Una sentencia ‘precedente’ para proteger a los pueblos indígenas en aislamiento

Por el ataque y matanza a una familias indígenas en aislamiento, 10 waorani fueron sentenciados bajo una visión de interculturalidad. Fotos: Fiscalía General del Estado

El hecho mismo de que ya exista una sentencia condenatoria marca un precedente. Así lo consideran algunos entendidos en el tema sobre la sentencia de un Tribunal Penal contra 10 indígenas waorani por el ataque a familias en aislamiento de la Amazonía ecuatoriana, ocurrido el 30 de marzo del 2013.

En ese entonces, 17 waorani se encaminaron selva adentro hasta un asentamiento (casa que la estuvieron construyendo) de un grupo indígena en aislamiento. Este último sería parte de los tagaeri – taromenane, que superviven en el Parque Nacional Yasuní y están al borde del exterminio por diversas formas de presión, entre estas la extracción petrolera.

Los waorani atacaron con armas de fuego, provocando una matanza, sobre todo de mujeres y niños (serían más de 20 las víctimas). Además, trasladaron a la fuerza a dos niñas (en ese entonces de 7 y 9 años), quienes hoy viven en comunidades waorani.

El 5 de marzo del 2013, dos ancianos waorani, Ompure y su esposa Buganey, murieron lanceados en la chakra cerca de su casa. De allí que el ataque fue en cumplimiento de una tradición de venganza por esas dos muertes.

Todo lo antes anotado es con base a los testimonios de los hoy sentenciados, incluso a fotografías por ellos mismo captadas en el sitio donde ocurrió el ataque.

En audiencia pública en Pompeya, una comunidad de la provincia amazónica de Orellana, los jueces de la provincia amazónica de Orellana anunciaron su resolución. Acudieron 11 de los 17 acusados (uno fue absuelto). Queda pendiente la presentación de otros seis imputados.

La sentencia (leída en español y waoterero –lengua waorani-)

  • 200 horas de trabajo comunitario por año, durante cuatro años, en las comunidades cercanas a sus casas.
  •  La construcción de chakras y casas tradicionales waorani.
  • Una fiesta cultural waorani en una comunidad que será escogida por la Comisión encargada de hacer seguimiento de la sentencia.
  • Que se oficie –previo a la fiesta- a la Secretaría de Derechos Humanos para que realice una inducción de derechos humanos, en especial el derecho a la vida.

Un comunicado de prensa de la Fiscalía General del Estado explica que los jueces resolvieron que se trata de un homicidio, delito tipificado en el Artículo 449 del Código Penal anterior y 144 del vigente Código Orgánico Integral Penal (COIP). Pero el Tribunal Penal, acogiéndose a principios de interculturalidad, “dispuso una pena conforme a la cosmovisión indígena, previa coordinación con ancianos waorani”.

Según la Fiscalía, esta sentencia “se encuentra estipulada en los principios de interculturalidad, contenidos en la Constitución de la República, Código Orgánico de la Función Judicial, Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales…”.

El Estado ecuatoriano, en deuda

Esta es la primera sentencia sobre estos casos y es un avance. ¡Al fin una sentencia tras seis años de lo ocurrido, después de tantas dilataciones! Si es suficiente o no, fluirán diversas posiciones, hasta algunas polémicas. Lo cierto es que es un ‘lavado de manos’ del Estado ecuatoriano frente a una matanza.

Por un lado, están los waorani que no logran entender la justicia occidental, cuyas aspiraciones sería que no existiese sentencia. Para otros que lo ven desde el punto de vista occidental sin entender las particularidades de la cultura waorani, querrían que se aplique lo estipulado en la ley sobre el homicidio.

La lectura de Eduardo Pichilingue, ecólogo y defensor de los pueblos en aislamiento, es que “primero se reconoce que hay un delito cometido, pero se logra una sentencia alternativa a la cárcel. En términos generales se marca un antes y un después. Pudo ser más tiempo de trabajo comunitario y más específico en su aplicación”.

Lo negativo del juicio y de la sentencia –así lo mira Pichilingue- es que “no hayan considerado otros responsables como funcionarios de la empresa petrolera y del Estado que, por acción u omisión, tuvieron responsabilidad en lo que sucedió. Este ataque ocurrió dentro de un bloque petrolero, a pocos metros de la vía Maxus, una carretera petrolera, y ni se pararon las actividades como se ha dicho tantas veces”.

Tampoco se consideró la denuncia del Vicariato de Aguarico y la Fundación Alejandro Labaka sobre que hubo conocimiento de parte de funcionarios del Estado y de la petrolera de que iba a darse el ataque en venganza.  Incluso se denunció que los waorani organizaron tres expediciones al interior de la selva.  “Todas esas cosas no fueron investigadas. Hubiese sido bueno que también se dé un proceso penal al respecto”, se lamenta Pichilingue.

La casa de las familias en aislamiento voluntario, ocho meses después del ataque del 30 de marzo del 2013.

Milagros Aguirre, en su artículo de opinión ‘La cereza del pastel’ (publicado este jueves 22 de agosto en Diario El Comercio), hace una dura crítica al considerar que esta sentencia es una “lavado de manos” del Estado ecuatoriano “disfrazada de sentencia con aplicación de principios de interculturalidad, sin que nadie diga ni pío”.

La articulista insiste que judicializaron a los waorani en un sistema nada intercultural. “Separaron a las niñas. Mandaron a la cárcel a unos atacantes (a otros no) y les acusaron de algo que no podían entender (genocidio)… Luego de años de dar palos de ciego (y de gastar recursos), pusieron un traductor waorani para simular el cumplimiento de un derecho fundamental. Finalmente un tribunal los condenó como culpables, pero le dejó la responsabilidad de la sentencia a otros: a un grupo de ancianos waorani…”.

Para Vannesa Barham, experta en pueblos indígenas, esta resolución del Tribunal Penal demuestra que “el Estado ecuatoriano no tiene otro tipo de lecturas frente a estos casos. Carece de soluciones diferentes a las penales, es decir solo es punitivo”.

José Proaño, Director para América Latina de Land is Life, agrega que “tratarles como responsables de un crimen resulta una visión muy limitada ante una situación de interculturalidad”. Además, que una verdadera reparación del conflicto en la zona, por ejemplo, debió apuntar a definir la situación de las niñas. “Más allá de tenerlas bajo el Sistema estatal de Protección a las Víctimas como testigos protegidos, más bien debería proponer su reunificación o, al menos, un reencuentro y a futuro sean ellas quienes  decidan estar juntas”.

En definitiva, no existe tal protección para estos pueblos, a pesar de que está delimitada una Zona Intangible (intocable desde el exterior) y hasta un Plan de Medidas Cautelares desde el 2007, que,  entre otras cosas, debería buscar acuerdos de protección con las organizaciones y comunidades waorani y kichwa, asentadas también en estos territorios dentro del Yasuní y en sus goteras.

Peor aún frente a un reciente Decreto (751) y dos licencias ambientales, otorgadas por el Ministerio del Ambiente. Estos dan luz verde para la explotación en dos bloques petroleros en zonas donde se ha advertido presencia de estos grupos en aislamiento.

Los defensores de los tagaeri – taromenane temen que sigan ocurriendo encuentros violentos entre estos indígenas aislados con los waorani y gente externa, que llega a estas zonas movida por la explotación de petróleo.

La audiencia pública donde se hizo conocer la resolución del Tribunal de Garantías Penales fue en la comunidad de Pompeya.

La Amazonía revitaliza las aspiraciones de su gente y por su naturaleza

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La Ley Amazónica apunta a promover el desarrollo de los habitantes de esta región de Ecuador. Fotos: Jaime Plaza

Ley Amazónica. Que las provincias que aún no las tienen también cuenten con su propia universidad. Esa es una de las mayores aspiraciones de la Amazonía como región.

Así lo resolvieron a una sola vez, durante la IX Cumbre Amazónica, que se realizó en Zamora Chinchipe, en septiembre pasado. 

A viva voz, las respectivas delegaciones exigieron la creación de universidades en Zamora Chinchipe, Sucumbíos, Morona Santiago y Orellana. Además, que estos centros de educación superior sean incluidos dentro de la investigación de los proyectos productivos que ejecutan los gobiernos amazónicos y ministerios competentes.

Por eso, Salvador Quishpe, prefecto de Zamora Chinchipe, y los miembros del Consejo de Planificación de la Mancomunidad de Gobiernos Autónomos Provinciales de la Amazonía (CONGA) encaminan las gestiones. En estos días se reunieron en Quito con autoridades de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt).  

Freno al extractivismo 

Otra de las resoluciones es sobre la urgencia de superar el extractivismo. Que el Estado no entregue más concesiones mineras y petroleras, y se revise la legalidad de las existentes. A cambio, se incentive una desarrollo amigable con su selva y sus ríos.

Estas son dos de las 36 resoluciones a las que llegó la IX Cumbre Amazónica. Acudieron autoridades como prefectos, alcaldes y asambleístas, líderes indígenas, presidentes de juntas parroquiales, representaciones de organizaciones y más para plantear sus propuestas que les permita pone en práctica la Ley Amazónica.

Se trata de una ley orgánica, promulgada por la Asamblea Nacional, para la planificación integral de la región amazónica de Ecuador. De allí que las 36 resoluciones se engloban en grandes ejes como el respeto al medioambiente.

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Salvador Quishpe, en su condición de presidente de la CONGA, lideró esta cita. La misma fue considerada el espacio para reflexionar e instaurar un tercer momento en la historia de esta región: el de “salvar a la Amazonía. En un primer momento la vieron como un mito y luego como la caja fuerte para el agarra lo que puedas”.

Líderes como Marlon Vargas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae), insistió que la ley también sea para los pueblos nativos y se remedien los daños ambientales provocados en sus territorios por el extractivismo.

Al respecto, la resolución 6 establece reducir, paulatinamente, las actividades extractivistas y promover la inversión en bioeconomía, como base de la economía amazónica. Pero que eso implica que el Estado ya no entregue más concesiones mineras y petroleras y que se revise la legalidad de las existentes.

A la vez resolvieron apoyar en forma irrestricta la defensa de los recursos hídricos de Sucumbíos, en especial a la comunidad Sinangoe, y de toda la Amazonía ecuatoriana.

Otra resolución determinante es que se declare en emergencia a la Troncal Amazónica. Esa es una exigencia para el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, cuya atrención permita mejorar la comunicación con el resto del país.

Con esta misión, las diferentes delegaciones de las seis provincias marcharon por las principales calles de Zamora y luego se concentraron por más de cuatro horas en el coliseo de la Unidad Educativa Luis Felipe Borja del Alcázar.

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La población de Sucumbíos, Orellana, Zamora Chinchipe y Morona Santiago exigen la creación de universidades en sus respectivas provincias.

 

Río Blanco venció a la minería que carcome a su gente y a los páramos de Ecuador

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Los habitantes de Molleturo y otras comunidades se apostaron junto a la Corte de Justicia del Azuay para exigir la suspensión del proyecto minero Río Blanco. (Foto: Jaime Plaza)

Río Blanco es hoy, sin lugar a dudas, un auténtico referente para quienes luchan contra la minería en defensa del agua y de los páramos de Ecuador. Pues es inapelable y  marca un precedente histórico no solo para los territorios de pueblos indígenas de Ecuador sino de, al menos, el hemisferio todo.

Constituye una gran inyección de ánimos para quienes defienden a Quimsacocha (Cuenca), Cerro El Mozo (cantón Nabón), Íntag (Imbabura), entre otros. La mayor razón de su lucha es la defensa de sus ‘fábricas naturales de agua’, pues cada sitio constituye la fuente de agua para consumo humano y para riego, además de ser refugio de una biodiversidad especial.

En una sentencia de magnitud, la justicia ecuatoriana no solo suspende (sentencia en primera instancia) sino que prohíbe (sentencia definitiva) la minería en la zona de Río Blanco. 

Es una concesión que incluyen 5.708 hectáreas de la parroquia Molleturo, occidente de la provincia del Azuay. Allí la empresa Ecuagoldmining South America busca oro y lo hará durante 11 años.

Igual que el resto de proyectos mineros, el proyecto de Río Blanco provocó graves impactos sociales, como enfrentamientos entre habitantes de una misma comunidad, causando fractura de la sociedad. El hijo trabaja en la minera a la que la defiende contra el padre que lucha por el agua, igual ocurre con hermanos, familiares y vecinos.

A eso se suma la contaminación ambiental y las afectaciones a las fuentes de agua. Pues este proyecto está dentro del Bosque Protector Molleturo-Mollepongo y el Área de Amortiguamiento del Parque Nacional Cajas. Pero abrieron vías en humedales y páramos. Lo peor, según el Municipio de Cuenca, en Río Blanco desecaron la laguna Cruzloma.

Esto hizo que la gente de esta zona se oponga en una lucha desde el 2002. En ese proceso, los comuneros fueron víctimas de atropellos a sus derechos, libertades y garantías constitucionales. Ocurrieron agresiones verbales y físicas, incluso retenciones arbitrarias con desplazamientos de elementos del Ejército y de la Policía.

Una minga por Río Blanco

Desde el inicio mismo y hasta el 2010, navegaron contracorriente, sobre todo con el expresidente Rafael Correa, que en las sabatinas y cada que quería les tildaba de “retrógrados y atrasapueblos que se oponían al desarrollo”.

En el primer tramo de la lucha estuvieron únicamente las comunidades. Pero poco a poco ganaron fuerza entre los cuencanos y azuayos.

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Los defensores del agua estuvieron en reiteradas ocasiones en Río Blanco haciendo escuchar su voz de protesta contra el extractivismo minero.

Avanzado el duro trayecto de Río Blanco, organizaciones, sacerdotes como el obispo de Cuenca, Marcos Pérez, y abogados de la Universidad del Azuay se hicieron eco de su reclamo.

Igual hubo tres marchas a escala nacional. “La primera un poco fría y ante la indiferencia de la gente y la última, del 2015, con una conexión gigante que se vio el despertar de Cuenca y Quito sobre la necesidad de defender el agua”.

En esta cruzada también se unieron las organizaciones internacionales como CLD, Aministía Internacional, Front Line Defenders y más organizaciones ambientalistas nacionales y del extranjero.

Ganó aún más fuerzas con una acción de medidas cautelares solicitada por la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), junto con la Ecuacurani y la Federación de Organizaciones Indígenas y Campesinas del Azuay (FOA) y las comunidades de Molleturo. Además están los amicus cureae interpuestos a escala nacional e internacional.

Hasta que los comuneros de Molleturo se convirtieron en los protagonistas de una página colmada de historia. El juez Paúl Serrano, con una sentencia de primera instancia, y los jueces Édgar Morocho, Rosa Zhindón y Aura Calderón (con la sentencia definitiva) dieron la razón a sus reclamos.

A esta sentencia, Yaku Pérez, abogado de las comunidades y presidente de la Ecuarunari, le atribuye un grado superlativo y la considera “un homenaje a la lucha de casi dos décadas de gente que pasó por la cárcel, por las Cortes de Justicia, fue asfixiada y hasta secuestrada”. 

Entre Río Blanco y Quimsacocha, hay cerca de 200 personas procesadas. Hasta la fecha, 23 aún están procesadas, ocho de ellas por sabotaje. El propio Yaku Pérez estuvo detenido cinco veces y las enumera, con una especie de orgullo, dentro de su trayectoria en defensa del agua: enero del 2009, mayo del 2010, marzo del 2013, agosto y diciembre del 2015. Aparte que tiene una sentencia por sedición (luego cambió a sabotaje), incluso sentencia de un año por suspensión de servicios públicos.

Pérez insiste que se debe reinvindicar el homenaje a las mujeres, “porque ellas son el alma de la resistencia y la lucha en defensa del agua”.

“A los jueces no agradecerles nada, pero reconocer públicamente porque tuvieron el coraje, perdiendo el miedo, de dictar sentencia favor del agua y de la vida”, enfatiza Pérez.

Claro que aún siguen presionando para que se ejecute la sentencia, ante la demora de quienes tienen que hacerla cumplir.

El 8% del territorio nacional está concesionado para la minería. Solo en la jurisdicción cantonal de Cuenca existen 55 concesiones mineras, según el Municipio cuencano.

Lo que el pueblo ordenó en la Consulta Popular

La defensa del agua, vinculada indefectiblemente a la consulta previa e informada. Ese fue el principal argumento ante los jueces.

De su lado, desde las empresas mineras se aduce que sí hicieron consulta previa. Pero Pérez refuta al asegurar que “hicieron socialización y mal hecha. Pero otra cosa es consulta previa libre e informada, consulta popular y ambiental. Debieron consultar a los “sembradores y criadores del agua que están en los campos. No hay mercados llenos de alimentos sin agua y sin los campesinos que la cuidan”.

Salvador Quishpe, prefecto de Zamora Chinchipe, también insiste que en todos los proyectos mineros que están encaminados no existe la consulta previa.

Esa legitimidad de la consulta previa -resalta Yaku Pérez- se expresó en las urnas durante el Referendo de febrero del 2018. Los jueces, en su sentencia, se respaldaron en que el 67,80% de los habitantes de la parroquia Molleturo votó por el Sí y el 32,20% por el No. (A los ecuatorianos se nos consultó si estamos de acuerdo en enmendar la Constitución para que se prohíba, sin excepción, la minería metálica en todas sus etapas, en áreas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos…).

A eso se sumó otro cuestionamiento serio. Pablo Piedra, del Municipio de Cuenca, advirtió que la Secretaría Nacional del Agua nunca entregó el permiso para que concesionar Río Blanco.

“Eso no es al alzar -lo dice Pérez- Hasta lo imposible se vuelve posible. Antes ser antiextractivista y defensor del agua era un sueño, una utopía…”.

Pero no es cuestión que la minera Ecuagoldmining abandone Río Blanco sino que se responsabilice de la remediación de los daños causados. 

Nabón defiende el cerro El Mozo y sus fuentes de agua

La exigencia en consenso es que se anule la concesión de 1.776 hectáreas entregadas a la empresa Cachabí. El 99% implica al Cerro del Mozo y el Valle de Shincata, el 1% restante corresponde al cantón Oña (Azuay) y Yacuambi (Zamora Chinchipe).

Para las comunidades tiene especial valía, ya que desde El Mozo se alimentan sus sistemas de agua potable y de riego que les permite volver productivos sus áridos suelos. En esta zona nacen 24 ríos y 27 quebradas que forman la subcuenca del río León y la microcuenca del río Shincata.

El temor en Nabón es que con la explotación minera se causarían daños irreversibles para esas fuentes de captación, a los páramos, a la salud de las personas y al medioambiente.

Por eso, la alcaldesa Magali Quezada insistió en la nulidad al proceso de la concesión a Cachabí, ya que “hay una ilegalidad en el procedimiento al no haberse dado una consulta previa del proyecto como exige la ley. Existe una población que exige que no se debe dar la explotación minera en estas zonas de conservación”.

El viernes 13 julio pasado, los comuneros recorrieron la zona de El Mozo para mostrar a las autoridades sobre la riqueza natural que conserva El Mozo, en especial como las fuentes de agua.

En ese recorrido participaron delegaciones de comunidades como Cochapata, Ñamarín, Uduzhapa, Canseco y otras más de Nabón. También llegaron de Oña, Yacuambi, Tutupali y de Molleturo. Se sumaron a la caminata organizaciones como ONU Mujeres.

La alcaldesa Quezada, quien lidera esta lucha en su cantón, reitera la necesidad de dejar sin efecto la concesión en el cerro El Mozo.

Una similar exigencia se impulsa para evitar que la minería también cause daño en los páramos de Quimsacocha, una de las fuentes de captación de agua para Cuenca y más sectores.

Protestas Cuenca
Las mujeres son el alma de la resistencia y la lucha en defensa del agua contra la minería en Ecuador. (Foto: Jaime Plaza)

Kawsak Sacha o Selva Viviente, el desafío por la vida del Pueblo Sarayaku

Dirigentes
Miriam Cisneros, presidenta del Pueblo Sarayaku (de azul), lidera la presentación de la propuesta. (Fotos: Cortesía Casa de la Cultura, núcleo de Pichincha).

A su Kawsak Sacha lo conciben como un ser vivo, sujeto de derechos y dotado de conciencia y dignidad. Esa es la cosmovisión del Pueblo Sarayaku sobre sus territorios.

Esta nacionalidad originaria y asentada en el centro de la Amazonía ecuatoriana presenta al Estado ecuatoriano y al planeta entero la declaratoria de Kawsak Sacha o Selva Viviente como una propuesta de vida.

Cientos de niños, jóvenes, adultos y sabios, mujeres y hombres, dejaron sus casas para trasladarse hasta Quito. Durante cinco días mostraron sus tradiciones y cultura, llegaron con sus tambores y bailes, instalaron pabellones recreando sus hábitats y brindaron con chicha en los tradicionales mukawas (recipientes de cerámica).

Pero sobre todo explicaron a unos y debatieron con otros su plan del pueblo kichwa Sarayaku es preservar y conservar de manera sostenible las 135.000 hectáreas en que ellos habitan. Pero también su relación material y espiritual con la selva viviente y con los seres a los que cobija.

Miriam Cisneros, presidenta del Pueblo Sarayaku, exhortó al Gobierno de Ecuador a reconocer a la propuesta Kawsak Sacha como una categoría de conservación desde los pueblos y nacionalidades originarios de la Amazonía.

El mensaje de la líder sarayaku para el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, es que “los territorios de los pueblos indígenas deben ser administrados de acuerdo con nuestra propia filosofía”. Además, que existen otras formas de desarrollo.

En la propuesta Kawsak Sacha están los planes de vida que incluye:

  • Administración del territorio
  • Salud
  • Fortalecer la educación propia
  • Sabiduría ancestral
  • Fortalecer el emprendimiento comunitario: artesanía, ecoturismo, producción, turismo comunitario controlado…

Una de las mayores insistencias de los líderes sarayaku es que sus territorios queden libres de las actividades extractivas, en especial la explotación petrolera.

Cisneros sentenció que “nosotros no necesitamos que las empresas extractivas vengan a explotar nuestros recursos y que nos dejen con grandes problemas socioambientales, culturales y de enfermedades”. Esto significaría la desaparición misma de estos pueblos.

Una propuesta de vida para un pueblo originario

Hombres
Los líderes sarayaku durante el lanzamiento de la propuesta en Quito.

Transformarlo en realidad a este plan al Pueblo Sarayaku le tomó alrededor de 14 años. Se trata de una nueva ordenza sobre la conservación de territorio y la biodervidad. De allí que la mayor aspiración es legitimarlo.

Este modelo no comulga con el sistema de áreas protegidas y parques nacionales. “Estos han desplazadado a los pueblos indígenas y no son garantes para frenar un proyecto extractivo”, es la convicción de José Gualinga, otro de los líderes sarayaku.

También es visto como un nuevo mecanismo efectivo de conservar estos territorios amazónicos. Pero tampoco está separado de propuestas que puedan generar economías solidarias.

“Es un modelo de vida basado en criterios de riqueza de nuestra cultura. Por ejemplo, la existencia en nuestro territorio de ríos no contaminados y con abundantes peces, la vida en el allyu y la fortaleza de nuestra organización. 

El Kawsak Sacha es donde vivieron nuestros kallari rukukuna (antepasados), apayayas y apamamas (abuelos y abuelas), padres, madres, donde nosotros vivimos, donde vivirán nuestras futuras generaciones y donde permanecerán los seres protectores de la selva y todos los pueblos originarios”.

Este novedoso plan nació en el seno del Pueblo Sarayaku, que fuera reconocido legalmente en 1979. Y en el proceso de su consolidación participaron líderesas como Patricia Gualinga y Nina Gualinga, líderes, yachaks y el acompañamiento de organizaciones como Land is Life.

Mirian Cisneros anticipó que posterior al lanzamiento quieren reunirse con el resto de pueblos y nacionales para proponer su iniciativa. Pues se trata de un modelo paraguas que puede adaptarse de acuerdo a la filosofía de cada pueblo.

También proponen a que los organismos internacionales se adhieran y refrenden esta declaratoria de protección a los territorios gobernados por pueblos indígenas.

Líderes
Los líderes del Pueblo Sarayaku que trabajaron en la presentación de la propuesta de Selva Viviente. (Foto: Jaime Plaza)

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Yolanda Kakabadse es la voz infatigable a favor de la Tierra y los seres vivos

WWF Annual Conference, St Gallen, Switzerland
Yolanda Kakabadse fue la presidenta de WWF Internacional durante los últimos ocho años. (Foto WWF)

PERSONAJE. Ella, cuan psicóloga educativa, estaba concentrada en atender a un grupo de niños en un patio a la hora del recreo. Ni se había percatado que, desde una ventana del edificio de a lado, alguien la miraba y planeaba hacerle una propuesta que marcaría su vida al máximo.

Dejar su profesión inicial para ponerse al frente de una de las primeras organizaciones ambientalistas de Ecuador. Allá por 1979, Yolanda Kakabadse Navarro asumía el reto de administrar Fundación Natura, como directora ejecutiva y años más tarde como presidenta del Directorio.

En ese entonces, Roque Sevilla, un empresario de filosofía ambientalista, tuvo el acierto en confiar que su amiga de siempre era la persona idónea para esa responsabilidad.

Hoy, a sus 67 años, es la embajadora natural de Ecuador y una de las líderes más influyentes a escala mundial en su campo. Es esa voz infatigable y práctica a favor del Planeta y de los seres vivos.

Su conexión con la naturaleza se dio en el seno familiar, aún siendo niña. Sus padres, Dimitri Kakabadse y Maximina Navarro, le enseñaron el valor de los recursos naturales, ecosistemas y la gente. Además, a que se concientice sobre los impactos ambientales del ser humano sobre los ríos, lagos, bosques, aves, animales…

Pero sobre todo le inculcaron avanzar del discurso a la práctica. Así, por ejemplo, para garantizar que sus nietos se nutran con productos sanos, ambos chacareros convencidos, decidieron criar gallinas, chanchos y vacas. Sembraron aguacates, limones, lechugas, tomates… en su terreno en Tumbaco, a donde se llegada por un camino empedrado desde Quito.

Casi todos los fines de semana, viajaron a distintos lugares del país. “Quizá fui la primera niña de mi colegio que llegaba cada lunes a contar de nuestras aventuras en el Tena y otros sitios de la Amazonía, toda una maravilla que me sacudía”.

Psicóloga educativa, título que lo obtuvo en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Pero desde 1978 su vida está centrada en el mundo ambientalista. Hoy, esta ecuatoriana es una de las voces más influyentes del planeta.

Años más tarde, en 1978, fue protagonista de un hecho histórico: ser confundadora de Fundación Natura. A la par asumió un singular voluntariado. Durante dos tardes a la semana, escribía cartas a organizaciones “rarísimas como la WWF o la UICN, de las que conocía siglas nada más”.

Les contaba que habían creado una organización ambientalista. Les pedía que ayuden con publicaciones, documentos y contactos para descubrir cómo armar una agenda sobre medioambiente en Ecuador.

Roque Sevilla sabía de las fortalezas de su amiga, a quien la conoce desde cuando tenían 4 y 3 años de edad. La prueba convincente de esta amistad duradera es una foto a blanco y negro, que él la conserva y donde aparecen los dos junto a otros 70 niños.

Y. Kakabadse y R. Sevilla
Yolanda Kakabadse (2da. desde la izq. en la 4ta. fila) y Roque Sevilla (el niño que se cubre con una piel). Un agasajo navideño del Club Femenino de Cultura, en el Teatro Sucre de Quito, en diciembre de 1953. (Foto: Cortesía Roque Sevilla)

El impulso necesario, ella lo encontró en su pasión y disciplina, en comunión con aquella preocupación que la embargó tras oír a los especialistas. Estos advertían el riesgo de que estén contaminados con agroquímicos el tomate de mesa, las verduras, la leche y más con que alimentaba a su familia.

“Ese miedo me movilizó”. Hizo que incluso su primer proyecto en Fundación Natura sea ‘El Perfil Ambiental del Ecuador’. Los técnicos y científicos, tras sus análisis y estudios, determinaron que los productos presentaban índices altísimos de químicos.

Todo fue revelador. Mediante datos certeros, se evidenció la contaminación de los ríos, la situación de las especies, con qué legislación e instituciones contaba el país. Este documento se convirtió en una suerte de Biblia para los ambientalistas de Ecuador.

A ella le permitió entender los problemas y decidir que había que educar y concienciar. No solo quedarse en la crítica, sino hablar con hechos y bien documentada ante autoridades, actores, ministerios y más instituciones.

 

Su huella se marcó profundo 

Roberto Troya- Yolanda Kakabadse- Hugo Arnal © WWF Ecuador
Junto a Roberto Troya y Hugo Arnal en WWF Ecuador. (Foto: WWF)

Es la única persona que ha estado al frente de las organizaciones ambientales más grandes del planeta: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

A esta última la presidió durante ocho años y, en diciembre pasado, pasó la posta de la Presidencia de la Junta Internacional a Pavan Sukhdev, considerado el gurú de la economía sostenible.

Una faceta especial la trazó como ministra de Ambiente de Ecuador entre 1998 y 2000. “Ser parte de un gobierno fue una etapa maravillosa de mi vida. Hacer política pública desde adentro y desde afuera es una oportunidad que uno no debe dejarla pasar”.

“Desde que empecé en Fundación Natura y hasta ahora mi interés es influenciar en las políticas, ya sea porque no existen o porque hay que cambiarlas”.

A su administración pública se debe la declaratoria, en 1999, de la Zona Intangible en el Parque Nacional Yasuní, noreste de la Amazonía. Se trata de un espacio que debería estar libre de toda actividad extractiva para tratar de proteger a los pueblos indígenas aislados.

Y si a sus fortalezas nos referimos, debemos contar que es experta en grandes eventos como cumbres mundiales de cambio climático y otros. Esa virtud motivó a que, en 1990, Naciones Unidas la llame a ser parte de la organización de la Cumbre Mundial de la Tierra, que se desarrolló dos años más tarde en Río de Janeiro, Brasil.

Confiaron en que ella garantizaría la participación de la población civil. Su voz fue escuchada por pueblos indígenas, gremios y movimientos juveniles, que asistieron a la cita junto a mandatarios de 172 países.

Entre el 2008 y 2011 también se desempeñó como jefe de Iniciativa de Economía Verde del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Así logró roce con los actores más importantes del mundo. En tres décadas de ejercicio, maduró de manera natural esa habilidad de entablar relaciones públicas y políticas del más alto nivel.

Consolidó una imagen de credibilidad y prestigio con base en sus principios éticos y trabajo honesto. Eso es lo que resalta Daniel Ortega, exministro de Ambiente de Ecuador. Ella adiciona su estrategia de “hablar siempre con datos y de no excluir a nadie, de integrar esfuerzos y maximizar los recursos para que el impacto sea más grande”.

Aquí surge oportuna la reflexión de Inés Manzano, empresaria y especialista en derecho ambiental. “Su único bemol es que en sus criterios, los empresarios deben ocupar una de las aristas importantes. No es que acepte todo lo que ellos digan, pero sí entender que son factores claves como aliados para cambiar las cosas e impulsar el desarrollo sostenible a escala local y mundial”.

Más allá de eso, Manzano aplaude la gestión de Yolanda Kakabadse, “porque no se quedó en una simple retórica sino que entrega un verdadero legado para el país”.

Pues, ella no dudó en exponer su credibilidad a favor de la Iniciativa Yasuní ITT, que busca evitar la explotación petrolera en uno de los últimos rincones que quedaba libre en este Parque Natural de la Amazonía ecuatoriana.

Su sola presencia como integrante del equipo que impulsó la Iniciativa ITT generó confianza y garantía de seriedad. Logró que 16 jefes de Estado confirmen su asistencia a la firma del acuerdo del fideicomiso por parte de Naciones Unidas, el 16 de diciembre del 2009 en la Cumbre de Copenague, Dinamarca.

Mas dos días antes, el entonces presidente Rafael Correa decidió que no se firme y echó a perder los compromisos de Alemania, Francia, España, Suecia, Bélgica e Italia. Estos iban dar a Ecuador 1.670 millones de dólares por dejar bajo tierra el crudo del bloque ITT.

Pero ni ese traspié la frenó. Prefirió invertir sus energías en seguir impulsando más acciones desde diferentes frentes a favor del planeta.

Tampoco sucumbe ante el sacrificio de estar semanas enteras lejos de su familia y ser una trotamundos infatigable por su ajustada agenda y viajes. Así entre finales de noviembre e inicios de diciembre estuvo en la COP 23 de Bonn. Luego trató de tomar un respiro en Barcelona y después por unos días en Quito. Su siguiente parada fue Estados Unidos y en estos días estuvo Chile.

En medio de ese ajetreo, es muy cercana a su familia, ahora en especial de sus nietos a quienes no deja de sorprenderles con algún detalle especial en momentos como sus cumpleaños.

Por todo eso, Vannesa Gutiérrez, su asistente ejecutiva personal, la ve como “una mujer sencilla y genuina, un ser humano de mucha calidad y calidez, sin apariencias a pesar de los tantos cargos y reconocimientos que ha recibido”.

Pablo Lloret, experto en conservación de las cuencas hídricas, la reconoce como esa persona que ha reinvindicado el papel de la mujer en la conservación, al ser una pionera en abanderar causas no solo de forma técnica y científica, sino generando políticas. “Es un referente en cualquier país del mundo. Pero, siempre con su calidez humana, nunca deja el saludo cordial y la sonrisa amable. Eso vale muchísimo”.

 

Una de las voces más influyentes

A Roque Sevilla le sobran argumentos para afirmar que Yolanda Kakabadse tiene más trascendencia que la mexicana Patricia Espinosa y la costarricense Christiana Figueres, secretaria ejecutiva y exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Es que la figura de esta ecuatoriana está relacionada no solo con cuestiones de cambio climático, sino con todo un abanico de temas de medioambiente, contaminación, biodiversidad, conservación, negociación y solución de conflictos.

Tiene los contactos, los argumentos y la facilidad de reunir gente con opiniones diferentes. Su don de gente, disciplina y su inteligencia, el imán para negociación y búsqueda de consenso.

Escucha atenta y responde con propuestas convincentes y una buena dosis de emotividad. De rato en rato, atiende con calidez y sonrisa espontánea el saludo de todos quienes pasan cerca.

Así la encontramos a Kakabadse, rodeada de expertos, activistas, empresarios y más, en una reunión espontánea en los pasillos de uno de los pabellones que cobijaba a una de la Cumbres Mundial sobre Cambio Climático en Cancún, México, en el 2010.

Siempre la buscan, unos para recibir su criterio sobre una propuesta y otros por su guía para avanzar hacia algún acuerdo.

Sencillez, carisma, perseverancia, visión, pasión y conocimiento. Esas son sus herramientas para ser reconocida como una reconocida conferencista, negociadora, gestora y monitora.

Esa su vocación para negociar y encontrar soluciones a conflictos surgió cuando, mientras terminaba la secundaria, intentó ser ingeniera mecánica. No pudo porque en aquella época esa posibilidad estaba vedada para las mujeres.

Le encantaba construir o tratar de componer equipos que se habían dañado en casa. Esa habilidad hoy la traslada hacia la gente en conflicto. Propone ideas y soluciones para que, en lugar de confrontación, inviertan sus energías en trabajar en equipo. “Lograrlo es algo maravilloso”.

Esa cualidad de negociadora y facilitadora la potenció al dirigir, entre 1993 y 2006, otra organización importante: Futuro Latinoamericano, especializada en conflictos ambientales.

VVIPS at the WWF 50th Anniversary Gala Celebrations 2011
En la Gala por los 50 años de la WWF, Yolanda Kakabadse aparece junto al arzobispo Desmond Tutu (izq.) y Luc Hoffmann, cofundador de esta ONG. Fue en Zurich, el 29 de abril del 2011.

Tutora de cientos de ambientalistas

Con esa generosidad que le caracteriza, también ha sido la mentora de generaciones de ambientalistas de Ecuador y otros países. Así lo afirman Tarcisio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador, y Luis Suárez, vicepresidente y director ejecutivo de Conservación Internacional Ecuador.

Granizo la califica, con énfasis, que “es la mamá de todos los ambientalistas. Tiene todas las herramientas que se necesitan para la gestión nacional y mundial”.

Le encanta orientar y conducir a jóvenes que está tratando de que hacer en su vida para que inviertan todo su potencia y energía en los temas ambientales. Cuando se empieza a conocer de temas ambientales, es un virus que nunca más se lo puede quitar.

Y eso le ocurrió a Luis  Suárez, quien confiesa con orgullo que Yolanda Kakabdse fue su mentora en los inicios de él como ambientalista.

 

Yolanda Kakabadse 7
A la Embajadora Natural de Ecuador le encanta orientar y conducir a los jóvenes hacia el campo del medioambiente. Considera que ellos son quienes tomarán las decisiones en un futuro inmediato.

Sabe que la gente es el principal actor de cambio, que “desde arriba se traza la cancha y los que juegan son los ciudadanos. Es más, los más jóvenes son los que tomarán las decisiones a futuro y deben garantizar cambios importantes desde lo local hacia lo global en busca de un medioambiente sano, seguridad alimentaria y de la vida misma”.

“Desde Fundación Natura apoyé a que unos 300 ecuatorianos abrieron sus horizontes e ilusionarse de trabajar por el medioambiente. Cualquier beca para cursos, maestrías o doctorados, en cualquier parte del mundo, la peleaba hasta que un ecuatoriano llegue allá”, Yolanda Kakabadse.

Convencida de “no hay que dejar de soñar y que lograremos salvar al Planeta”, tras dejar su cargo en WWF, enseguida emprendió nuevos objetivos e inició el fortalecimiento de nuevos campos con Fundación Latinoa.

Incursionará en el mundo de las finanzas para el desarrollo sostenible, al integrarse al B Team, creado para redefinir el papel de las empresas en temas sociales, ambientales y económicos.

Esta organización, cofundada por Richard Branson y Jochen Zeitz, pretende dar mayor énfasis a la conservación de los recursos terrestres, oceánicos y acuáticos. Así busca reducir los gases de efecto invernadero para limitar los efectos del cambio climático.

Su espíritu solidario se potenciará aún más al apoyar en Brasil a una fundación, mediante un panel asesor independiente, en la recuperación la cuenca hidrográfica del río Doce. Esta quedó devastada tras la rotura de los muros de contención de las presas Fundão y Santarém, en el 2015.

Con estas y otras acciones, Yolanda Kakabadse seguirá activa al máximo y haciendo escuchar su voz a favor de la Tierra y sus habitantes.

 

Portrait of Yolanda Kakabadse, WWF International President (Ecua
Desde enero del 2018, Yolanda Kakabadse asumió nuevos retos. Incursionará en el mundo de las finanzas para el desarrollo sostenible y trabajará en un proyecto de recuperación de la cuenca del río Doce de Brasil.  (Foto: WWF Ecuador)

Sus refugios, el contacto humano y la naturaleza

  • Galápagos tiene un significado especial. La primera vez que visitó, en 1966, le invadió un shock mental al darse cuenta que, pese a la arrogancia de creerse superior, el ser humano es una especie más. Le preocupa el incremento de turistas, “por más que se quiera justificar con controles, igual es un impacto. El juego político hace que Galápagos pague un precio tan alto: la calidad del sistema ecológico maravilloso”.
  • El Yasuní es un símbolo y su frustración personal. “No pudimos cumplir el sueño de lograr su preservación para siempre. Los intereses económicos a corto plazo de quienes gobernaban el país pudieron más. Es un símbolo por tratarse de uno de los ecosistemas más valiosos de planeta por su riqueza en biodiversidad.
  • El bosque húmedo tropical es el que más le atrae porque le inspira paz. Se lamenta que el Cuyabeno, por ejemplo, haya perdido mucho de hace 30 años atrás, donde todo era extraordinario.

Su familia, la mejor aliada

  • Sus padres, hijos, hermanos, primos y amigos son sus mejores aliados. Cada uno aportó con sus conocimientos para discutir y proponer ideas, pero sobre todo al sostenerla en momentos de mucha intensidad de trabajo.
  • Sus hijos, la mejor inversión de su vida. Alfonso e Ignacio, desde sus lugares (España y Ecuador) también se preocupan por importa la vida y su alrededor.
  • Admira a Nelson Mandela. Le conoció en persona durante el Congreso de Parques Nacionales de Durban en el 2003. Valora su visión, integridad y capacidad para no perder la cordura en medio de las crisis por la violencia, encierro y soledad que enfrentó
  • A Merry Robinson, expresidenta de Irlanda, la ve como una mujer extraordinaria, con claridad mental y capacidad para contribuir con ideas muy estratégicas. De Mercedes Sosa, resalta el don que tenía de brindar calidez.

 

Los pueblos indígenas de Ecuador exigen respuestas a su Mandato al Presidente

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Las mujeres amazónicas hicieron escuchar sus demandas al llegar la marcha indígena al Palacio de Carondelet. (Fotos: Jaime Plaza)

Por 16 días caminaron desde Puyo, en la Amazonía, hasta Quito. Con su consigna de “Resultados ya”, la marcha indígena se tomó la Plaza Grande para exigirle al presidente de Ecuador, Lenin Moreno, respuestas a su Mandato que lo entregaron el 4 de julio del 2017.

Gritos de consignas a viva voz. Algunos con sus lanzas en alto, cantaron y danzaron. Mujeres, niños y hombres de diferentes nacionales indígenas insistieron hasta que el presidente Moreno recibiera a una comisión.

Esta marcha fue impulsada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), su filial la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía (Confeniae) y en el último trayecto se sumó la Ecuarunari.

Entre los alrededor de 3.000 participantes logramos identificar a líderes como Salvador Quishpe (de la nacionalidad Saraguro y prefecto de Zamora Chinchipe) y Yaku Sacha Pérez Guartandel (presidente de la Ecuarunari y uno de los mayores opositores al proyecto minero de Quimsacocha en Azuay).

“No más concesiones mineras. Restitución de la Educación Intercultural Bilingüe”. Que eso dispuso Lenin Moreno, como una respuesta al Mandato. Así lo anunció la Conaie al final de la reunión que mantuvieron los dirigentes con el Primer Mandatario en el Palacio de Carondelet.

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Shuar, saraguros, waorani, otavalos y más comunidades indígenas participaron con sus delegaciones en la marcha hacia el Palacio de Gobierno.

Pero sus demandas van mucho más allá. El Mandato “recoge las ideas y propuestas más urgentes de las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades”.

Sus planteamientos se confluyen en tres grandes ejes para la construcción del Estado Plurinacional como: Territorios y biodiversidad, político y educación.

En este aspecto, por ejemplo, exigen la restitución de territorios a las comunidades de las parroquias Tundayme, San Carlos y Panantza, en Zamora Chinchipe, provincia del sur de la Amazonía ecuatoriana.

Según el Mandato indígena, fueron “despojadas violentamente por el proyecto minero ‘Mirador’ y Panatza-San Carlos, mismos que son inconsultos e inconstitucionales en consecuencia deben ser revertidos al Estado”.

Los otros tres grandes bloques del Mandato plantean “Hacia el cambio del modelo económico”, “Democracia y Derechos Humanos” y “Combatir la corrupción y la impunidad”.

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El rechazo a la minería y extracción de petróleo en la Amazonía ecuatoriana.

Al nuevo Gobierno de Ecuador exigen la investigación exhaustiva de los asesinatos de los líderes shuar antimineros Bosco Wisum, Fredy Taish y José Tendetza. Al igual que la amnistía e indulto para los dirigentes indígenas, hoy procesados penalmente por su participación en diversas protestas.

Alicia Cahuiya, líder waorani, se unió a esta marcha indígena para exigir respeto y protección para sus hermanos taromenane – tagaeri, pueblos en aislamiento. Las supervivencia de ellos está en serio peligro ante la presión de diferentes actividades extractivas, en especial de petróleo en el Parque Nacional Yasuní.

También demandan que se restituyan las frecuencias cerradas de radios comunitarias y la devolución de los equipos confiscados. Igual piden la restitución jurídica de organizaciones sociales cerradas, desintegradas o intervenidas.

 

Entre los mandatos más relevantes

  • La Declaratoria a Ecuador libre de minería metálica industrial.
  • Libre determinación y el consentimiento previo libre e informado sobre la territorios, aguas y recursos naturales.
  • Respeto de los sistemas comunitarios de administración y gestión del agua.
  • Restitución de los territorios de las comunidades desplazadas por proyectos de minería, hidroeléctricas y megaturismo.
  • Respeto y fortalecimiento de la justicia indígena y comunitaria en todos sus actos jurisdiccionales.
  • Reactivación de la economía desde el campo.

 

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Entre las exigencias está la investigación de los asesinatos de líderes shuar antimineros Bosco Wisum, Fredy Taish y José Tendetza. 

 

Medio Quito sin agua, el desafío es cuidar las fuentes naturales que quedan

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En el primer día de #QuitoSinAgua, la gente esperó por varias horas la llegada de los tanqueros para abastecerse del líquido.  (Foto: Jaime Plaza)

Más de 600.000 habitantes de Quito se quedaron sin servicio de agua potable tras el derrumbe en El Troje, que taponó el canal de abastecimiento desde el río Pita.

Ante la emergencia, la gente se apresuró en aprovisionarse de botellas y bidones de agua hasta agotar el producto de tiendas y supermercados. El Municipio intenta abastecer con 68 tanqueros, pero es insignificante frente a la magnitud de población afectada.

En medio de la angustia, largas filas de personas aguardaron por horas el abastecimiento en diferentes sectores como el Centro Histórico.

En Quito se consume un promedio de 220 litros de agua potable por habitante por día. La Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas recomiendan que sea entre 50 y 100 litros. 

Tras el percance hecho público la tarde del 6 de diciembre del 2017, se espera que en dos o tres días se supere el problema, que ocasionó serios inconvenientes para la población.

Pero más allá de esa afectación para los habitantes de Quito, quedó al descubierto una preocupante debilidad.

La capital de Ecuador, al igual que la mayoría de ciudades ecuatorianas, carece de suficientes fuentes de captación y abastecimiento de agua. Esmeraldas (ciudad costera), por ejemplo, lleva décadas de clamor para contar con este servicio vital.

Para satisfacer la demanda de sus más de 2’500.000 habitantes, Quito se tiene que abastecer de fuentes que están cada vez más lejanas.

El líquido recorre entre 60 y 100 kilómetros antes de llegar a las plantas municipales de tratamiento. Luego de ser captada en las vertientes de los páramos, cruza y asciende montañas hasta los tanques para un largo proceso de potabilización.

Según la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento de Quito, son cuatro sistemas que abastecen a la capital:

1. La Mica-Quito Sur capta en el volcán Antisana (oriente) y recorre 54 km de tubería, con capacidad de 1.650 litros por segundo.

2. Conducciones Occidentales lleva las aguas de los subsistemas Atacazo, LLoa y Pichincha hacia las plantas El Placer, Toctiuco, Chilibulo, entre otras. Conduce 700 litros por segundo, a través de 90 km. de canal abierto.

3. Papallacta Integrado capta, almacena y conduce agua desde la reserva Antisana. Lo hace por medio de tres embalses, tres estaciones de bombeo, una central hidroeléctrica y 85 km de tubería de acero. Aporta con 3.000 litros por segundo a ocho plantas de tratamiento.

4. Conducciones Orientales, cuya principal fuente de abastecimiento es el río Pita, para abastecer a las Plantas Puengasí, Conocoto y El Placer. Tiene 40,8 km de canal abierto y un sifón invertido de tubería de acero. Tiene capacidad de 3.000 litros por segundo.

 

Sin los páramos no hay agua

 

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Los páramos son las principal fuente de agua para Quito, Cuenca y otras ciudades andinas de Ecuador. (Foto: Epmaps)

 

La emergencia de #QuitoSinAgua, nos lleva a todos los ecuatorianos hacia varias reflexiones. Una de ellas es la importancia de conservar los páramos aún existentes y la recuperación de otros echados a perder.

Pablo Mosquera es biólogo de Gestión Ambiental de la Empresa Pública Municipal de Telecomunicaciones, Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Cuenca (Etapa EP). Él nos hace notar que ciudades andinas como Quito y Cuenca dependen del agua de los páramos, “un ecosistema tan importante para Ecuador y el Planeta en general”.

El páramo, con toda su vegetación, es una especie de esponja que absorbe y almacena el agua de lluvia. La deja correr poco a poco, permitiendo tener el líquido incluso en sequías severas, uno de los efectos del cambio climático. 

Entonces la fórmula es conservar el páramo y el agua. Para eso el desafío es defenderlo de impactos como el crecimiento de la frontera agrícola (cultivos), ganadería, construcción de vías…

Para hacerle frente a esta situación, Cuenca tiene su estrategia para conservar, sobre todo, sus tres principales cuencas hidrográficas: del Tomebamba, Machángara y Yanuncay (las tres nacen en el Macizo del Cajas, reserva de Biósfera, ubicado en el occidente de Cuenca).

Mediante el Manejo Integrado de Cuencas Hidrográficas, de Etapa EP, trabaja con los comuneros que viven en los páramos, a través de acuerdos mutuos por el agua. A cambio les asesoran en el manejo de pastos y de ganadería, aparte de no ampliar la frontera agrícola.

Una estrategia más ambiciosa es la adquisición de los predios donde se asientan las fuentes de agua.

Este tipo de iniciativas, que también se impulsa en Quito, son fundamentales para conservar los páramos. Sumado a eso, el respeto de todos hacia estos recursos naturales, por ejemplo, no encendiendo fogatas que pudieran provocar incendios forestales.

Solo así se garantizará su preservación y recuperación. Se evitará depender de una sola fuente, peor aún  tener que buscar fuentes cada vez más distantes para satisfacer nuestras desmedidas demandas de agua.

Aún más considerando que estamos consumiendo más allá de niveles tolerables. El Atlas Ambiental 2016 alertó que la Huella Hídrica (indicador de consumo) total del Distrito Metropolitano de Quito de 1.027’695.152 m3 de agua potable para el 2011. Ese volumen equivalió al agua que consumirían, hipotéticamente, más de 17 millones de quiteños en un año (población 2011: 2,2 millones).

Tenemos que considerar que el agua dulce es un recurso agotable y encima que la escasez se agravará ante los efectos del cambio climático.

 

Las lecciones para los gobernantes

  • Planes de contingencia para emergencias como la actual.
  • Proyectos factibles de recuperación y conservación de fuentes naturales perdidas.
    • Recuperar los páramos y bosques de los alrededores de Quito.

¡Pilas, ahorra agua desde tu casa!

  • Cierra la llave del lavamanos mientras te cepillas los dientes o te lavas la cara.
  • En vez de hacerlo con manguera, limpia la vereda con una escoba.
  • Báñate en pocos minutos.
  • Lava las frutas y verduras en un recipiente con agua. No bajo el grifo.
  • Detecta y repara toda fuga de agua.
  • Cuando lavas la vajilla, no dejes que siga cayendo el agua del grifo.
  • Prefiere regar el jardín o las plantas en maceta con agua de lluvia.
  • ¿Decidiste lavar tu carro? Utiliza un balde con agua. No la manguera.
  • Si usas lavadora de ropa, mira que el nivel del agua corresponda a la cantidad de prendas.

        (Fuente: http://bit.ly/Ahorraragua)

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Por un poco de agua, la gente de sectores como La Loma (Centro Histórico) recurrió hasta a los remanentes de los hidrantes. (Foto: Jaime Plaza)