Patricia Gualinga se juega la vida en defensa de la Amazonía

La líder Sarayaku es considerada hoy una de las 10 mujeres
más influyentes en la defensa de la Tierra. Foto: FICMEC

“Si esperaban que por sus amenazas y atentados, iba a esconderme, se equivocaron…”. Por su lucha a favor de la Amazonía, la líder Sarayaku acaba de recibir el premio ‘Brote Activismo Medioambiental’ en el XXI Festival Internacional de Cine Medioambiental, de Canarias.

ECUADOR. Levanta su voz para que se escuchen sus ideas, propuestas y exigencias. Así la encontramos o la hemos visto muy activa en una diversidad de espacios. Unas veces en jornadas de lucha como la Marcha de las Mujeres Amazónicas del 2018, en encuentros, debates y hasta en citas mundiales. Es el rostro de la Resistencia Sarayaku y de la Amazonía.

Eso hace que hoy a Patricia Gualinga Montalvo se la vea como una de las 10 mujeres más influyentes en la defensa de la Tierra, como se la presentan en estos días en el XXI Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias.

Allí, en reconocimiento a esa lucha, Patricia acaba de recibir el premio ‘Brote Activismo Medioambiental‘. Se trata de un galardón de gran trascedencia, antes lo recibieron personajes como la hondureña Berta Cáceres, quien fuera asesinada por defender sus territorios.

El sábado 25 de mayo, Patricia Gualinga Montalvo, de Ecuador, recibió
el premio ‘Brote Activismo Medioambiental’. Foto: FICMEC

Ella es la cuarta hija de Sabino Gualinga, uno de los mayores yachak o líderes espirituales, y de Corina Montalvo. Una cuna de hombres y mujeres combativos y activos en los procesos de lucha territorial del pueblo kichwa de Sarayaku, ubicado en el corazón de la Amazonía de Ecuador.

Fiel a esa rebeldía que caracteriza a los Sarayaku, Patricia se convirtió en un verdadero símbolo de resistencia de su pueblo ante la arremetida del extractivismo petrolero. Está resuelta a todo con tal que la voracidad petrolera no ataque a la selva amazónica, donde habitan sus padres y todas sus comunidades.

En las bodas de oro de sus padres Sabino Gualinga y Corina Montalvo. Fotos: Archivo Particular de Patricia Gualinga

Esa convicción empezó a forjarse allá por 1992, cuando aún siendo adolescente, junto con otros jóvenes de su comunidad y casi toda su familia, se unió a la gran Movilización Indígena. Presionaban y lograron que el gobierno de Rodrigo Borja les entregara los títulos de propiedad de sus tierras.

Se avivan en su mente los recuerdos de aquel entonces cuando, inesperadamente, se vio rodeada de micrófonos y de preguntas sobre qué buscaban con esa marcha. “Defendemos nuestras tierras”, atinaba sus primeras respuestas.

Por esos tiempos, la joven Sarayaku había terminado la secundaria en el colegio Pompeya. Sin posibilidades económicas para seguir estudiando, aprovechó las oportunidades que le ofreció la vida.

‘Buenas noches’, su programa en kichwa y español en radio Puyo, se convirtió en la primera puerta para llegar hacia su gente. Lo hizo por invitación que recibió de la Misión Católica, cuando recién graduada, trataba de tomar un breve descanso en su natal Sarayaku.

Por alrededor de seis años, difundió comunicados y noticias de interés para las comunidades indígenas de la zona, cuentos infantiles, música autóctona y más. También hablaba sobre las tradiciones y motivaba a utilizar el kichwa.

Su incursión en la radio Puyo, con un programa cultural en kichwa y español.

Las autoridades religiosas de la provincia consideraron importante capacitarla. Por lo que, la enviaron a prepararse por seis meses en Comunicación Superior en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) de la Universidad Católica de Chile. 

Se suman como experiencias de vida los cursos de diplomado sobre Derechos Humanos y Derechos de Pueblos Indígenas en las Universidades Andina Simón Bolívar y Católica de Perú.

También dirigió un programa de turismo de las organizaciones comunitarias de Pastaza. Luego tuvo un paso por la burocracia como gerente regional de Turismo, en el tiempo de la ministra Rocío Vásquez, del gobierno de Gustavo Noboa.

El punto de quiebre

Pero ocurrió un punto de quiebre definitivo cuando, en el 2002, se agudizaron los problemas para las comunidades indígenas amazónicas ante la arremetida de las petroleras. Se valió de la confianza con la ministra Vásquez para referirse al rechazo a las concesiones entregadas por el Gobierno central en la zona.

Hasta que en el 2003, renunció y decidió su apoyo directo a los dirigentes. Aprovechó de sus contactos con los medios de comunicación nacionales para denunciar que los líderes indígenas empezaban a ser criminalizados.

A pedido de los líderes, ella asumió la vocería. Con argumentos sólidos, confrontó al entonces ministro de Energía y Minas, Carlos Arboleda, ante los medios. Desde entonces, Patricia Gualinga se convirtió en protagonista del ‘Caso Sarayaku’ y de la victoria de su pueblo en contra de las petroleras internacionales.

Pero ese fue un camino largo. Durante la visita de los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) a Sarayaku, fungió de traductora.

Vivió momentos muy fuertes, como aquel viernes cuando llegaba a su comunidad y encontró a personas heridas y uno de sus hermanos desaparecido. Reconoce que en situaciones extremas, como aquella, su cerebro resuelve mejor las decisiones. Ese día, a las 05:00, logró comunicarse con autoridades de la CorteIDH para conseguir medidas provisionales de protección.

Asumió una responsabilidad grande cuando, como dirigente, tuvo que hacer de traductora, preparar a los testigos y a la vez dar su testimonio, además de hacer la petición de medidas ante la CorteIDH. Mas hoy, pese a las medidas de protección logradas en ese tiempo, el Gobierno ecuatoriano insiste en entregar concesiones petroleras en las tierras de estos pueblos.

Entre amenazas y ataques

Mujeres por la selva y sus territorios ancestrales, en contra de los bloques petroleros.

Ni las amenazas y ataques que han puesto en peligro su vida la amedrentan. Firmeza y valentía son sus fortalezas. “Si esperaban que por sus amenazas y atentados iba a esconderme, se equivocaron”.

A la madrugada, llegaron a atacar con piedras contra las ventanas del departamento que arrienda en Puyo, capital de la provincia amazónica de Pastaza. Al ser descubiertos, los agresores la amenazaron de muerte y huyeron. Ella está segura que esos atentados responden a los intereses de expandir la explotación petrolera, aunque sus denuncias no ha tenido eco.

Esta líder histórica es la actual presidenta de la Fundación de Derechos Humanos (TIAM). Asegura que, aunque pensó en el retiro de la dirigencia Sarayaku, tras los atentados contra su seguridad, decidió visibilizar las agresiones que sufren los defensores y hablar de la importancia de la Amazonía ante foros internacionales.

Así, su voz se escucha en diferentes escenarios internacionales. Lo hizo en la COP 21 o Cumbre Mundial de Cambio Climático en Lima, Perú, en el 2018. Incluso, para tratar de menguar la fuerza el expresidente Rafael Correa llevó una delegación de indígenas para que hicieran eco en su defensa de la explotación petrolera.

La contrarreplica se dio en la Cumbre de París, Francia. Hasta allá se fueron 12 personas de Sarayaku determinadas a promocionar la propuesta Kausak Sacha (Selva Viva).

También es una gran embajadora del proyecto de vida
Kawsak Sacha (Selva Viva).

“Lograr una ‘comunión’, de manera muy inteligente, entre los intereses internacionales de conservación y la defensa de los pueblos indígenas”, es lo que José Proaño, director de la organización Land is Life para Latinoamérica, resalta como una gran fortaleza de Patricia.

Otro potencial de ella es la capacidad de fomentar el diálogo con los demás pueblos y organizaciones indígenas amazónicas hacia una lucha conjunta.

El famoso actor y director de cine de Hollywood, Alec Baldwin, no dudó en felicitar y estrechar la mano de Patricia Gualinga. Esto ocurrió en el seno de las Naciones Unidas, con motivo de la sesión 18 sobre derechos de los pueblos indígenas. “Siempre quise estrechar la mano de una guerrera por el medioambiente”, fue la reacción del cineasta.

Esos y más gestos de gratitud constituyen la mayor recompensa a su vida en juego por defender su territorio.

Patricia Gualinga ha puesto en esferas internacionales la defensa
de los derechos de su gente.

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Nina Gualinga, un premio a la lucha por sus derechos y territorios amazónicos

Nina Vale
A sus 24 años, es una líder de las Mujeres Amazónicas que defienden su selva y territorios ante el petróleo y la minería. (Foto: Jaime Plaza)

Es la hija de aquel primer levantamiento del pueblo sarayaku en 1992. Descendiente de yachaks u hombres de sabiduría.  Esos ideales hicieron que, desde los 8 años de edad, ella se convierta en una férrea defensora de los derechos de su gente y de la selva amazónica.

Eso fue determinante para que Nina Gualinga gane el International President’s Youth Awar, que otorga la organización Fondo para la Naturaleza (WWF, en inglés). La entrega se hizo este martes 8 de mayo en Cartagena, Colombia.

La WWF reconoce así “los incansables esfuerzos” de la joven líder del Pueblo Kichwa Sarayaku, por proteger la naturaleza y las comunidades de la Amazonía, “en una época donde la región se encuentra amenazada como nunca antes debido a la explotación y el uso insostenible de los recursos”.

El International President’s Youth Awar, otorgado por el presidente de WWF internacional, está dedicado a reconocer y alentar a jóvenes menores de 30 años, que contribuyen significativamente a la conservación de la naturaleza. 

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La joven líder indígena de Ecuador recibió el premio en Cartagena, Colombia. (Foto: WWF)

Su infancia y juventud transcurrieron en medio de abogar por una mayor y mejor protección de sus territorios ancestrales, la vida silvestre y la gente que depende de estos recursos. Su comunidad, de aproximadamente 1.250 personas, se asienta en un territorio de 135.000 hectáreas, en su mayoría bosques vírgenes, en la provincia de  Pastaza, centro de la Amazonía ecuatoriana.

Hoy, a sus 24 años, Nina sigue en su lucha. Así, por ejemplo, dos semanas marcharon hacia Quito y desde el lunes 12 de marzo, durante una semana, ella y otras 120 mujeres amazónicas resistieron con estoicismo una vigilia en demanda de atención del presidente de Ecuador, Lenin Moreno.

A ella, al pie del Palacio Presidencial, la vimos allí, con su larga cabellera suelta, junto a sus compañeras alentándolas a no claudicar. También se daba modos para estar pendiente de su tierno hijo Tiam (Infinito), que correteaba entre las pancartas y a ratos parecía unirse a los gritos de consignas de las mujeres amazónicas.

Con sobriedad y convicción, la líder indígena denunció su preocupación frente a las nuevas concesiones petroleras y mineras en el centro sur de la Amazonía. También por las amenazas de muerte, violencia y ataques que están sufriendo las lideresas y dirigentas defensoras de la naturaleza.

En diálogo con nosotros, Nina confesó su preocupación porque eso afectaría gravemente no solo al medioambiente sino también a la cultura, idioma y la forma de vivir de las mujeres amazónicas y de todos sus pueblos. Con la explotación minera y petrolera, “estamos obligadas a vivir en un medioambiente contaminado, si agua limpia, comida y tierra fertil, básicas para la sobrevivencia de los pueblos indígenas”.

Por eso, ellas exigían una audiencia con el Primer Mandatario y al final consiguieron que las recibiera para entregarle el Mandato de las Mujeres Amazónicas. Este tiene 22 planteamientos, en especial en rechazo al extractivismo (petróleo y minería) y en defensa de su selva y territorio. 

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Como una auténtica líder, Nina Gualinga encabezó los plantones en la Plaza Grande, durante una semana, a la espera de que les reciba el presidente Lenín Moreno.  (Foto: Jaime Plaza)

A los 18 años, hizo escuchar su voz en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Costa Rica. Lo hizo en representación de los jóvenes de Sarayaku, durante la audiencia final en un caso histórico contra el Gobierno de Ecuador por violar los derechos y territorio del Pueblo Sarayaku para la extracción de petróleo. 

Actualmente, ella sigue representando a la comunidad, haciendo un llamado a favor de los derechos indígenas y una economía libre de combustibles fósiles en diversos foros nacionales e internacionales, como la pasada cumbre climática en París.

Patricia Gualinga, otra de las líderes kichwa y tía de Nina, la mira como una voz influyente. Aquello quedó demostrado, por ejemplo, en su testimonio que se recoge en el documental ‘Keep the oil in the ground’, producido y difundido por Amazon Watch en el 2014.

Allí, Nina defiende la importancia de preservar la Amazonía, una región esencial para la humanidad, ante la arremetida y destrucción que genera la industria petrolera. Así se sumó a los esfuerzos de su gente por frenar la expansión de la frontera petrolera ante la complicidad de los gobiernos locales. 

 

“Ecuador no va salir de la pobreza solo porque vienen a perforar el petróleo en la Amazonía. Ecuador perderá la única selva tropical que nos queda. Destruirán culturas, al medioambiente, matarán a los animales. Eso no nos va sacar de la pobreza… la mayoría de gente está viviendo con terribles condiciones de salud, sin educación… Esas son las regiones más pobres”.

 

Su participación ha sido muy activa en los esfuerzos locales, nacionales y mundiales en a favor de los derechos y territorios indígenas de la Amazonía, y por la justicia climática.

Habla con fluidez inglés, kichwa, español y sueco (lo aprendió cuando vivió un internado en Suecia, mientras su territorio enfrentaba una etapa conflictiva, entre el 2002 y 2003, por la exploración petrolera).

Ese dominio de lenguas y su conocimiento de la realidad de la Amazonía le permiten participaciones activas y determinantes en foros internacionales de trascendencia, como las Cumbres de Cambio Climático en Lima (Perú), París (Francia), Marrakech y Bonn (Alemania). También estuvo en el Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN en el 2016, entre otros.

En la actualidad, está empeñada en impulsar la propuesta de vida a la que denomina Selva Viviente del pueblo Kichwa Sarayaku. Patricia sintetiza como una nueva categoría de conservar y respetar la naturaleza, como un espacio sagrado. “Un territorio viviente, libre de todo tipo de extracción y que sea reconocido a escala mundial como espacios de vida para el planeta”.

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En su lucha contra el extractivismo y por la justicia climática, Nina ha coincidido con personajes como Mark Ruffalo, Leonardo DiCaprio y otros. (Foto: Amazon Watch)

‘Hakhu’, un emprendimiento de joyas hechas a mano

Hija de Noemí, indígena kichwa sarayaku, y padre sueco, Nina construyen un puente entre dos mundos diferentes en la formas de pensar y relacionadas con la naturaleza. Esa mixtura es la inspiración en su trabajo creativo. 

Patricia la considera una joven emprendedora. Pues es la cofundadora de ‘Hakhu Amazon Design’, una tienda ‘online’ de joyas elaboradas a mano. Se trata de una iniciativa destinada a proporcionar una oportunidad única para mujeres indígenas en la Amazonía ecuatoriana.

En Hakhu (Vamos hacia adelante), recurre a su cultura y al patrimonio artístico para crear arte y joyería, como una estrategia de proteger sus territorios y, a la vez, de proporcionar una fuente de ingresos.

Para su colección de joyas y artesanías, “me he inspirado en los contrastes de mi propia vida. De estos dos mundos, la ciudad y el bosque, noche y día, el sol y la luna, el fuego y el agua. Creo que puede haber un equilibrio”. Está convencida de que puede haber respeto y apreciación de las diferencias. 

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Su presencia es casi infaltable en cada evento, sobre todo en defensa de los derechos de la mujer indígena y de su pueblo en general. (Foto: Nina Gualinga)

Mi inspiración proviene de la tierra misma, de toda la belleza de la vida que se manifiesta de muchas maneras. Mi motivación proviene de la gente a mi alrededor que lucha todos los días por proteger su familia y su hogar, la selva tropical del Amazonas”, Nina Gualinga.

Las mujeres amazónicas levantan su voz contra el extractivismo y defienden sus derechos

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Las dirigentes y lideresas de las 11 nacionalidades indígenas amazónicas llegaron a Quito para entregar su Mandato al presidente Lenin Moreno. (Fotos: Jaime Plaza)

Mandato. Llegaron a Quito decididas a ser escuchadas en sus planteamientos. Al final del cuarto día de espera por una audiencia con el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, gritaron a viva voz que “¡con más energía, mañana volveremos!”.

Dejaron a sus familias y sus chacras (huertos) para trasladarse hasta la capital ecuatoriana, empujadas por una gran preocupación.

Desde el lunes 12 de marzo, alrededor de 120 mujeres amazónicas participan en una suerte de vigilia en la Plaza Grande, centro de Quito. 

Se trata de líderes de las nacionalidades Shuar, Achuar, Kichwa, Sapara, Shiwiar, Andoa, Waorani, Quijos y más, filiales de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae) y asentadas dentro de las seis provincias amazónicas. Una de ellas es Alicia Cahuiya, líder de la comunidad waorani Ñoneno (provincia de Orellana).

Algunas vinieron con sus pequeños hijos. Yadira Sharupi, por ejemplo, llegó con su niña de seis meses. Giquita Dayuma, dirigenta de la comunidad waorani Toñampare (Pastaza), está embarazada de cinco meses. Pero no se irán mientras no sean escuchadas.

“Estamos muy preocupadas ante el anuncio del Gobierno de nuevas concesiones petroleras y mineras en el centro sur de la Amazonía. También por las amenazas de muerte, ataques y persecución que han sufrido las dirigentas y lideresas defensoras de la naturaleza”. Así lo asegura Nina Gualinga, vocera de las mujeres amazónicas.

La misión de estas aguerridas mujeres es entregar al Gobierno central el Mandato de las Mujeres Amazónicas con 22 puntos, en especial en rechazo al extractivismo (petróleo y minería) y en defensa de su selva y territorio. 

A cambio, ellas proponen que en la región se impulsen proyectos de ecoturismo y más actividades alternativas.

Otro de los principales ejes del Mandato es la exigencia de la amnistía para sus compañeros de la nacionalidad shuar que fueron desalojados y perseguidos políticos. Exigen que se les permita retornar a Nankints, Tundayme, Pananza, Shaimi y otras. 

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Algunas mujeres participan con sus tiernos niños en la vigilia en la Plaza de la Independencia.

De sus comunidades salieron en canoa y luego en carro. Las mujeres shuar y achuar salieron por el río Morona desde Taisha. Las sapáras lo hicieron por el Bobonaza y Pindiyacu.

A Yadira Sharupi le tomó dos días de viaje. El primer tramo, de más de tres horas, lo hizo en canoa y luego en bus. Ellas decidieron hacer ese esfuerzo, con tal de defender sus territorios.

Extraer petróleo y minerales, afectaría gravemente no solo al medioambiente, sino también a los pueblos en su cultura, idioma y formas de vida.

Así muchos son empujados a irse de sus comunidades y los que se arriesgan a quedarse sufren por la contaminación de agua, se reducen los bosques y se acaban las especies. Por todo eso se oponen a que haya más concesiones en sus territorios. 

Yadira, cargando a su niña y con megáfono en mano, lleva la voz de mando para, junto a sus compañeras, insistir que el presidente Moreno las reciba.

Protegiéndose del sol bajo una carpa o los árboles, así permanecieron los primeros cuatro días en la Plaza de la Independencia. Algunas mujeres y niños ya han sufrido los estragos del clima cambiante de Quito.

A eso se suma que su alimentación ha dependido sobre todo de algunas contribuciones, incluso este jueves almorzaron en plena plaza recién pasadas las 15:00. Pero nada les ha vencido e insisten que se quedarán hasta que el Primer Mandatario las escuche.

 

 

Las principales exigencias del Mandato

Las mujeres amazónicas rechazan y consideran ilegales e ilegítimos cualquier contrato o firma de acuerdo de los dirigentes o representantes de los GADs con el gobierno y/o compañías petroleras, mineras, hidrocarburíferas, madereras….

Exigen la anulación de los contratos y/o convenios y concesiones dadas por el Gobierno ecuatoriano a las empresas petroleras y mineras en el centro sur de la Amazonía. Además, exigen que los territorios y pueblos indígenas sean declarados libres de actividades extractivas…

Rechazan la nueva licitación de los 16 bloques petroleros de la ronda sur oriente en los territorios indígenas de los pueblos Andoas, Achuar, Shuar, Kichwa, Shiwiar, Waorani y Sapara.

Exigen el cierre de las fuentes de contaminación que afectan las riveras de los ríos Villano y Curaray (Pastaza). Además de la repación integral de los territorios y comunidades por la compañía Agip Oil, en el bloque 10 tras 28 años de operación.

Exigen que No se amplíen las operaciones petroleras y madereras en el Parque Nacional Yasuní, territorio ancestral de los Tagaeri, Taromenane (pueblos en aislamiento) y Waorani.

Exigen medidas de seguridad para garantizar la protección a las mujeres lideresas y las familias defensoras de los drechos humanos y de la naturaleza…

Exigen que el Estado ecuatoriano pida disculpas y sancione a los responsables de las muertes de los líderes Bosco Wisum, Fredy Taish y José Tendetza.

Mujeres amazónicas
Uno de los temores de las mujeres amazónicas es que la presencia de las mineras y petroleras ponga en riesgo su cultura, costumbres y lenguas.

 

Rosario Ware es la abuelita shuar que le ‘desafía’ a una gigante minera en Ecuador

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Rosario Ware se niega a dejar sus tierras en el valle de Tundayme, al sur de Zamora Chinchipe. Por eso, ahora la consideran un símbolo de la resistencia antiminera. (Fotos: Jaime Plaza)

Zamora Chinchipe. s de 100 años. Esa edad es la que le calculan sus hijos y nietos. Ella es Rosario Ware, la más anciana del Centro Shuar Ijizam, y hoy la única mujer que se aferra a su territorio ancestral. Resiste o quizá ‘desafía’ la arremetida de una gigante minera en lo que antes eran sus tierras.

La habían desalojado cargándola en una camilla. En el 2014, junto con su familia, fue obligada a dejar su casa de pambil (una de las especies de palma amazónica) y madera, sus ajas (huertos) y su campo en el valle de Tundayme, sur de Zamora Chinchipe.

Igual como lo hicieron con centenares de familias en otras comunidades indígenas y de colonos, a las del Centro Ijizam las desplazaron y con tractores destruyeron las casas donde vivían.

Y así dejaron libre el paso a la minera Ecuacorriente (Ecsa) para que ejecute su megaproyecto Mirador.

A Rosario Ware la llevaron a refugiarse en una casa arrendada en el centro de El Pangui por María Isabel, una de sus siete hijos.

Pero la abuelita, como la tratan su familia y los comuneros, no se sintió bien en ese mundo tan extraño para ella. Tres intentos de volver a su terruño había hecho por cuenta propia, en uno de ellos hasta salió cargando sus sábanas, cobija y ropa. 

Hasta que, ante el riesgo de que sufra algún accidente o que se perdiera en sus intentos, sus nietas Alicia y Raquel Mashendo llegaron en una camioneta alquilada a dejarla donde la visitamos el sábado 3 de marzo. 

Pero ya no en Ijizam, porque ahora allá ya no se puede entrar. Todo esta resguardado con fuerte seguridad privada y se encuentra ocupado por un campamento, además de decenas de gigantes palas mecánicas que rasgan ese valle verde que antes era Mirador, en plena Cordillera del Cóndor.

Casa abuelita
Unos 150 metros más abajo de la casa donde ahora vive Rosario Ware, dos palas mecánicas movían piedras gigantes del lecho del río Kimi.

Ahora la abuelita Rosario vive en la otra ribera del río Kimi, unos tres kilómetros más al sur de Tundayme, el centro poblado más cercano. Allí, su hijo Mariano Mashento, de 64 años, se asentó hace unos 10 años, desde cuando era jornalero en una finca ganadera del sector. 

Él asegura que la casa y sus ajas están en un terreno que era del Ejército y que tampoco constaría en los linderos de lo adquirido por la minera. Que por eso, pese a que el 7 de enero del 2016 los visitó gente de Ecsa para advertirles que se vayan, no lo han desalojado. Aparte que ha recibido el apoyo de dirigentes y más personas. 

Cada 8 o 15 días, el hombre lleva a vender guineos y otros productos a Tundayme. Con ese dinero, compra sal, manteca y de vez en cuando arroz. A El Pangui suele irse cada tres meses para aprovisionarse de medicinas para dolores reumáticos y cólicos, además de ropa y botas.

Sin embargo, siempre camina con precaución ante el miedo de ser desalojado. No se olvida de cómo, en el 2014, les obligaron a salir y destruyeron sus casas. Igual como ocurrió con las viviendas, escuelas e iglesias de otras comunidades como San Marcos.

Policías, militares y personal de la minera usaron la fuerza y gas lacrimógeno para sacar  a los habitantes de la zona. Los dirigentes shuar denuncian tres líderes asesinados y al menos 70 procesados.

A José Tendetza lo encontraro muerto, con sus manos y pies atados flotando en el río Chuchumbletza, en Zamora Chinchipe, el 3 de diciembre del 2014.

Un año antes, el 7 de noviembre del 2013, Freddy Taish falleció en un operativo militar, que había empezado con una requisa de dragas en la comunidad de Campanak Ets. Antes, en el 2009, murió Bosco Wisuma en el puente sobre el río Upano (Macas), en una movilización que defendía el agua.

Hablando en su esencia más pura del shuar (lengua ancestral que heredó de sus antepasados), Rosario Ware se lamenta porque ahora todo está destruido donde antes vivía. Su nieta Alicia Mashendo hace de traductora.

Igual siente pena por la contaminación del río Kimi, donde antes incluso iban de pesca. En medio de un estruendo continuo y a unos 150 metros de ahora habita, dos grandes palas mecánicas arrancaban las piedras del lecho y las apilaban en la orilla derecha.

El manto verde empieza a desaparecer en Tundayme

Proyecto Mirador
El sábado 3 de marzo, volvimos ocho años después y pudimos constatar que el colchón verde desapareció del valle de Tundayme con la primera remoción de tierras. (Foto: Jaime Plaza)

Palas mecánicas, tractores y grandes volquetas están en un constante ir y venir. El gran manto verde que encontramos hace ocho años en la planicie de Tundayme, hoy empieza a ser borrado abrúptamente.

El sábado 3 de marzo, pudimos constatar que habían comenzado los primeros movimientos para la construcción de la mina en el Proyecto Mirador. Por ahora, en la gran planicie, la maquinaria pesada remueve la tierra para construir las piscinas de lavado del material que se extraerá.

En su página web, el Ministerio de Minería de Ecuador informa que será una extracción a cielo abierto (se hará un cráter gigante) Durante 27 años, se sacarán reservas de 2,96 millones de toneladas de cobre; 26,08 millones de onzas troy de plata; y 3,22 millones de onzas troy de oro.

Un poco más al sur, en Los Encuentros, cantón Yantzaza, está el otro megaproyecto: Fruta del Norte. Es una concesión de Lundin Gold (Aurelian Ecuador S.A.) y en 13 años, bajo el sistema de mina subterránea, prevé extraer 4,82 millones onzas troy de oro y 6,34 millones onzas troy de plata. Ahora está en la fase explotación, con la construcción de obras tempranas.

La presencia del proyecto Mirador también ha generado mayor presión de asentamientos humanos. Por ejemplo, el poblado Tundayme, a una hora y media en auto desde la capital provincial, ha crecido en número de casas y sobre todo abundan las mecánicas para el arreglo de volquetas.

El tránsito de vehiculos pesados, buses, camionetas y autos es intenso por carreteras asfaltadas y vías de lastre que conducen hacia el lugar. Pancartas escritas en español y en chino sobre medidas de seguridad y advertencias como ‘Propiedad Privada’ están a la vista.

Intentar acercarse a las instalaciones de la minera es una misión de ‘riesgo’. En puntos estratégicos hay guardias de seguridad privada en retenes o en vehículos. Apenas advierten la presencia de algún ‘extraño’, lo abordan de una forma intimidante, pues así lo hicieron con nosotros.

No obstante, igual es fácil observar las grandes estructuras y naves levantadas por la empresa minera en el costado norte del valle de Tundayme.

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Pancartas en español y en chino sobre medidas de seguridad y letreros con leyendas como ‘Propiedad Privada’ están a la vista. (Foto: Carlos Medina)

Un ejemplo de resistencia 

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Alimentándose con maito y yuca, su comida tradicional.

Sentada sobre su cama, la mujer shuar con agrado comía maito (pescado y palmito, envueltos en hoja de bijao y cocinados al vapor) y yuca. Ese bocado tradicional la brindaron sus familiares y comuneros que llegaron en el transcurso de la mañana. 

Unos y otros acudieron para expresar su respaldo a la abuelita Rosario. Pues ahora a ella la ven como “un ejemplo de lucha y resistencia”. Así lo expresó el prefecto de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe, quien acudió junto a familiares de la mujer, autoridades provinciales como la viceprefecta Karla Reátegui, dirigentes indígenas, comuneros y más personas.

En una minga comunitaria, jóvenes y adultos, hombres y mujeres adecentaron la entrada empinada desde un camino de lastre hacia la casa. Quishpe, con barreta en mano ayudó a abrir una suerte de gradas. Luego con un pico, limpió una acequia para que corra el agua lluvia.

Chicha y ayanpaco
En la minga, un grupo de mujeres y hombres preparó y brindó los tradicionales maito, ayampaco y chicha.
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Salvador Quishpe participó en la minga comunitaria para adecentar la entrada a la casa de Rosario Ware.

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Mariano Mashento, de 64 años e hijo de Rosario Ware, indica el sector donde antes estaba su comunidad.

A su edad, Rosario Ware insiste que nada la ahuyentará del valle donde ella creció y vio crecer a sus hijos y nietos. Aún más ahora que podrá vivir en su casa con características shuar, que la ayudaron a arreglar mediante la minga comunitaria del sábado 3 de marzo.

Allí, junto a su hijo Mariano Mashento, seguirá resistiendo con esa dignidad de mujer y ser humano ante el permanente riesgo de ser desalojada. El Estado ecuatoriano, las autoridades de Zamora Chinchipe, los dirigentes indígenas, los comuneros, su familia… todos estamos con una gran deuda pendiente ante ella.

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A Rosario Ware, hoy la miran como un ejemplo de resistencia. El sábado 3 de marzo, recibió la visita de sus familiares.

 

Los comuneros insisten que a Quimsacocha, su fuente de agua, nadie le toca

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Unos 500 comuneros, campesinos, dirigentes y más llegaron a Quimsacocha para manifestar una vez más su rechazo a la megaminería. (Fotos: Jaime Plaza)

Azuay. Por donde se pise pajonales, musgos y líquenes, cuan esponja natural, dejan brotar agua. Mientras uno camina, se encuentra con ciénagas, ojos de agua y riachuelos que, al avanzar, va creciendo su caudal.

Así se caracterizan las hoyadas que se abren espacio entre las montañas, que de rato en rato se ocultan entre la espesa neblina. Esta es Quimsacocha, una de las principales fuentes naturales de agua para Cuenca y otras poblaciones. Está al costado sur del Parque Nacional Cajas.

Aquí se originan afluentes como El Chorro, Alumbre y Cristal, que irrigan la cuenca del Jubones, suroccidente de Azuay. 

Estos abastecen de agua para consumo de los habitantes del centro urbano del cantón Girón y los sectores aledaños, además de riego para cultivos y más proyectos productivos.

Allí también nace el Irquis o Tarqui, uno de los cuatro ríos cuencanos emblemáticos, que su paso nutre de líquido a poblados como la parroquia Tarqui, sur de Cuenca, y otros.

Esa una de las mayores razones que motivó a unos 500 campesinos, comuneros, dirigentes y más a subir hasta este sitio, a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar.

A media mañana de este jueves 15 de febrero, acudieron para hacer escuchar sus reclamos al contralor general del Estado, Pablo Celi. Exigen la suspensión definitiva de las actividades mineras en la zona para evitar un grave impacto en una sus principales fuentes naturales de agua.

Aunque casi todos prefieren el anonimato por temor a las amenazas de gente relacionada con la minera, coinciden que desde que se hicieron los trabajos de exploración el paisaje ha sido alterado.

Segundo Lema se sumó desde el cantón Girón para defender este páramo. Recuerda que en esta zona había más ciénagas y vertientes de agua, pero “el mes pasado estuve aquí y vi tubería, cajones y más materiales. Ahora ya está dañada la madre tierra”.

Los comuneros que frecuenta la zona, sobre todo para cuidar su ganado, cuentan que Quimsacocha estaba llena de humedales o pantanos. Incluso para poder caminar, tenían  que usar botas u otro tipo de calzado.

Está caracterizado por humedales que emergen de entre los pajonales, líquenes, musgos y más. En la mañana, a momentos está soleado o de pronto se pierde en medio de una densa neblina, y de pronto cae un torrencial aguacero.

Algunos hombres y mujeres, con gestos de coraje, arrancaban los pajonales que han sido replantados en los sitios donde se hicieron las exploraciones. Abundan los hitos de cemento, como señal de donde se hicieron las perforaciones para extraer los testigos o muestras de tierra.

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Las mujeres comuneras y campesinas se empeñaron en mostrar al contralor Pablo Celi los hitos plantados tras la exploración minera

Celi llegó al lugar para conocer el lugar y reunirse con los diferentes actores. “El objetivo es tener los suficientes criterios iniciales para dar paso a una auditoría” a esta concesión minera. Anunció que igual hará con los proyectos mineros como Fruta del Norte y Mirador, en Zamora Chinchipe, y otros.

Yaku Pérez, presidente de la Confederación de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari), denunció que la minería también está causando un duro impacto social. Aquella comunidad unida ahora está resquebrajada.

Por un lado están los que rechazan la minería, sobre todo los demás mayor edad, aquellos que heredaron de sus padres y abuelos estas tierras.

A propósito, Pérez entregó al Contralor una escritura pública que data de 1891 y que 200 comuneros adquirieron lo que ahora es Quimsacocha.

En el otro frente, según el máximo dirigente de la Ecuarunari, “están los jóvenes a quienes la empresa minera trata de convencerles con falsas expectativas de oportunidades de trabajo”.

A viva voz, gritando consignas como “Viva el agua, abajo la minería”, los campesinos y comuneros demostraron su posición con firmeza. Aunque debo contarles que, siente absoluta desconfianza en los extraños y así nos miraban. Y esa actitud es muy entendible, pues temen la presencia de infiltrados por parte la minera y el riesgo de luego ser víctimas de amenazas y violencia.

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Pajonales, líquenes y helechos forman una esponja natural que retiene el agua en los páramos de Quimsacocha, en Azuay.

 

Yolanda Kakabadse es la voz infatigable a favor de la Tierra y los seres vivos

WWF Annual Conference, St Gallen, Switzerland
Yolanda Kakabadse fue la presidenta de WWF Internacional durante los últimos ocho años. (Foto WWF)

PERSONAJE. Ella, cuan psicóloga educativa, estaba concentrada en atender a un grupo de niños en un patio a la hora del recreo. Ni se había percatado que, desde una ventana del edificio de a lado, alguien la miraba y planeaba hacerle una propuesta que marcaría su vida al máximo.

Dejar su profesión inicial para ponerse al frente de una de las primeras organizaciones ambientalistas de Ecuador. Allá por 1979, Yolanda Kakabadse Navarro asumía el reto de administrar Fundación Natura, como directora ejecutiva y años más tarde como presidenta del Directorio.

En ese entonces, Roque Sevilla, un empresario de filosofía ambientalista, tuvo el acierto en confiar que su amiga de siempre era la persona idónea para esa responsabilidad.

Hoy, a sus 67 años, es la embajadora natural de Ecuador y una de las líderes más influyentes a escala mundial en su campo. Es esa voz infatigable y práctica a favor del Planeta y de los seres vivos.

Su conexión con la naturaleza se dio en el seno familiar, aún siendo niña. Sus padres, Dimitri Kakabadse y Maximina Navarro, le enseñaron el valor de los recursos naturales, ecosistemas y la gente. Además, a que se concientice sobre los impactos ambientales del ser humano sobre los ríos, lagos, bosques, aves, animales…

Pero sobre todo le inculcaron avanzar del discurso a la práctica. Así, por ejemplo, para garantizar que sus nietos se nutran con productos sanos, ambos chacareros convencidos, decidieron criar gallinas, chanchos y vacas. Sembraron aguacates, limones, lechugas, tomates… en su terreno en Tumbaco, a donde se llegada por un camino empedrado desde Quito.

Casi todos los fines de semana, viajaron a distintos lugares del país. “Quizá fui la primera niña de mi colegio que llegaba cada lunes a contar de nuestras aventuras en el Tena y otros sitios de la Amazonía, toda una maravilla que me sacudía”.

Psicóloga educativa, título que lo obtuvo en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Pero desde 1978 su vida está centrada en el mundo ambientalista. Hoy, esta ecuatoriana es una de las voces más influyentes del planeta.

Años más tarde, en 1978, fue protagonista de un hecho histórico: ser confundadora de Fundación Natura. A la par asumió un singular voluntariado. Durante dos tardes a la semana, escribía cartas a organizaciones “rarísimas como la WWF o la UICN, de las que conocía siglas nada más”.

Les contaba que habían creado una organización ambientalista. Les pedía que ayuden con publicaciones, documentos y contactos para descubrir cómo armar una agenda sobre medioambiente en Ecuador.

Roque Sevilla sabía de las fortalezas de su amiga, a quien la conoce desde cuando tenían 4 y 3 años de edad. La prueba convincente de esta amistad duradera es una foto a blanco y negro, que él la conserva y donde aparecen los dos junto a otros 70 niños.

Y. Kakabadse y R. Sevilla
Yolanda Kakabadse (2da. desde la izq. en la 4ta. fila) y Roque Sevilla (el niño que se cubre con una piel). Un agasajo navideño del Club Femenino de Cultura, en el Teatro Sucre de Quito, en diciembre de 1953. (Foto: Cortesía Roque Sevilla)

El impulso necesario, ella lo encontró en su pasión y disciplina, en comunión con aquella preocupación que la embargó tras oír a los especialistas. Estos advertían el riesgo de que estén contaminados con agroquímicos el tomate de mesa, las verduras, la leche y más con que alimentaba a su familia.

“Ese miedo me movilizó”. Hizo que incluso su primer proyecto en Fundación Natura sea ‘El Perfil Ambiental del Ecuador’. Los técnicos y científicos, tras sus análisis y estudios, determinaron que los productos presentaban índices altísimos de químicos.

Todo fue revelador. Mediante datos certeros, se evidenció la contaminación de los ríos, la situación de las especies, con qué legislación e instituciones contaba el país. Este documento se convirtió en una suerte de Biblia para los ambientalistas de Ecuador.

A ella le permitió entender los problemas y decidir que había que educar y concienciar. No solo quedarse en la crítica, sino hablar con hechos y bien documentada ante autoridades, actores, ministerios y más instituciones.

 

Su huella se marcó profundo 

Roberto Troya- Yolanda Kakabadse- Hugo Arnal © WWF Ecuador
Junto a Roberto Troya y Hugo Arnal en WWF Ecuador. (Foto: WWF)

Es la única persona que ha estado al frente de las organizaciones ambientales más grandes del planeta: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

A esta última la presidió durante ocho años y, en diciembre pasado, pasó la posta de la Presidencia de la Junta Internacional a Pavan Sukhdev, considerado el gurú de la economía sostenible.

Una faceta especial la trazó como ministra de Ambiente de Ecuador entre 1998 y 2000. “Ser parte de un gobierno fue una etapa maravillosa de mi vida. Hacer política pública desde adentro y desde afuera es una oportunidad que uno no debe dejarla pasar”.

“Desde que empecé en Fundación Natura y hasta ahora mi interés es influenciar en las políticas, ya sea porque no existen o porque hay que cambiarlas”.

A su administración pública se debe la declaratoria, en 1999, de la Zona Intangible en el Parque Nacional Yasuní, noreste de la Amazonía. Se trata de un espacio que debería estar libre de toda actividad extractiva para tratar de proteger a los pueblos indígenas aislados.

Y si a sus fortalezas nos referimos, debemos contar que es experta en grandes eventos como cumbres mundiales de cambio climático y otros. Esa virtud motivó a que, en 1990, Naciones Unidas la llame a ser parte de la organización de la Cumbre Mundial de la Tierra, que se desarrolló dos años más tarde en Río de Janeiro, Brasil.

Confiaron en que ella garantizaría la participación de la población civil. Su voz fue escuchada por pueblos indígenas, gremios y movimientos juveniles, que asistieron a la cita junto a mandatarios de 172 países.

Entre el 2008 y 2011 también se desempeñó como jefe de Iniciativa de Economía Verde del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Así logró roce con los actores más importantes del mundo. En tres décadas de ejercicio, maduró de manera natural esa habilidad de entablar relaciones públicas y políticas del más alto nivel.

Consolidó una imagen de credibilidad y prestigio con base en sus principios éticos y trabajo honesto. Eso es lo que resalta Daniel Ortega, exministro de Ambiente de Ecuador. Ella adiciona su estrategia de “hablar siempre con datos y de no excluir a nadie, de integrar esfuerzos y maximizar los recursos para que el impacto sea más grande”.

Aquí surge oportuna la reflexión de Inés Manzano, empresaria y especialista en derecho ambiental. “Su único bemol es que en sus criterios, los empresarios deben ocupar una de las aristas importantes. No es que acepte todo lo que ellos digan, pero sí entender que son factores claves como aliados para cambiar las cosas e impulsar el desarrollo sostenible a escala local y mundial”.

Más allá de eso, Manzano aplaude la gestión de Yolanda Kakabadse, “porque no se quedó en una simple retórica sino que entrega un verdadero legado para el país”.

Pues, ella no dudó en exponer su credibilidad a favor de la Iniciativa Yasuní ITT, que busca evitar la explotación petrolera en uno de los últimos rincones que quedaba libre en este Parque Natural de la Amazonía ecuatoriana.

Su sola presencia como integrante del equipo que impulsó la Iniciativa ITT generó confianza y garantía de seriedad. Logró que 16 jefes de Estado confirmen su asistencia a la firma del acuerdo del fideicomiso por parte de Naciones Unidas, el 16 de diciembre del 2009 en la Cumbre de Copenague, Dinamarca.

Mas dos días antes, el entonces presidente Rafael Correa decidió que no se firme y echó a perder los compromisos de Alemania, Francia, España, Suecia, Bélgica e Italia. Estos iban dar a Ecuador 1.670 millones de dólares por dejar bajo tierra el crudo del bloque ITT.

Pero ni ese traspié la frenó. Prefirió invertir sus energías en seguir impulsando más acciones desde diferentes frentes a favor del planeta.

Tampoco sucumbe ante el sacrificio de estar semanas enteras lejos de su familia y ser una trotamundos infatigable por su ajustada agenda y viajes. Así entre finales de noviembre e inicios de diciembre estuvo en la COP 23 de Bonn. Luego trató de tomar un respiro en Barcelona y después por unos días en Quito. Su siguiente parada fue Estados Unidos y en estos días estuvo Chile.

En medio de ese ajetreo, es muy cercana a su familia, ahora en especial de sus nietos a quienes no deja de sorprenderles con algún detalle especial en momentos como sus cumpleaños.

Por todo eso, Vannesa Gutiérrez, su asistente ejecutiva personal, la ve como “una mujer sencilla y genuina, un ser humano de mucha calidad y calidez, sin apariencias a pesar de los tantos cargos y reconocimientos que ha recibido”.

Pablo Lloret, experto en conservación de las cuencas hídricas, la reconoce como esa persona que ha reinvindicado el papel de la mujer en la conservación, al ser una pionera en abanderar causas no solo de forma técnica y científica, sino generando políticas. “Es un referente en cualquier país del mundo. Pero, siempre con su calidez humana, nunca deja el saludo cordial y la sonrisa amable. Eso vale muchísimo”.

 

Una de las voces más influyentes

A Roque Sevilla le sobran argumentos para afirmar que Yolanda Kakabadse tiene más trascendencia que la mexicana Patricia Espinosa y la costarricense Christiana Figueres, secretaria ejecutiva y exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Es que la figura de esta ecuatoriana está relacionada no solo con cuestiones de cambio climático, sino con todo un abanico de temas de medioambiente, contaminación, biodiversidad, conservación, negociación y solución de conflictos.

Tiene los contactos, los argumentos y la facilidad de reunir gente con opiniones diferentes. Su don de gente, disciplina y su inteligencia, el imán para negociación y búsqueda de consenso.

Escucha atenta y responde con propuestas convincentes y una buena dosis de emotividad. De rato en rato, atiende con calidez y sonrisa espontánea el saludo de todos quienes pasan cerca.

Así la encontramos a Kakabadse, rodeada de expertos, activistas, empresarios y más, en una reunión espontánea en los pasillos de uno de los pabellones que cobijaba a una de la Cumbres Mundial sobre Cambio Climático en Cancún, México, en el 2010.

Siempre la buscan, unos para recibir su criterio sobre una propuesta y otros por su guía para avanzar hacia algún acuerdo.

Sencillez, carisma, perseverancia, visión, pasión y conocimiento. Esas son sus herramientas para ser reconocida como una reconocida conferencista, negociadora, gestora y monitora.

Esa su vocación para negociar y encontrar soluciones a conflictos surgió cuando, mientras terminaba la secundaria, intentó ser ingeniera mecánica. No pudo porque en aquella época esa posibilidad estaba vedada para las mujeres.

Le encantaba construir o tratar de componer equipos que se habían dañado en casa. Esa habilidad hoy la traslada hacia la gente en conflicto. Propone ideas y soluciones para que, en lugar de confrontación, inviertan sus energías en trabajar en equipo. “Lograrlo es algo maravilloso”.

Esa cualidad de negociadora y facilitadora la potenció al dirigir, entre 1993 y 2006, otra organización importante: Futuro Latinoamericano, especializada en conflictos ambientales.

VVIPS at the WWF 50th Anniversary Gala Celebrations 2011
En la Gala por los 50 años de la WWF, Yolanda Kakabadse aparece junto al arzobispo Desmond Tutu (izq.) y Luc Hoffmann, cofundador de esta ONG. Fue en Zurich, el 29 de abril del 2011.

Tutora de cientos de ambientalistas

Con esa generosidad que le caracteriza, también ha sido la mentora de generaciones de ambientalistas de Ecuador y otros países. Así lo afirman Tarcisio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador, y Luis Suárez, vicepresidente y director ejecutivo de Conservación Internacional Ecuador.

Granizo la califica, con énfasis, que “es la mamá de todos los ambientalistas. Tiene todas las herramientas que se necesitan para la gestión nacional y mundial”.

Le encanta orientar y conducir a jóvenes que está tratando de que hacer en su vida para que inviertan todo su potencia y energía en los temas ambientales. Cuando se empieza a conocer de temas ambientales, es un virus que nunca más se lo puede quitar.

Y eso le ocurrió a Luis  Suárez, quien confiesa con orgullo que Yolanda Kakabdse fue su mentora en los inicios de él como ambientalista.

 

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A la Embajadora Natural de Ecuador le encanta orientar y conducir a los jóvenes hacia el campo del medioambiente. Considera que ellos son quienes tomarán las decisiones en un futuro inmediato.

Sabe que la gente es el principal actor de cambio, que “desde arriba se traza la cancha y los que juegan son los ciudadanos. Es más, los más jóvenes son los que tomarán las decisiones a futuro y deben garantizar cambios importantes desde lo local hacia lo global en busca de un medioambiente sano, seguridad alimentaria y de la vida misma”.

“Desde Fundación Natura apoyé a que unos 300 ecuatorianos abrieron sus horizontes e ilusionarse de trabajar por el medioambiente. Cualquier beca para cursos, maestrías o doctorados, en cualquier parte del mundo, la peleaba hasta que un ecuatoriano llegue allá”, Yolanda Kakabadse.

Convencida de “no hay que dejar de soñar y que lograremos salvar al Planeta”, tras dejar su cargo en WWF, enseguida emprendió nuevos objetivos e inició el fortalecimiento de nuevos campos con Fundación Latinoa.

Incursionará en el mundo de las finanzas para el desarrollo sostenible, al integrarse al B Team, creado para redefinir el papel de las empresas en temas sociales, ambientales y económicos.

Esta organización, cofundada por Richard Branson y Jochen Zeitz, pretende dar mayor énfasis a la conservación de los recursos terrestres, oceánicos y acuáticos. Así busca reducir los gases de efecto invernadero para limitar los efectos del cambio climático.

Su espíritu solidario se potenciará aún más al apoyar en Brasil a una fundación, mediante un panel asesor independiente, en la recuperación la cuenca hidrográfica del río Doce. Esta quedó devastada tras la rotura de los muros de contención de las presas Fundão y Santarém, en el 2015.

Con estas y otras acciones, Yolanda Kakabadse seguirá activa al máximo y haciendo escuchar su voz a favor de la Tierra y sus habitantes.

 

Portrait of Yolanda Kakabadse, WWF International President (Ecua
Desde enero del 2018, Yolanda Kakabadse asumió nuevos retos. Incursionará en el mundo de las finanzas para el desarrollo sostenible y trabajará en un proyecto de recuperación de la cuenca del río Doce de Brasil.  (Foto: WWF Ecuador)

Sus refugios, el contacto humano y la naturaleza

  • Galápagos tiene un significado especial. La primera vez que visitó, en 1966, le invadió un shock mental al darse cuenta que, pese a la arrogancia de creerse superior, el ser humano es una especie más. Le preocupa el incremento de turistas, “por más que se quiera justificar con controles, igual es un impacto. El juego político hace que Galápagos pague un precio tan alto: la calidad del sistema ecológico maravilloso”.
  • El Yasuní es un símbolo y su frustración personal. “No pudimos cumplir el sueño de lograr su preservación para siempre. Los intereses económicos a corto plazo de quienes gobernaban el país pudieron más. Es un símbolo por tratarse de uno de los ecosistemas más valiosos de planeta por su riqueza en biodiversidad.
  • El bosque húmedo tropical es el que más le atrae porque le inspira paz. Se lamenta que el Cuyabeno, por ejemplo, haya perdido mucho de hace 30 años atrás, donde todo era extraordinario.

Su familia, la mejor aliada

  • Sus padres, hijos, hermanos, primos y amigos son sus mejores aliados. Cada uno aportó con sus conocimientos para discutir y proponer ideas, pero sobre todo al sostenerla en momentos de mucha intensidad de trabajo.
  • Sus hijos, la mejor inversión de su vida. Alfonso e Ignacio, desde sus lugares (España y Ecuador) también se preocupan por importa la vida y su alrededor.
  • Admira a Nelson Mandela. Le conoció en persona durante el Congreso de Parques Nacionales de Durban en el 2003. Valora su visión, integridad y capacidad para no perder la cordura en medio de las crisis por la violencia, encierro y soledad que enfrentó
  • A Merry Robinson, expresidenta de Irlanda, la ve como una mujer extraordinaria, con claridad mental y capacidad para contribuir con ideas muy estratégicas. De Mercedes Sosa, resalta el don que tenía de brindar calidez.