador, guardan celosamente a especies como la rana mono verde naranja.

Cordillera del Cóndor. Es como un paraíso escondido. Así se lo puede considerar al Alto Nangaritza por sus características tan especiales y con hábitats aún muy poco intervenidos, alterados y estudiados. Zamora Chinchipe ha puesto en marcha una llamativa iniciativa para salvarlo.

Casi por milagro se ha conservado como el último eslabón o conexión biológica entre los Andes y la Amazonía. Pues a lo largo de la cordillera, no solo en Ecuador, sino también en Colombia y Perú, ese enlace está roto por la apertura de proyectos viales como la Troncal Amazónica, ciudades, tala de bosques, potreros para pastoreo de ganado y más.

A este ‘Archipiélago’ amazónico lo caracterizan formaciones geológicas únicas compuestas por areniscas y calizas, a las que los científicos las han identificado como semitepuys. Se trata de mesetas abruptas, con cimas planas (en su mayoría) y paredes verticales.

Presenta paredes de roca de hasta 100 metros que dan forma a llamativos encañados, en especial el de Miazi. Hace algunos años nos asombramos con esa maravilla natural, durante una travesía en canoa por el río Nangaritza, en el sureste de la provincia de Zamora Chinchipe y muy cerca de la frontera con Perú.

El Alto Nangaritza es un corredor de aproximadamente 250.000 hectáreas, compuesto por ecosistemas naturales, que sirve de eslabón entre los que vienen de los Andes con los de la Amazonía baja y la Cordillera del Cóndor. 

Los shuar, nacionalidad indígena asentada en la zona, saben ancestralmente de su gran valía como fuente de agua. Lo conocen como Mura Nunka-Entsa Jiniarma o las montañas más alta donde nacen las aguas de ríos como el Nangaritza. 

También lo valoran porque los bosques son su mercado natural, que les abastece de alimento y por eso lo han conservado por cientos de años.

Trotsky Riera Vite, coordinador de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI) en Zamora Chinchipe, asegura que estudios especializados hechos en el valle del Nangaritza identificaron más de 493 usos en 316 especies del bosques para su cotidiano vivir. Los principales usos son alimentación, medicina, construcción de vivienda y ritualidad.

En combinación con las ajas (huertas shuar), los bosques les abastecen de yuca con al menos 31 variedades, todas diferentes morfológicamente. Además de especies nativas como los tubérculos piripi, namau y otros. Se suman las plantas tintóreas como ipiak (achiote), sua, sacha manzana, uva de monte… El yankip lo consumen como condimento para sazonar las carnes. 

Como medicinales, las hojas de katip, sembrado en las ajas, las usan como té contra las gripes y resfríos. Cocinan las raíces de nanku (zanahoria) para curar los dolores estomacales y el copal lo utilizan para las sanaciones espirituales. 

Los shuar también cosechan semillas conocidas como shakap para elaborar artesanías y cinturones usados por las mujeres en sus danzas.

En cuanto a vivienda, una casa tradicional shuar puede tener hasta cinco especies de palmas en sus techos y paredes. De la palma ampakay, por ejemplo, se come el palmito, a la vez se usa para paredes de las casas y el tallo de la hoja para hacer las camas.

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Las tradicionales casas shuar están construidas con hasta cinco especies de palmas que crecen en el Alto Nangaritza. (Foto: Carlos Medina)

Un refugio de especies únicas

Cobija una fauna excepcional, en especial sus especies endémicas (únicas de ese lugar). Su formación geológica, con suelos extremadamente pobres y ácidos, no permiten que crezca cualquier especie, solamente las que se han especializado para ese ecosistema y que los científicos llaman endémicas. Incluso entre una y otra montaña no existen especies iguales.

Renzo Paladines, director ejecutivo de NCI, reveló que en cada expedición científica en el Alto Nangaritza se descubren entre 10 y 20 especies nuevas de flora y fauna.

En ese espacio tan pequeño (solo 250.000 hectáreas), se han identificado 535 especies  de aves (casi el 40% de todas las existentes en Ecuador). 

Entre las endémicas está la tangara golinaranja, que solo está en los bosques del Alto Nangaritza y en cierto espacio al otro lado de la frontera con Perú. Está en riesgo de desaparecer porque los ecosistemas donde vive han sido degradados para pastoreo de ganado.

Otra especie única es el solángel real, un pequeño colibrí que solamente vive en la parte alta de las mesetas. El macho es negroazul y cuyo cortejo es muy llamativo.

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La tangara golinaranja está en riesgo de desaparecer por la reducción de bosques para dar paso a los pastizales.
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El colibrí pico de hoz, una especial bastante particular que habita en el Alto Nangaritza.

En el 2009 y 2012, organizaciones no gubernamentales, en convenio con universidades, hicieron expediciones científicas que duraron 15 días. Se encontraron al menos 30 especies nuevas especies en cada una.

Un grupo significativo de especies lo componen los anfibios. En una evaluación rápida, desarrollada por científicos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), se encontraron 89 especies de anfibios (algunos nuevos para la ciencia) y 27 de reptiles. “Descubrir eso en un área de apenas 1.500 hectáreas es bastante”, afirma Trotsky Riera.

Allí se han encontrado especies como la rana jambato amazónica y la rana de cristal fantasma (en estado vulnerable y crítico, respectivamente, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)

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La llamativa rana de hoja amazónica. (Foto: Trotsky Riera Vite)
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La boa arcoiris sobresale entre los reptiles en el Alto Nangaritza. (Foto: Trotsky Riera Vite)

En cuanto a flora, se destaca un árbol endémico: Podocarpus tepuyensis de la familia conífera Podocarpus. Son árboles que alcanzan hasta 15 metros de altura (en zonas como el Parque Nacional Podocarpus llegan hasta 40 metros).

En toda esta y más riquezas radica la valía y urgencia de conservar el Alto Nangaritza. Riera sentencia que si para alguna actividad extractiva se corta una de estas mesetas, se perderá para siempre a las especies. “Se trata de ecosistemas tan pequeños y específicos que no pueden sobrevivir todas las especies en cualquiera de estos”.

 

Un teleférico en vez de carretera en el Alto Nangaritza

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Los semitepuyes (meseta que se ve al fondo) son característica especial en la formación geológica del Alto Nangaritza. (Foto: Carlos Medina)

Construir un teleférico para que los habitantes de los cantones Palanda y Chinchipe tengan, al fin, una conexión directa con el resto de la provincia. Esa es la propuesta de Salvador Quishpe Lozano, prefecto de Zamora Chinchipe.

“Sería una solución innovadora para reducir potenciales impactos ambientales”. Así lo ve el ministro del Ambiente de Ecuador, Tarsicio Granizo a la propuesta de un teleférico en el Alto Nangaritza.

El ofrecimiento, incluso en campaña, del Prefecto había sido construir los 80 kilómetros de carretera que faltaban para llegar directamente a estos cantones. Hasta ahora su gente tiene que irse por Vilcabamba y Yangana (provincia de Loja), cuyo recorrido desde Zamora, capital provincial, toma alrededor de 7 horas en bus.

Ya están abiertos 50 de los 80 km. Pero antes de construir los 30 km restantes, la Prefectura de Zamora Chinchipe pidió se hiciera un estudio de factibilidad.

¡Oh sorpresa! Científicos como David Neill, de la Universidad Estatal Amazónica, advirtieron que se trata de una zona demasiado especial en ecosistemas y biodiversidad. Recomendaron no rasgar sus entrañas.

Ante esa alerta contundente, se descartó la idea de terminar la construcción de esta vía. Pero había que presentar una alternativa y Salvador Quishpe vio en el teleférico la mejor opción. “Uno que sirva para fomentar el turismo y también para que nuestra gente se traslade”.

Tomó como ejemplo el teleférico de Kuélap en Chachapoyas (Jaen, Perú), suspendido a más de 670 metros de altura y con 4.5 km de recorrido. Este fue inaugurado el 2 de marzo del 2017 y hasta el 20 de diciembre, en sus 20 cabinas ya había transportado 104.000 personas hacia el complejo arqueológico de la cultura Chachapoya.

El Prefecto lo propuso por primera vez en la Asamblea Provincial de octubre pasado. “Al principio todos estaban contrariados, incluso hubo algunos cuestionamientos sobre el incumplimiento de la oferta de construir la carretera”. 

Hasta que el miércoles 28 de febrero, los consejeros aprobaron la propuesta por unanimidad. Además acordaron exhortar al Gobierno Nacional y a organismos internacionales para que apoyen esta iniciativa.

Al ministro del Ambiente, Tarsicio Granizo, le parece que “sería una solución factible y mucho mejor que abrir una carretera”. Claro que “habría que hacer los estudios de impacto ambiental y desarrollar un plan de manejo como cualquier otra obra de infraestructura. Por supuesto apoyamos propuestas innovadoras que reduzcan los impactos ambientales. Pero es necesario primero analizar cómo será el proyecto para tener una posición oficial”.

La inquietud que le surgió Granizo es sobre la inversión y financiamiento que demandaría esta obra. Pero el Prefecto de Zamora Chinchipe tiene una salida. Dice que ya adelantó conversaciones con organismos internacionales, embajadas de Alemania y Francia, entre otros, para gestionar los recursos necesarios.

Anhela que se incluya en el Plan Nacional de Desarrollo y que el presidente Lenin Moreno convoque a una reunión a organismos internacionales para comprometer el apoyo. Hasta tanto seguirá con el plan de socialización, sobre todo para que los 100.000 chinchipenses descarten la idea de abrir una carretera.

Una minga por el respeto a la naturaleza

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Salvador Quishpe puso el ejemplo al lograr que un terreno muy empinado y de pastizales hoy reverdezca con árboles de cacao, guabas, orquídeas y más. (Foto: Jaime Plaza)

¡Salvar al Alto Nangaritza! es una propuesta dentro de los ejes del plan de reorientación de Zamora Chinchipe hacia el respeto a la naturaleza, el agua, la biodiversidad… Es la minga que impulsa Salvador Quishpe, del pueblo kichwa-saraguro y uno de los principales líderes indígenas de Ecuador, a raíz de su llegada a la Prefectura, hace ocho años.

Por tradición, lugareños y foráneos han visto a esta provincia amazónica solo con propósitos de ganadería o minería. Incluso, según Quishpe, hoy el 50% del territorio está tomado por concesiones mineras, el otro 40% corresponde a áreas protegidas y el 10% está poblado

Pero se busca cambiar esa realidad. Ha protestado a escala nacional e internamente motiva a la gente a identificarse con los Territorios de Producción Limpia (TPLs).

Le mueve esa convicción de que Zamora Chinchipe es una “provincia verde llena de vida. No es solo un escenario bonito para el turismo, fuentes de agua e investigación científica por sus ríos, cascadas, bosques frondosos y abundante biodiversidad. También da dignidad y reinvindica a sus habitantes”.

Insiste que “es cuestión de abrir los ojos y descubrir la riqueza natural que se tiene, que no solo se trata de “fincas feas que ni siquiera sirven para criar ganado”.

Y el ejemplo lo pone desde casa. Aunque su esposa Alba Vacacela no estuvo de acuerdo al inicio, él adquirió un terreno muy empinado, un soltadero de ganado, en Yaculoma. 

Ese potrero feo de hace cinco años, hoy está cubierto con árboles de guabas, plantas de cacao, orquídeas… Tiene sinuosos senderos que ascienden hacia el bosque, donde hasta se puede ver monos, aves y una panorámica envidiable del paisaje amazónico. Piensa allí adecuar un jardín botánico. 

Su discurso práctico va calando y hoy ya son alrededor de 500 familiares que tienen sus huertos orgánicos. Con estos abastecen al consumo propio y el excedente, sobre todo verduras, lo venden en ferias como la de Cumbaratza, cada sábado.

Se suma la producción piscícola con trucha y tilapia, además de la cría de pollos, cuyes y de bovinos. Pero siempre buscando reducir la extensión de los pastizales y de reforestar las áreas degradadas, sobre todo con cultivos orgánicos de café y cacao para exportar.

Esa conversión no fue fácil ni rápida. En el camino, la gente se dio cuenta que, por ejemplo, “los alevines de tilapia se mueren si les ponen en agua contaminada con excremento de ganado. Aprendió hacer bebederos para el ganado y cuidar las fuentes”.

Para eso tienen el acompañamiento de técnicos de la empresa pública de Fomento Agropecuario y Productivo de Zamora Chinchipe (Agropzachin). Por ejemplo, Lenin Moreno (homónimo del Presidente de Ecuador) es quien los asesora en la crianza de tilapia. 

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Leonardo Zúñiga cosecha cacao en su huerto familiar en el barrio Los Hachos, cantón Yantzaza. (Foto: Carlos Medina)

Entre corredores naturales y ecoturismo

Las áreas protegidas que existen en Zamora Chinchipe están aisladas entre si, sobre todo por pastizales y fincas.

Esto genera un serio problema de genética para el patrimonio faunístico con el pasar del tiempo, advierten los técnicos. Los tapires, por ejemplo, se están apareando entre parientes al no poder cruzar de una hacia otra área protegida. 

Entonces, el reto es reconectar estas áreas como el Parque Nacional Podocarpus y la Reserva Municipal Yacuambi o también con la Amuicha Entsa (Agua Eterna).

En este proyecto, el paso inicial es socializar y hacer atender a los dueños que sus tierras  no se conviertan en áreas protegidas. Además, que de ellos depende recuperar o repoblar sus fincas con bosques de laurel, guararo, caoba, cedro, yumbingue, chonta y otros. Eso permitirá el libre transitar de mamíferos como tapir, oso de anteojos y más.

El otro reto es dejar de asustar a los animales. “Aunque ahora es menos, todo mundo se creía cazador y salía con carabinas a atrapar yamalas, guantas, aves y más”, se lamenta Quishpe.

Pero no se trata de un simple regalar de plantas. Para que el beneficiario aprenda a valorar, él y su familia acuden al vivero de la Prefectura para alistar las fundas donde se depositan las semillas, cuidan las plántulas para injertarlas y las trasplantan. 

Esta iniciativa surgió de una visita en el 2011 del Prefecto a Guatemala, donde conoció los corredores de conectividad en las fincas privadas con plantaciones de café.

De la mano también se encamina un componente especial y es el aprovechamiento de los atractivos naturales y las tradiciones de la gente. 

Hoy se fortalecen cinco rutas, con sus respectivos circuitos. Una de ellas es la Tara Nunka que va desde Yantzaza hacia El Pangui e incluye recorridos en canoa por el circuito Los Guayacanes, paseo en ranchera y caminata hacia las cuevas de Chicaña.

Despiertan especial curiosidad de ir a conocer la parroquia Tutupali (cantón Yacuambi) por su Ruta de la Begonia, y a San Vicente de Caney (cantón Yantzaza) con su Ruta de Balcones y Jardines Floridos.

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La chonta es uno de los principales frutos de la selva amazónica. Sus habitantes lo consumo como alimento y preparación de bebida (chicha) (Foto: Carlos Medina)

A la par se fortalecen la lengua, cultura y tradiciones de los pueblos shuar y kichwa-saraguro. En este contexto se impulsan actividades como el Festival de Lenguas Nativas, con canto en leguas ancestrales. 

Y la vitrina mayor para todo este proceso es el Festival Pachamama Raymi, considerado la fiesta intercultural más importante del sur de Ecuador.

En su octava edición, entre el 26 y 28 de abril, incluirá eventos como la Tercera Feria del Cacao y de Orquídeas. Además, habrá un día dedicado a la soberanía y seguridad alimentaria. Y el gran cierre será con un reencuentro y almuerzo comunitario para unas 5.000 personas.

Así es como Zamora Chinchipe y su gente valora cada vez más su territorio, lo defiende, lo vive y lo promociona. De a poco vencen a ese estigma de que es una tierra que solo sirve para criar ganado y para fracturarla con la minería.

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El Alto Nangaritza o Mura Nunka-Etsa Jiniarma (montañas alta donde nace el agua, en shuar). Los atractivos naturales son la principal fuente del ecoturismo. (Foto: Carlos Medina)

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Rosario Ware es la abuelita shuar que le ‘desafía’ a una gigante minera en Ecuador

Rosario Wari Vale
Rosario Ware se niega a dejar sus tierras en el valle de Tundayme, al sur de Zamora Chinchipe. Por eso, ahora la consideran un símbolo de la resistencia antiminera. (Fotos: Jaime Plaza)

Zamora Chinchipe. s de 100 años. Esa edad es la que le calculan sus hijos y nietos. Ella es Rosario Ware, la más anciana del Centro Shuar Ijizam, y hoy la única mujer que se aferra a su territorio ancestral. Resiste o quizá ‘desafía’ la arremetida de una gigante minera en lo que antes eran sus tierras.

La habían desalojado cargándola en una camilla. En el 2014, junto con su familia, fue obligada a dejar su casa de pambil (una de las especies de palma amazónica) y madera, sus ajas (huertos) y su campo en el valle de Tundayme, sur de Zamora Chinchipe.

Igual como lo hicieron con centenares de familias en otras comunidades indígenas y de colonos, a las del Centro Ijizam las desplazaron y con tractores destruyeron las casas donde vivían.

Y así dejaron libre el paso a la minera Ecuacorriente (Ecsa) para que ejecute su megaproyecto Mirador.

A Rosario Ware la llevaron a refugiarse en una casa arrendada en el centro de El Pangui por María Isabel, una de sus siete hijos.

Pero la abuelita, como la tratan su familia y los comuneros, no se sintió bien en ese mundo tan extraño para ella. Tres intentos de volver a su terruño había hecho por cuenta propia, en uno de ellos hasta salió cargando sus sábanas, cobija y ropa. 

Hasta que, ante el riesgo de que sufra algún accidente o que se perdiera en sus intentos, sus nietas Alicia y Raquel Mashendo llegaron en una camioneta alquilada a dejarla donde la visitamos el sábado 3 de marzo. 

Pero ya no en Ijizam, porque ahora allá ya no se puede entrar. Todo esta resguardado con fuerte seguridad privada y se encuentra ocupado por un campamento, además de decenas de gigantes palas mecánicas que rasgan ese valle verde que antes era Mirador, en plena Cordillera del Cóndor.

Casa abuelita
Unos 150 metros más abajo de la casa donde ahora vive Rosario Ware, dos palas mecánicas movían piedras gigantes del lecho del río Kimi.

Ahora la abuelita Rosario vive en la otra ribera del río Kimi, unos tres kilómetros más al sur de Tundayme, el centro poblado más cercano. Allí, su hijo Mariano Mashento, de 64 años, se asentó hace unos 10 años, desde cuando era jornalero en una finca ganadera del sector. 

Él asegura que la casa y sus ajas están en un terreno que era del Ejército y que tampoco constaría en los linderos de lo adquirido por la minera. Que por eso, pese a que el 7 de enero del 2016 los visitó gente de Ecsa para advertirles que se vayan, no lo han desalojado. Aparte que ha recibido el apoyo de dirigentes y más personas. 

Cada 8 o 15 días, el hombre lleva a vender guineos y otros productos a Tundayme. Con ese dinero, compra sal, manteca y de vez en cuando arroz. A El Pangui suele irse cada tres meses para aprovisionarse de medicinas para dolores reumáticos y cólicos, además de ropa y botas.

Sin embargo, siempre camina con precaución ante el miedo de ser desalojado. No se olvida de cómo, en el 2014, les obligaron a salir y destruyeron sus casas. Igual como ocurrió con las viviendas, escuelas e iglesias de otras comunidades como San Marcos.

Policías, militares y personal de la minera usaron la fuerza y gas lacrimógeno para sacar  a los habitantes de la zona. Los dirigentes shuar denuncian tres líderes asesinados y al menos 70 procesados.

A José Tendetza lo encontraro muerto, con sus manos y pies atados flotando en el río Chuchumbletza, en Zamora Chinchipe, el 3 de diciembre del 2014.

Un año antes, el 7 de noviembre del 2013, Freddy Taish falleció en un operativo militar, que había empezado con una requisa de dragas en la comunidad de Campanak Ets. Antes, en el 2009, murió Bosco Wisuma en el puente sobre el río Upano (Macas), en una movilización que defendía el agua.

Hablando en su esencia más pura del shuar (lengua ancestral que heredó de sus antepasados), Rosario Ware se lamenta porque ahora todo está destruido donde antes vivía. Su nieta Alicia Mashendo hace de traductora.

Igual siente pena por la contaminación del río Kimi, donde antes incluso iban de pesca. En medio de un estruendo continuo y a unos 150 metros de ahora habita, dos grandes palas mecánicas arrancaban las piedras del lecho y las apilaban en la orilla derecha.

El manto verde empieza a desaparecer en Tundayme

Proyecto Mirador
El sábado 3 de marzo, volvimos ocho años después y pudimos constatar que el colchón verde desapareció del valle de Tundayme con la primera remoción de tierras. (Foto: Jaime Plaza)

Palas mecánicas, tractores y grandes volquetas están en un constante ir y venir. El gran manto verde que encontramos hace ocho años en la planicie de Tundayme, hoy empieza a ser borrado abrúptamente.

El sábado 3 de marzo, pudimos constatar que habían comenzado los primeros movimientos para la construcción de la mina en el Proyecto Mirador. Por ahora, en la gran planicie, la maquinaria pesada remueve la tierra para construir las piscinas de lavado del material que se extraerá.

En su página web, el Ministerio de Minería de Ecuador informa que será una extracción a cielo abierto (se hará un cráter gigante) Durante 27 años, se sacarán reservas de 2,96 millones de toneladas de cobre; 26,08 millones de onzas troy de plata; y 3,22 millones de onzas troy de oro.

Un poco más al sur, en Los Encuentros, cantón Yantzaza, está el otro megaproyecto: Fruta del Norte. Es una concesión de Lundin Gold (Aurelian Ecuador S.A.) y en 13 años, bajo el sistema de mina subterránea, prevé extraer 4,82 millones onzas troy de oro y 6,34 millones onzas troy de plata. Ahora está en la fase explotación, con la construcción de obras tempranas.

La presencia del proyecto Mirador también ha generado mayor presión de asentamientos humanos. Por ejemplo, el poblado Tundayme, a una hora y media en auto desde la capital provincial, ha crecido en número de casas y sobre todo abundan las mecánicas para el arreglo de volquetas.

El tránsito de vehiculos pesados, buses, camionetas y autos es intenso por carreteras asfaltadas y vías de lastre que conducen hacia el lugar. Pancartas escritas en español y en chino sobre medidas de seguridad y advertencias como ‘Propiedad Privada’ están a la vista.

Intentar acercarse a las instalaciones de la minera es una misión de ‘riesgo’. En puntos estratégicos hay guardias de seguridad privada en retenes o en vehículos. Apenas advierten la presencia de algún ‘extraño’, lo abordan de una forma intimidante, pues así lo hicieron con nosotros.

No obstante, igual es fácil observar las grandes estructuras y naves levantadas por la empresa minera en el costado norte del valle de Tundayme.

Tundayme Zamora Chinchipe (42)
Pancartas en español y en chino sobre medidas de seguridad y letreros con leyendas como ‘Propiedad Privada’ están a la vista. (Foto: Carlos Medina)

Un ejemplo de resistencia 

Abuelita shuar 2
Alimentándose con maito y yuca, su comida tradicional.

Sentada sobre su cama, la mujer shuar con agrado comía maito (pescado y palmito, envueltos en hoja de bijao y cocinados al vapor) y yuca. Ese bocado tradicional la brindaron sus familiares y comuneros que llegaron en el transcurso de la mañana. 

Unos y otros acudieron para expresar su respaldo a la abuelita Rosario. Pues ahora a ella la ven como “un ejemplo de lucha y resistencia”. Así lo expresó el prefecto de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe, quien acudió junto a familiares de la mujer, autoridades provinciales como la viceprefecta Karla Reátegui, dirigentes indígenas, comuneros y más personas.

En una minga comunitaria, jóvenes y adultos, hombres y mujeres adecentaron la entrada empinada desde un camino de lastre hacia la casa. Quishpe, con barreta en mano ayudó a abrir una suerte de gradas. Luego con un pico, limpió una acequia para que corra el agua lluvia.

Chicha y ayanpaco
En la minga, un grupo de mujeres y hombres preparó y brindó los tradicionales maito, ayampaco y chicha.
Abuelita 3
Salvador Quishpe participó en la minga comunitaria para adecentar la entrada a la casa de Rosario Ware.
Mariano
Mariano Mashento, de 64 años e hijo de Rosario Ware, indica el sector donde antes estaba su comunidad.

A su edad, Rosario Ware insiste que nada la ahuyentará del valle donde ella creció y vio crecer a sus hijos y nietos. Aún más ahora que podrá vivir en su casa con características shuar, que la ayudaron a arreglar mediante la minga comunitaria del sábado 3 de marzo.

Allí, junto a su hijo Mariano Mashento, seguirá resistiendo con esa dignidad de mujer y ser humano ante el permanente riesgo de ser desalojada. El Estado ecuatoriano, las autoridades de Zamora Chinchipe, los dirigentes indígenas, los comuneros, su familia… todos estamos con una gran deuda pendiente ante ella.

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A Rosario Ware, hoy la miran como un ejemplo de resistencia. El sábado 3 de marzo, recibió la visita de sus familiares.