Las manos aliadas para supervivir confinados por el coronavirus

Las familias de Ucumari, cantón Nabón (Azuay), se juntan en minga para la cosecha. Foto: Archivo / Jaime Plaza

ECUADOR. Hortalizas, legumbres, maíz, papa, yuca, banano, frutas, granos… Esos y más frutos no han faltado en las mesas de miles de familias ecuatorianas, sobre todo de aquellas que se refugian temerosas en las urbes ante el avance incontrolable del nuevo coronavirus.

Mientras todos estamos confinados, ellos se ingenian modos para esquivar el riesgo de contagio y se afanan en cuidar sus huertos y cultivos, plantados en los diversos parajes de la Costa, Sierra y Amazonía. Así lo hacen durante la Emgencia Sanitaria, igual como lo han hecho desde siempre.

En este ‘interminable’ confinamiento por la Covid-19, sobre todo en las primeras semanas, estuvieron entre los que más abastecieron la demanda de alimentos. Así la mirada se volvió hacia los campos y se valore la verdadera importancia como proveedor de alimentos.

Lo hicieron desde diferentes frentes, como iniciativas individuales o en grupos, con el apoyo de programas y organizaciones.

Mujeres y hombres ofrecen los productos que cosechan en sus huertos urbanos agroecológicos. Fotos 2, 3, 4 y 5: Cortesía Conquito

Uno de esos ejemplos constituyen los huertos urbanos y familiares, impulsados por el Proyecto de Agricultura Urbana Participativa (Agrupar) del Municipio de Quito. Aunque están productivos desde hace varios años, esta propuesta se visibilizó durante la Emergencia Sanitaria, declarada desde el 17 de marzo, y los vecinos son los principales compradores.

Pablo Garófalo, experto del Proyecto Agrupar de Conquito, resaltó que la prioridad es el autoabastecimiento de alimentos para cada familia, vecinos y el barrio. “Por temas de movilización se ha atendido poco a la ciudadanía. Pero en algunos sectores, aunque en pequeñas cantidades, sí se logró entregar canastas a domicilio”. Mantienen los precios y la presentación como productos agroecológicos, que le da un valor agregado al tradicional.

El excedente también se oferta mediante mecanismos como la canasta popular de Agrokawsay de la Prefectura del Azuay, trueques (el randi randi o dando y dando con intercambio de productos, bajo el principio de reciprocidad) y donaciones. Como estrategia, se adquieren los productos componentes del canasto en los propios lugares de producción. Así abasteció con 22.000 canastas agroecológicas, compuestas por 20 productos, y 26.000 canastas solidarias hasta el 15 de mayo.

Dolores Morocho, integrante de la Asociación San Juan Bautista del cantón Nabón (sur de la provincia del Azuay, en el Austro ecuatoriano), no solo vendió más a sus vecinos, sino que también envía sus productos agroecológicos a la Megatienda, de Cuenca.

En cambio, el Programa Pequeñas Donaciones de Ecuador optó por acudir, mediante ‘proyectos ágiles’, en ayuda de 7.472 familias de las organizaciones comunitarias y pueblos de nacionalidades indígenas. Anamaría Varea, coordinadora del Programa, se contactaron con las familias y dirigentes para conocer en qué condiciones estaban y qué necesidades atender en la Emergencia Sanitaria. Se asignaron un fondo de hasta 5.000 dólares para contribuir a los planes comunitarios frente a la emergencia sanitaria, además de entregarles semillas e insumos para fortalecer sus huertos y parcelas agroecológicos.

Se priorizó la soberanía alimentaria del núcleo familiar, reforzando la agricultura agroecológica, y la comercialización de los excedentes de su producción. Para eso se les dotó de mascarillas, trajes antifluidos y guantes, sobre todo para que la entrega de canastas agroecológicas se haga con todas las seguridades sanitarias o de asepsia que exige el comprador para evitar el riesgo de contagio con la Covid-19.

Además, identificaron a grupos vulnerables, como familias con personas con discapacidades, enfermedades catastróficas y de la tercera edad para ayudarles con kits de alimentos.

No solo desde ahora ante la Emergencia Sanitaria que afrontamos los ecuatorianos, estas y otras propuestas se volvieron las manos aliadas para miles de familias. Son el resultado de procesos persistentes y que hoy pueden ser tomados como ejemplo en cada hogar como fuentes proveedoras de alimentos.

los huertos urbanos de quito

Rosa Ramírez muestra con orgullo lo que producen los huertos urbanos.

El Proyecto de Agricultura Urbana Participativa está en los diferentes barrios de Quito desde hace casi dos décadas. Hoy son alrededor de 1.400 iniciativas de personas, familias urbanas, periurbanas y rurales, y asociaciones barriales.

En estos huertos urbanos y familiares se cultivan hortalizas como lechuga, col, rábano, apio, albaca, brócoli, acelga, pepinillo, zuquini, y otros, además de frutas como mora, frutillas, babaco, tomate de árbol… hierbas medicinales como manzanilla, hierba luisa, orégano y más.

Aprovechan todo espacio posible para plantar sus huertos: terrazas, balcones, patios y pequeños terrenos aledaños a sus viviendas.

Varios hogares complementan la oferta con animales menores como gallinas, pollos, codornices, cuyes, conejos y trucha. También se incluye alimentos como encurtidos, mermeladas, granolas, quesos, pan, entre otros.

Su valor agregado radica en la agricultura, cuyos cultivos se nutren con abono orgánica. Por eso en el 2017, esta iniciativa de Quito fue galardonada con el Premio ‘Impulso por el Cambio’, que entrega Naciones Unidas, a través de Momentum For Change, a las soluciones ejemplares de desarrollo sostenible en el desafío al cambio climático.

Por una agricultura amigable

En plena siembra en la comunidad caluquí, cantón Otavalo, en Imbabura. Fotos: PPDEcuador

Trabajan en equipo y cobijados por asociaciones, poniendo en práctica la agricultura amigable con la naturaleza, a través de una propuesta agroecológica y agroforestal.

El Programa de Pequeñas Donaciones Ecuador (PPDEcuador) es encaminada por el Fondo para el Medioambiente Mundial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Prioriza a los sectores indígenas y campesinas, que están organizados y están comprometidos con la conservación de la biodiversidad.

Según Anamaría Varea, el trabajo se enfoca en la propuesta de biocorredores del buen vivir, es decir no solo se trata de mantener una producción sostenible sino también de cuidar los ecosistemas frágiles como los páramos en la Sierra, la selva en la Amazonía y los manglares en la Costa.

Desde el PPDEcuador, se asignan hasta 50.000 dólares y un monto similar de cofinanciamiento, además de implementar sus bancos de semillas, por cada unidad de biocorredor. Esta es considerada como un refugio de vida silvestre y cuidada por varias organizaciones que trabajan a través de un comité de gestión.

Mediante motivadores comunitarios, se incentiva el retorno a la producción en las huertas familiares, en las chacras o las fincas. El tipo de productos depende de la región y son sobre todo de ciclo corto.

Las frutas y más productos de ciclo corto.

Involucra a comunidades campesinas y pueblos indígenas, agrupadas en redes. Está, por ejemplo, la Red de Economía Solidaria y Soberanía Alimentaria del Territorio Kayambi (RESSAK), en el cantón Cayambe, provincia de Pichincha, que abarca a 270 familias.

Desde el PPDEcuador se da la asistencia de equipos técnicos, acompañamiento y monitoreo a los procesos de producción y fortalecimiento de las capacidades de las organizaciones.

También apoyan para lograr alianzas estratégicas con los municipios y otros aliados estratégicos como las universidades. Ahora en la fase operativa 7, por ejemplo, se trabajará con las comunidades vinculadas al programa Socio Bosque, del Ministerio del Ambiente, para respaldar sus bioemprendimientos.                  

Productos limpios de nabón y más

Agricultores de Ucumari, en Nabón, en plena cosecha de cebada. Fotos: Jaime Plaza

Las familias del cantón Nabón, al sur de la provincia de Azuay, también están empeñados en los cultivos orgánicos. Siembran hortalizas lechuga, brócoli, remolacha, zanahoria y frutas como tomate, mora y fresas.

En sectores como Ucumari, sus habitantes también siembran cebada, maíz y hasta café orgánico en la zona baja.

La cosecha del café orgánico en Ucumari, occidente de Nabón.

Están bajo el proyecto Nabón Productos Limpios, que incentiva a la producción agroecológica y es encaminado desde la segunda administración de la  alcaldesa Magali Quezada (2014-2019). Hoy engloba a más de 45 agricultores de ocho asociaciones.

No muy lejos de ahí, en Zamora Chinchipe, provincia del sur de la Amazonía, están los huertos orgánicos que, en la administración del anterior prefecto Salvador Quishpe, fueron cobijados por el proyecto ‘Territorios de Producción Limpia’. Acogió a cerca de 500 familias, que producen para consumo propio y para la venta, además buscando reducir los pastizales y de reforestar las áreas degradadas con cultivos de café y cacao.

Así desde la Costa, la Sierra o la Amazonía, los pequeños productores, agricultores y campesinos se convirtieron en la gran mano aliada para resistir el confinamiento, en especial con el abasto de alimentos desde sus huertas y campos. Hoy son el ejemplo a seguir en el afán de contar con productos propios para la subsistencia alimenticia.

Igual que ahora, en tiempos normales, en mercados de la Amazonía, como el del cantón Yanzatza, se podía encontrar yuca, verde, papaya y mucho más.

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