¡Un premio mundial por cuidar la Amazonía!

Dotar a la población de agua saludable es uina de las acciones en las comunidades. Fotos: Alianza Ceibo y Amazon Frontilnes.

ECUADOR. Con y una otra iniciativa innovadora, inyectan esperanza y vida en las entrañas mismas de la Amazonía. Es por esa misión que Alianza Ceibo acaba de ser galardonada con el Premio Ecuatorial 2020 de las Naciones Unidas.

¡Es una gran noticia para Ecuador en medio de las crisis sanitaria por el Covid-19! Alianza Ceibo, una organización de la Amazonía ecuatoriana, es parte de los ganadores de este reconocimiento que, cada año, hace el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), junto a sus socios. Es una forma de incentivar a quienes unen fuerzas para defender a la biodiversidad y luchar contra el cambio climático.

Las comunidades galardonadas

Alianza Ceibo cobija a las comunidades Waorani, Siona, Cofán y Siekopai de la Amazonía ecuatoriana.

El PNUD informó que las 10 comunidades locales e indígenas ganadoras, entre ellas Alianza Ceibo, fueron escogidas de entre 583 nominaciones de más de 120 países. Los ganadores serán reconocidos durante la Semana del Clima de Nueva York, paralelo a la Cumbre de la Naturaleza, a finales de septiembre.

En la décimo primera edición del Premio Ecuatorial se galardonará a comunidades de Ecuador, Canadá, Myanmar, República Democrática del Congo, Indonesia, Madagascar, Kenya, México y Tailandia. “Las organizaciones ganadoras muestran soluciones innovadoras basadas en la naturaleza para abordar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático”.

Según el PNUD, los logros de estas comunidades también evidencian cómo las comunidades y pueblos indígenas han enfrentado los legados de desventaja y discriminación en apoyo de su gente. “Lo hacen a través de una diversidad de soluciones excepcionales que se basan en la naturaleza”, enfatiza el administrador del PNUD, Achim Steiner.

Cada ganador recibirá 10.000 dólares. Además, la oportunidad de participar en una serie de eventos especiales relacionados con la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Cumbre de la Naturaleza de la ONU y la Semana Global del Clima, en Nueva York.

En las entrañas de la Amazonía

Alianza Ceibo integra a los pueblos indígenas Waorani (provincia de Pastaza), Siona, Cofán y Siekopai (Sucumbíos), en torno a la misión de proteger más de 20.000 km2 de selva amazónica de Ecuador.

Se trata de una alianza dirigida por indígenas que ha puesto en marcha diferentes alternativas frente al extractivismo minero-petrolero y los monocultivos comerciales habituales.

  • Aprovecha la energía solar para las comunidades.
  • Dota de sistemas de agua limpia.
  • Defiende los derechos humanos de los pueblos indígenas.
  • Apoya a las asociaciones de mujeres en sus diversas propuestas productivas
  • Impulsa el monitoreo ambiental y mapeo territorial.
  • Comunicación comunitaria.

Estas propuestas empezaron allá por el 2011, cuando decidieron reunirse en torno a una alianza para trabajar por sus territorios, la supervivencia cultural y la construcción de soluciones alternativas viables para mejorar la calidad de vida en las distintas comunidades.

Con el apoyo de Alianza Ceibo y Amazone Frontlines, se han construido, por ejemplo, sistemas de captación de agua lluvia en 80 comunidades Kofán, Secoya, Siona y Waorani.

Antes se abastecían con agua de los ríos para beber, cocinar, lavar y bañarse. Pero los afluentes han sido gravemente contaminados por ser una zona tomada por la explotación petrolera y minera, plantaciones de palma africana y las urbes. Por eso para las familias de estas comunidades se ha vuelto cada vez más difícil tener acceso a agua limpia, volviéndose una de las razones para el deterior de la salud de la población.

Los sistemas de agua fueron el punto de partida para las otras diferentes iniciativa, al darse cuenta que “existen más necesidades y mucho más trabajo que hacer”.

Por ejemplo, en la provincia de Sucumbíos, norte de la Amazonía ecuatoriana, la comunidad A’I Cofán de Sinangoe, asentada en las orillas del río Aguarico, salió victoriosa contra la minería en el 2018, al obtener una sentencia que reconoció su derecho a la consulta previa, al agua, a la naturaleza y al medio ambiente.

Un año despues, en el centro-sur de la Amazonía, en la provincia de Pastaza, comunidades Waorani triunfaron frente a las empresas petroleras, con un juicio histórico. En julio de ese año, la Corte de Justicia de Pastaza ratificó la sentencia que impide el ingreso de las petroleras a 180.000 hectáreas del bdenominado bloque 22, incrustado en el Territorio Waorani.

El traslado de los paneles solares en canoa para dotar de energía eléctrica a las comunidades.

“Es un honor para nosotros contar con el reconocimiento de organizaciones internacionales de mucho prestigio como es la ONU. Nos sentimos muy agradecidos por este premio que honra nuestro trabajo y la lucha que realizamos en favor de nuestras vidas, nuestra selva y nuestras culturas”.

Alicia Salazar, mujer siona directora ejecutiva de la Alianza Ceibo

Estas comunidades indígenas miran a la Amazonía como la vida misma para nuestro Planeta. Pero cada día afrontan graves amenazas desde las petroleras, mineros, madereros, ganaderos y peor aún los grupos armados que ponen en peligro sus vidas y sus territorios. Aún más, los gobiernos no solo que no defienden los derechos de los pueblos amazónicos sino que lo irrespetan al insistir en el extractivismo, desplazando a la fuerza a los dueños ancestrales de estos territorios.

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¡Auxilio! La Amazonía, el pulmón del Planeta, en humo y cenizas

El gran pulmón del Planeta lleva 18 días consumiéndose en llamas. Así la Amazonía, región selvática más grande del mundo, se está convirtiendo en grandes extensiones de tierra cubierta de humo y cenizas.

Son 73.843 focos de incendios forestales que ya han consumido más de 700.000 hectáreas de bosque. La mayoría está en la selva de la Amazonía del noroeste de Brasil. Pero también afectan a ecosistemas como El Pantanal (Brasil), los llanos de Chiquitanía (Bolivia) y el Chaco que lo comparten Paraguay, Bolivia y Argentina.

Gigantes lenguas de fuego y columnas de humo envuelven a la vegetación de la Amazonía.

Tarcisio Granizo, exministro de Ambiente de Ecuador y actual director de la WWF Ecuador, recuerda que ‘normalmente’ en esta época ocurre este tipo de incendios. “Pero ahora se han salido de control por dos razones: Por políticas de deforestación implementadas por el actual gobierno brasileño y que han aumentado drásticamente desde el año pasado. Y por un período de sequía que sería atribuible al cambio climático”.

Organizaciones indígenas y defensores de la Amazonía apuntan al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, como el mayor responsable de este crimen ambiental. Él, con su idea de impulsar la agricultura (especialmente cultivo de soya) y ganadería, ha permitido que los finqueros conviertan miles de hectáreas de bosques en tierras agropecuarias.

“Estos queman cuando quieren eliminar el rastrojo o abrir espacio para nuevos cultivos, pero se salen de control con el periodo de sequía y los fuertes vientos”, es la afirmación de Granizo.

Los pueblos indígenas de la Amazonía agrupados en la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) se declararon en emergencia humanitaria. Además, responsabilizan a los gobiernos de Bolsonaro y Evo Morales, de Bolivia, “por la desaparición y genocidio físico, ambiental y cultural que se presenta actualmente en la Amazonía y que por su acción y omisión se hace cada día más grave”.

Las pérdidas son irreparables

Poblaciones indígenas en peligro, bosques con cientos de especies de plantas, árboles, aves, animales e insectos están asfixiándose o mueren calcinados. El cuadro es desolador.

Según la COICA, están en inminente riesgo de extinción más de 506 pueblos indígenas de la  Cuenca Amazónica.

La WWF alerta que “la Amazonía está ardiendo” y revela que está en riesgo el hábitat de 34 millones de habitantes. Además, que no son solo crisis locales, sino que significan un peligro para la región y el planeta entero (ver gráfico).

Por su parte, la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica advierte que la Amazonía es el hogar de 2,5 millones de especies de insectos, 2.500 especies de peces, más de 1.500 especies de aves, 550 de reptiles y 500 de mamíferos.

Tarcisio Granizo pinta un panorama más complejo. “Es una cuestión complicada, ya que se considera que la recuperación de la zona afectada por estos incendios en la Amazonía tomaría entre 100 y 200 años”.

Pero la cuestión es qué hacer de aquí en adelante. El exministro del Ambiente de Ecuador plantea un acuerdo entre los países amazónicos para detener la deforestación a largo plazo.

Claro que esto depende también de los hábitos de alimentación y consumo insostenibles de la sociedad actual, además de las políticas de gobiernos como el de Brasil, que responde a intereses de grandes hacendados y productores.

Cientos de personas protestaron ante la Embajada de Brasil en Quito, igual como lo hicieron en muchas otras ciudades, en defensa de la Amazonía.

Por eso para presionar en defensa de la Amazonía, diversas organizaciones empezaron a salir a las calles como ya lo hicieron la tarde de este viernes 23 de agosto a protestar frente a la Embajada de Brasil en Quito. También a la campaña masiva en redes sociales bajo la etiqueta de #PrayforAmazonia o Roguemos por la Amazonía.

Una conmovedora escena. Un bombero brasileño da agua a un armadillo que se salvó de morir.

El Curaray, la ‘arteria’ mayor que conecta a los pueblos ancestrales con la selva amazónica

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Sorteando empalizadas y bancos de arena, los canoeros avanzan por los ríos Villano y Curaray rumbo a sus comunidades. (Fotos: Jaime Plaza)

Amazonía. El singular ‘ronquido’ del motor de los ‘peques peques’ se escucha cada vez más fuerte. Hasta que por una de las cientos de curvas del sinuoso río, aparace una canoa con sus tres ocupantes que va aguas abajo.

A lo largo de nuestro navegar por el Curaray nos encontramos con decenas de canoas en un ir y venir. A bordo van familias enteras, hombres y mujeres, niños, con sus pertenencias.

Estas, talladas de algún árbol gigante y grueso de la zona, son el casi único medio de transporte en las 14 comunidades del Territorio Ancestral Kichwa Kawsak Sacha, en la cuenca baja del Curaray, en la Amazonía ecuatoriana. 

Antes las impulsaban a remo y palanca (un palo largo de madera que lo sumergen hasta el fondo del río), ahora con motores de 13.5 (‘peques peques’), y los fuera de borda de 25 y 40 caballos de fuerza.

Al igual que Fausto Vargas, de 59 años y nativo de la comunidad Jesús Cocha, la mayoría ocupa para ir a sus chacras (cultivos de yuca, plátano, chonta, papa china…) o a pescar. Los niños lo hacen para acudir a clases en las escuelas distantes.

Para trasladarse de una comunidad a otra, una canoa es lo más práctico. Así lo hacen Ramón Inmunda y los 58 integrantes de su comunidad Macao. Desde allí les toma dos horas y media hasta Lorocachi, en territorio ancestral Kawsak Sacha (en la frontera amazónica entre Ecuador y Perú).

Para salir al Puyo y otras ciudades

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Paparawa es una suerte de puerto de embarque y desembarque para los habitantes de las comunidades de la cuenca alta del Curaray.

Las canoas son el medio hasta para salir al Puyo, la ciudad capital de Pastaza, tras navegar el Curaray y el Villano hasta por tres días.

Se recorre unos 200 km (distancia en línea recta) desde Lorocachi y se pasa por comunidades como San José de Curaray y otras hasta llegar a Paparawa, punto de embarque. Luego el traslado es por otras cuatro horas en camionetas de alquiler o algún bus interparroquial.

Navegan desde la madrugada o ni bien amanece hasta el atardecer. Improvisan un campamento en alguna playa (si no lleve) u otro sitio para descansar algo y recuperar energías. 

Vargas e Inmunda, por ejemplo, cuentan que ellos salen cada ocho o 15 días para llevar la cosecha de sus chacras y adquirir productos como arroz, azúcar, sal, aceite, fósforo… botas y ropa.

También viajan para realizar trámites o abastecerse de medicamentos para curarse de la gripe, fiebres, dolor de estómago y más (aunque prefieren curarse con las plantas que tienen a mano en la selva).

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Fausto Vargas indica hacia el horizonte donde queda su chacra.
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Al caer la tarde, los navegantes acampan en alguna playa.
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En su canoa, esta familia busca abastecerse de productos.
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Tener una canoa en la Amazonía es como ser dueño de un auto en la ciudad. 

Las avionetas y aviones pequeños, la otra opción

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Manuela Santi y la mayoría de habitantes aprovechan cada vuelo incluso para enviar sus encomiendas. El flete de avionetas privadas cuesta entre 630 y 740 dólares.

Un vuelo cada miércoles de los Quest Kodiak (foto) de Tame Amazonía es la otra alternativa que tiene la gente de Kawsak Sacha y otras zonas aledañas para salir o entrar desde la ciudad. 

Son aviones pequeños para 9 pasajeros, con un vuelo cada miércoles hasta Lorocachi. Se aprovecha la pista militar abierta hace más de 20 años y con 640 metros de largo.

Así como a Lorocachi, Tame Amazonía tiene vuelos a otras 33 pistas de Pastaza y Morona Santiago. El costo es de 15 dólares por cada pasajero adulto de la comunidad amazónica y 7,50 para niños y personas de la tercera edad.

También están las avionetas de compañías privadas que vuelan desde el aeropuerto de Shell Mera, en Pastaza. El flete de esta especie de taxi aéreo para cinco pasajero cuesta 740 dólares y para tres pasajeros, 630.

Pero se recurre más este servicio en caso de emergencia médica con pacientes graves por paludismo, picadura de serpiente y otras enfermedades.

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Los aviones pequeños Quest Kodiak de Tame Amazonía vuelan a Lorocachi y otras 33 pistas abiertas en comunidades de Pastaza y Morona Santiago. (Foto: TAME EP)

Los efectos del cambio climático 

El río Curaray es un sinuoso cordón umbilical que conecta sus vidas con la selva. Es una especie de artería mayor que les permite, en sus canoas, fluir de un lugar a otro en medio de ese gran gigante verde.

Los pueblos asentados en las riberas del Curaray, al igual que la mayoría de comunidades de la Amazonía, tienen al río como su principal vía para movilizarse.

Pero tres semanas sin llover en la zona hizo que sea muy complicado navegar por el afluente. El nivel de las aguas había bajado en más de dos metros.

Es consecuencia del cambio climático, admite Gabriel Guerra, de la Prefectura de Pastaza. Pues el clima ha variado mucho en la Amazonía.

Antes, entre noviembre y abril caían torrenciales aguaceros, lo recuerda Jonathan Grefa, de la comunidad Lorocachi.

“Los sabios contaban que llovía mucho todo el tiempo y que incluso el río se desbordaba en las partes bajas. Mucho más en la fiesta de San Juan, en junio, pero ahora pasa seco”.

Durante los ocho días de nuestra travesía por la cuenca del Curaray, entre el 4 y el 11 de febrero, tuvimos un cielo despejado de día y de noche.

Bajo esas condiciones climáticas, resulta toda una odisea tratar de avanzar por los afluentes. Se saben casi de memoria por dónde esquivar las empalizadas y la baja corriente, para no quedarse embancados en la arena.

Pero a tan bajo llega el caudal que existen tramos en que tienen que bajarse el motorista y los ocupantes a empujar la canoa. Incluso a ratos las pequeñas embarcaciones se quedan embancadas.

Los costos altos

El uso de las canoas es un servicio casi imprescindible, pero a la vez que demanda una alta inversión en adquirir el motor, la canoa y el combustible.

“Con la platita de la venta de verde y pescado (bagre) que atrapa en el río, la gente compra la gasolina para sus motores”, cuenta Jonathan Grefa. Con un galón de gasolina que cuesta 1,45 dólares, en los ‘peques peques’ se puede navegar hasta una hora.

Pero si tiene un motor fuera de borda, requiere comprar en 8 dólares un litro de aceite para ligar por cada 10 galones de gasolina. Esta cantidad de combustible alcanza para navegar unas dos horas y media.

La inversión más alta es en la compra del motor. El de 13.5 caballos de fuerza cuesta 1.400 dólares. Los dos 25 a 4.000 y el 40, más de 5.000 dólares. Grefa asegura que “eso significa al menos un año de ahorros y de trabajar en agricultura y pesca”.

Fernando Rodeneiro Shariana, profesor de la escuela unidocente de la comunidad Guacamaya, se decidió a invertir en un motor y canoa. En sus tiempos libres, él hace fletes para quienes buscan ingresar hacia alguna comunidad o salir a la ciudad, navegando por el Curaray.

Y a la canoa, los más hábiles la hacen de los gigantes y gruesos árboles de cedro, chuncho y witio. Las más largas llegan a medir hasta 14 metros y hasta 1,50 de ancho.  Adquirir una cuesta hasta 2.000 dólares, sobre todo por el esfuerzo que demanda.

A Fausto Vargas construir una le toma ocho días, tiempo que permanece, incluso pernocta, en el sitio donde encuentra el árbol ideal.

El proceso es laborioso desde encontrar la materia prima, labrarla y hasta ahumarla con hoja seca de palma real para que la canoa logre impermeabilidad. Pero sobre todo que sea resistente al uso permanente como único medio de transporte para la gente del Territorio Kichwa Kawsak Sacha, de la cuenca baja del Curaray y más sectores de la Amazonía ecuatoriana.

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La canoa es el medio de transporte para el traslado de familias enteras, como la de Ramón Inmunda, de una comunidad a otra.

Yolanda Kakabadse es la voz infatigable a favor de la Tierra y los seres vivos

WWF Annual Conference, St Gallen, Switzerland
Yolanda Kakabadse fue la presidenta de WWF Internacional durante los últimos ocho años. (Foto WWF)

PERSONAJE. Ella, cuan psicóloga educativa, estaba concentrada en atender a un grupo de niños en un patio a la hora del recreo. Ni se había percatado que, desde una ventana del edificio de a lado, alguien la miraba y planeaba hacerle una propuesta que marcaría su vida al máximo.

Dejar su profesión inicial para ponerse al frente de una de las primeras organizaciones ambientalistas de Ecuador. Allá por 1979, Yolanda Kakabadse Navarro asumía el reto de administrar Fundación Natura, como directora ejecutiva y años más tarde como presidenta del Directorio.

En ese entonces, Roque Sevilla, un empresario de filosofía ambientalista, tuvo el acierto en confiar que su amiga de siempre era la persona idónea para esa responsabilidad.

Hoy, a sus 67 años, es la embajadora natural de Ecuador y una de las líderes más influyentes a escala mundial en su campo. Es esa voz infatigable y práctica a favor del Planeta y de los seres vivos.

Su conexión con la naturaleza se dio en el seno familiar, aún siendo niña. Sus padres, Dimitri Kakabadse y Maximina Navarro, le enseñaron el valor de los recursos naturales, ecosistemas y la gente. Además, a que se concientice sobre los impactos ambientales del ser humano sobre los ríos, lagos, bosques, aves, animales…

Pero sobre todo le inculcaron avanzar del discurso a la práctica. Así, por ejemplo, para garantizar que sus nietos se nutran con productos sanos, ambos chacareros convencidos, decidieron criar gallinas, chanchos y vacas. Sembraron aguacates, limones, lechugas, tomates… en su terreno en Tumbaco, a donde se llegada por un camino empedrado desde Quito.

Casi todos los fines de semana, viajaron a distintos lugares del país. “Quizá fui la primera niña de mi colegio que llegaba cada lunes a contar de nuestras aventuras en el Tena y otros sitios de la Amazonía, toda una maravilla que me sacudía”.

Psicóloga educativa, título que lo obtuvo en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Pero desde 1978 su vida está centrada en el mundo ambientalista. Hoy, esta ecuatoriana es una de las voces más influyentes del planeta.

Años más tarde, en 1978, fue protagonista de un hecho histórico: ser confundadora de Fundación Natura. A la par asumió un singular voluntariado. Durante dos tardes a la semana, escribía cartas a organizaciones “rarísimas como la WWF o la UICN, de las que conocía siglas nada más”.

Les contaba que habían creado una organización ambientalista. Les pedía que ayuden con publicaciones, documentos y contactos para descubrir cómo armar una agenda sobre medioambiente en Ecuador.

Roque Sevilla sabía de las fortalezas de su amiga, a quien la conoce desde cuando tenían 4 y 3 años de edad. La prueba convincente de esta amistad duradera es una foto a blanco y negro, que él la conserva y donde aparecen los dos junto a otros 70 niños.

Y. Kakabadse y R. Sevilla
Yolanda Kakabadse (2da. desde la izq. en la 4ta. fila) y Roque Sevilla (el niño que se cubre con una piel). Un agasajo navideño del Club Femenino de Cultura, en el Teatro Sucre de Quito, en diciembre de 1953. (Foto: Cortesía Roque Sevilla)

El impulso necesario, ella lo encontró en su pasión y disciplina, en comunión con aquella preocupación que la embargó tras oír a los especialistas. Estos advertían el riesgo de que estén contaminados con agroquímicos el tomate de mesa, las verduras, la leche y más con que alimentaba a su familia.

“Ese miedo me movilizó”. Hizo que incluso su primer proyecto en Fundación Natura sea ‘El Perfil Ambiental del Ecuador’. Los técnicos y científicos, tras sus análisis y estudios, determinaron que los productos presentaban índices altísimos de químicos.

Todo fue revelador. Mediante datos certeros, se evidenció la contaminación de los ríos, la situación de las especies, con qué legislación e instituciones contaba el país. Este documento se convirtió en una suerte de Biblia para los ambientalistas de Ecuador.

A ella le permitió entender los problemas y decidir que había que educar y concienciar. No solo quedarse en la crítica, sino hablar con hechos y bien documentada ante autoridades, actores, ministerios y más instituciones.

 

Su huella se marcó profundo 

Roberto Troya- Yolanda Kakabadse- Hugo Arnal © WWF Ecuador
Junto a Roberto Troya y Hugo Arnal en WWF Ecuador. (Foto: WWF)

Es la única persona que ha estado al frente de las organizaciones ambientales más grandes del planeta: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

A esta última la presidió durante ocho años y, en diciembre pasado, pasó la posta de la Presidencia de la Junta Internacional a Pavan Sukhdev, considerado el gurú de la economía sostenible.

Una faceta especial la trazó como ministra de Ambiente de Ecuador entre 1998 y 2000. “Ser parte de un gobierno fue una etapa maravillosa de mi vida. Hacer política pública desde adentro y desde afuera es una oportunidad que uno no debe dejarla pasar”.

“Desde que empecé en Fundación Natura y hasta ahora mi interés es influenciar en las políticas, ya sea porque no existen o porque hay que cambiarlas”.

A su administración pública se debe la declaratoria, en 1999, de la Zona Intangible en el Parque Nacional Yasuní, noreste de la Amazonía. Se trata de un espacio que debería estar libre de toda actividad extractiva para tratar de proteger a los pueblos indígenas aislados.

Y si a sus fortalezas nos referimos, debemos contar que es experta en grandes eventos como cumbres mundiales de cambio climático y otros. Esa virtud motivó a que, en 1990, Naciones Unidas la llame a ser parte de la organización de la Cumbre Mundial de la Tierra, que se desarrolló dos años más tarde en Río de Janeiro, Brasil.

Confiaron en que ella garantizaría la participación de la población civil. Su voz fue escuchada por pueblos indígenas, gremios y movimientos juveniles, que asistieron a la cita junto a mandatarios de 172 países.

Entre el 2008 y 2011 también se desempeñó como jefe de Iniciativa de Economía Verde del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Así logró roce con los actores más importantes del mundo. En tres décadas de ejercicio, maduró de manera natural esa habilidad de entablar relaciones públicas y políticas del más alto nivel.

Consolidó una imagen de credibilidad y prestigio con base en sus principios éticos y trabajo honesto. Eso es lo que resalta Daniel Ortega, exministro de Ambiente de Ecuador. Ella adiciona su estrategia de “hablar siempre con datos y de no excluir a nadie, de integrar esfuerzos y maximizar los recursos para que el impacto sea más grande”.

Aquí surge oportuna la reflexión de Inés Manzano, empresaria y especialista en derecho ambiental. “Su único bemol es que en sus criterios, los empresarios deben ocupar una de las aristas importantes. No es que acepte todo lo que ellos digan, pero sí entender que son factores claves como aliados para cambiar las cosas e impulsar el desarrollo sostenible a escala local y mundial”.

Más allá de eso, Manzano aplaude la gestión de Yolanda Kakabadse, “porque no se quedó en una simple retórica sino que entrega un verdadero legado para el país”.

Pues, ella no dudó en exponer su credibilidad a favor de la Iniciativa Yasuní ITT, que busca evitar la explotación petrolera en uno de los últimos rincones que quedaba libre en este Parque Natural de la Amazonía ecuatoriana.

Su sola presencia como integrante del equipo que impulsó la Iniciativa ITT generó confianza y garantía de seriedad. Logró que 16 jefes de Estado confirmen su asistencia a la firma del acuerdo del fideicomiso por parte de Naciones Unidas, el 16 de diciembre del 2009 en la Cumbre de Copenague, Dinamarca.

Mas dos días antes, el entonces presidente Rafael Correa decidió que no se firme y echó a perder los compromisos de Alemania, Francia, España, Suecia, Bélgica e Italia. Estos iban dar a Ecuador 1.670 millones de dólares por dejar bajo tierra el crudo del bloque ITT.

Pero ni ese traspié la frenó. Prefirió invertir sus energías en seguir impulsando más acciones desde diferentes frentes a favor del planeta.

Tampoco sucumbe ante el sacrificio de estar semanas enteras lejos de su familia y ser una trotamundos infatigable por su ajustada agenda y viajes. Así entre finales de noviembre e inicios de diciembre estuvo en la COP 23 de Bonn. Luego trató de tomar un respiro en Barcelona y después por unos días en Quito. Su siguiente parada fue Estados Unidos y en estos días estuvo Chile.

En medio de ese ajetreo, es muy cercana a su familia, ahora en especial de sus nietos a quienes no deja de sorprenderles con algún detalle especial en momentos como sus cumpleaños.

Por todo eso, Vannesa Gutiérrez, su asistente ejecutiva personal, la ve como “una mujer sencilla y genuina, un ser humano de mucha calidad y calidez, sin apariencias a pesar de los tantos cargos y reconocimientos que ha recibido”.

Pablo Lloret, experto en conservación de las cuencas hídricas, la reconoce como esa persona que ha reinvindicado el papel de la mujer en la conservación, al ser una pionera en abanderar causas no solo de forma técnica y científica, sino generando políticas. “Es un referente en cualquier país del mundo. Pero, siempre con su calidez humana, nunca deja el saludo cordial y la sonrisa amable. Eso vale muchísimo”.

 

Una de las voces más influyentes

A Roque Sevilla le sobran argumentos para afirmar que Yolanda Kakabadse tiene más trascendencia que la mexicana Patricia Espinosa y la costarricense Christiana Figueres, secretaria ejecutiva y exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Es que la figura de esta ecuatoriana está relacionada no solo con cuestiones de cambio climático, sino con todo un abanico de temas de medioambiente, contaminación, biodiversidad, conservación, negociación y solución de conflictos.

Tiene los contactos, los argumentos y la facilidad de reunir gente con opiniones diferentes. Su don de gente, disciplina y su inteligencia, el imán para negociación y búsqueda de consenso.

Escucha atenta y responde con propuestas convincentes y una buena dosis de emotividad. De rato en rato, atiende con calidez y sonrisa espontánea el saludo de todos quienes pasan cerca.

Así la encontramos a Kakabadse, rodeada de expertos, activistas, empresarios y más, en una reunión espontánea en los pasillos de uno de los pabellones que cobijaba a una de la Cumbres Mundial sobre Cambio Climático en Cancún, México, en el 2010.

Siempre la buscan, unos para recibir su criterio sobre una propuesta y otros por su guía para avanzar hacia algún acuerdo.

Sencillez, carisma, perseverancia, visión, pasión y conocimiento. Esas son sus herramientas para ser reconocida como una reconocida conferencista, negociadora, gestora y monitora.

Esa su vocación para negociar y encontrar soluciones a conflictos surgió cuando, mientras terminaba la secundaria, intentó ser ingeniera mecánica. No pudo porque en aquella época esa posibilidad estaba vedada para las mujeres.

Le encantaba construir o tratar de componer equipos que se habían dañado en casa. Esa habilidad hoy la traslada hacia la gente en conflicto. Propone ideas y soluciones para que, en lugar de confrontación, inviertan sus energías en trabajar en equipo. “Lograrlo es algo maravilloso”.

Esa cualidad de negociadora y facilitadora la potenció al dirigir, entre 1993 y 2006, otra organización importante: Futuro Latinoamericano, especializada en conflictos ambientales.

VVIPS at the WWF 50th Anniversary Gala Celebrations 2011
En la Gala por los 50 años de la WWF, Yolanda Kakabadse aparece junto al arzobispo Desmond Tutu (izq.) y Luc Hoffmann, cofundador de esta ONG. Fue en Zurich, el 29 de abril del 2011.

Tutora de cientos de ambientalistas

Con esa generosidad que le caracteriza, también ha sido la mentora de generaciones de ambientalistas de Ecuador y otros países. Así lo afirman Tarcisio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador, y Luis Suárez, vicepresidente y director ejecutivo de Conservación Internacional Ecuador.

Granizo la califica, con énfasis, que “es la mamá de todos los ambientalistas. Tiene todas las herramientas que se necesitan para la gestión nacional y mundial”.

Le encanta orientar y conducir a jóvenes que está tratando de que hacer en su vida para que inviertan todo su potencia y energía en los temas ambientales. Cuando se empieza a conocer de temas ambientales, es un virus que nunca más se lo puede quitar.

Y eso le ocurrió a Luis  Suárez, quien confiesa con orgullo que Yolanda Kakabdse fue su mentora en los inicios de él como ambientalista.

 

Yolanda Kakabadse 7
A la Embajadora Natural de Ecuador le encanta orientar y conducir a los jóvenes hacia el campo del medioambiente. Considera que ellos son quienes tomarán las decisiones en un futuro inmediato.

Sabe que la gente es el principal actor de cambio, que “desde arriba se traza la cancha y los que juegan son los ciudadanos. Es más, los más jóvenes son los que tomarán las decisiones a futuro y deben garantizar cambios importantes desde lo local hacia lo global en busca de un medioambiente sano, seguridad alimentaria y de la vida misma”.

“Desde Fundación Natura apoyé a que unos 300 ecuatorianos abrieron sus horizontes e ilusionarse de trabajar por el medioambiente. Cualquier beca para cursos, maestrías o doctorados, en cualquier parte del mundo, la peleaba hasta que un ecuatoriano llegue allá”, Yolanda Kakabadse.

Convencida de “no hay que dejar de soñar y que lograremos salvar al Planeta”, tras dejar su cargo en WWF, enseguida emprendió nuevos objetivos e inició el fortalecimiento de nuevos campos con Fundación Latinoa.

Incursionará en el mundo de las finanzas para el desarrollo sostenible, al integrarse al B Team, creado para redefinir el papel de las empresas en temas sociales, ambientales y económicos.

Esta organización, cofundada por Richard Branson y Jochen Zeitz, pretende dar mayor énfasis a la conservación de los recursos terrestres, oceánicos y acuáticos. Así busca reducir los gases de efecto invernadero para limitar los efectos del cambio climático.

Su espíritu solidario se potenciará aún más al apoyar en Brasil a una fundación, mediante un panel asesor independiente, en la recuperación la cuenca hidrográfica del río Doce. Esta quedó devastada tras la rotura de los muros de contención de las presas Fundão y Santarém, en el 2015.

Con estas y otras acciones, Yolanda Kakabadse seguirá activa al máximo y haciendo escuchar su voz a favor de la Tierra y sus habitantes.

 

Portrait of Yolanda Kakabadse, WWF International President (Ecua
Desde enero del 2018, Yolanda Kakabadse asumió nuevos retos. Incursionará en el mundo de las finanzas para el desarrollo sostenible y trabajará en un proyecto de recuperación de la cuenca del río Doce de Brasil.  (Foto: WWF Ecuador)

Sus refugios, el contacto humano y la naturaleza

  • Galápagos tiene un significado especial. La primera vez que visitó, en 1966, le invadió un shock mental al darse cuenta que, pese a la arrogancia de creerse superior, el ser humano es una especie más. Le preocupa el incremento de turistas, “por más que se quiera justificar con controles, igual es un impacto. El juego político hace que Galápagos pague un precio tan alto: la calidad del sistema ecológico maravilloso”.
  • El Yasuní es un símbolo y su frustración personal. “No pudimos cumplir el sueño de lograr su preservación para siempre. Los intereses económicos a corto plazo de quienes gobernaban el país pudieron más. Es un símbolo por tratarse de uno de los ecosistemas más valiosos de planeta por su riqueza en biodiversidad.
  • El bosque húmedo tropical es el que más le atrae porque le inspira paz. Se lamenta que el Cuyabeno, por ejemplo, haya perdido mucho de hace 30 años atrás, donde todo era extraordinario.

Su familia, la mejor aliada

  • Sus padres, hijos, hermanos, primos y amigos son sus mejores aliados. Cada uno aportó con sus conocimientos para discutir y proponer ideas, pero sobre todo al sostenerla en momentos de mucha intensidad de trabajo.
  • Sus hijos, la mejor inversión de su vida. Alfonso e Ignacio, desde sus lugares (España y Ecuador) también se preocupan por importa la vida y su alrededor.
  • Admira a Nelson Mandela. Le conoció en persona durante el Congreso de Parques Nacionales de Durban en el 2003. Valora su visión, integridad y capacidad para no perder la cordura en medio de las crisis por la violencia, encierro y soledad que enfrentó
  • A Merry Robinson, expresidenta de Irlanda, la ve como una mujer extraordinaria, con claridad mental y capacidad para contribuir con ideas muy estratégicas. De Mercedes Sosa, resalta el don que tenía de brindar calidez.

 

Galápagos tiene un aeropuerto que se lleva muy bien con el medioambiente

Aeropuerto Baltra
Un parque eólico de tres aerogeneradores (der.) y paneles solares generan la energía eléctrica que se utiliza en esta terminal aérea del aeropuerto Seymour. (Foto: Ecogal) 

Genera energía eléctrica con sus propios paneles solares y parque eólico. Utiliza vehículos eléctricos en la operación diaria, planta de tratamiento de aguas residuales, buena gestión de residuos y monitoreo constante de las especies.

Esas y otras acciones constituyen su principal estrategia para reducir los impactos en el aire, suelo, agua, flora y fauna de Galápagos.

Y ese es el mérito del aeropuerto Seymour de Baltra para convertirse en uno de los primeros de Latinoamérica y El Caribe en recibir la certificación carbono neutro. Lo alcanzó el 18 de diciembre del 2017.

Constituye la entrada principal a las islas Galápagos, declaradas Parque Nacional (uno de los más importante de Ecuador) en 1959 y Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1978. Cada día recibe un promedio 1.200 pasajeros en seis vuelos diarios. En fin de semana se incrementan en 20%.

La certificación carbono neutro es un reconocimiento a los esfuerzos por reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) o gases que afectan al medioambiente. Lo recibió del Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI, por sus siglas en inglés), a través del programa Airport Carbon Acreditation.

Para lograrlo se inició el proceso en el 2014 y “convencidos de que podíamos llegar a ser carbono neutro”, lo asegura Jorge Rosillo, gerente general del Aeropuerto Ecológico de Galápagos. “Ser carbono neutro es una característica que ayuda a cada ser viviente y al planeta mismo”.

Los beneficios palpables están en la reducción de un 25% de ahorros económicos en el gasto de combustible y energía eléctrica al crear una cultura de ahorro y optimización de recursos. Esta se extiende al uso del agua e incluso los materiales, bajo una administración austera.

Ahora esta experiencia de Galápagos busca generar el interés en otros sobre ser cuidadosos y responsables, en especial la filosofía de que se puede ofrecer un servicio de calidad mientras se protege el medioambiente y el respeto a la naturaleza.

 

Los cuatro pilares 

  • Reducir el impacto sobre el aire al generar energía renovable mediante sus propios paneles solares y el parque eólico. Esta alimenta toda la terminal y el funcionamiento de la planta de tratamiento de aguas residuales.  Además adquirió vehículos eléctricos para las operaciones diarias.
  • Reducir el impacto sobre el suelo con una buena gestión de residuos. Los residuos peligrosos (aceites, llantas, pilas, baterías), que se generan en el aeropuerto, se almacenan y entregan a algún Gestor Ambiental o a la autoridad competente.
  • Reducir el impacto en el agua con una planta de tratamiento de aguas residuales. Se aprovecha el 100% del líquido para el riego de plantas en su propio vivero.  Se hacen análisis y estudios de las condiciones para el uso del agua para cada tipo de evento.
  • Reducir el impacto en la flora y fauna mediante un Estudio de Impacto Ambiental. En este se consideran todas las necesidades de protección de la flora y fauna del lugar. Junto con la Dirección del Parque Nacional Galápagos se impulsan monitoreos constantes en Baltra para la preservación de las especies.

 

Rosillo nos cuenta que toda esta estrategia es administrada por el sistema de gestión ambiental del Aeropuerto Ecológico de Galápagos. Se basado en la norma ISO 14001:2015 que incluye la estructura organizativa, planificación de actividades, responsabilidades, prácticas, procesos y procedimientos.

También incluye los recursos para desarrollar, implantar, ejecutar, revisar y mantener al día los compromisos en materia de protección ambiental. “Es un compromiso de cumplimiento permanente”.

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El aeropuerto Seymour es administrado por Ecogal, una empresa de Corporación América, de capitales argentinos y que opera más de 50 aeropuertos en el mundo. (Foto: Julián Zambrano)

El proceso de acreditación

Para alcanzar la certificación carbono neutro, este aeropuerto de Galápagos pasó cuatro niveles. Cada uno de ellos tienen sus objetivos puntuales.

El nivel 1 o ‘Mapping’ (Diagnóstico) en el 2015.  Nivel 2 o ‘Reducing’ (reducción), 2016.  Nivel 3 u ‘Optimización’, 2017 y Nivel 3 o ‘Neutralidad’, 2017.

Práctica 1. Se mide la huella de carbono del aeropuerto. Ese decir, se determina cuánto carbono emite cada año y cuáles son las fuentes de emisión. Esto permite planificar la optimización de recursos y reducir estas emisiones, todo garantizado por la norma ISO14064 y los requisitos de acreditación.

Práctica 2. Se demuestra la existencia de una política de ahorro de energía y por ende baja en carbono, controlando el consumo de combustible y energía.

Práctica 3. Es importante capacitar sobre las emisiones de CO2 al personal y a toda la comunidad aeroportuaria, incluso a quienes no están vinculados directamente a Ecogal, como aerolíneas, proveedores y más.

Práctica 4. Las emisiones que igual se generan producto de la actividad (toda actividad del ser humano genera CO2, no hay forma de no emitirlas) deben de ser ‘devueltas’ al planeta en oxígeno. Se debe compensar al Planeta mediante apoyo económico a otras iniciativas tendientes a la reducción de carbono  y que genera la misma cantidad de oxígeno que el CO2 que aún se exige. Así se llega matemáticamente a la operación de CERO.

En el 2009, la asamblea anual del ACI Europa lanzó el programa Airport Carbon Accreditation. Este permite evaluar y reconocer los esfuerzos de los aeropuertos participantes para gestionar y reducir sus emisiones de CO2.

 

(Más sobre los niveles en: http://www.airportcarbonaccreditation.org/airport/4-levels-of-accreditation)

 

Aeropuerto Ecológico en un Patrimonio de la Humanidad

 

En el 2012 se construyó en Galápagos el primer aeropuerto ecológico y sostenible del mundo.

La certificación fue  concedida por su diseño y construcción adaptados al entorno vulnerable de Galápagos. Esto se refleja en una nueva terminal que optimiza el uso de energía, iluminación natural y consumo de agua.

Está ubicada estratégicamente para aprovechar la luz solar y la brisa marina. Además, en la utilización de materiales ecológicos y reutilizados. Para declararlo ecológico se consideró:

  • El uso de energía renovable en un 100%. Esta proviene de paneles fotovoltaicos y energía eólica.
  • La recuperación de áreas afectadas y la reforestación de flora endémica.
  • La iluminación y ventilación natural adecuada en todos los espacios.
  • La reducción del consumo de agua, tratamiento y reutilización de aguas. La terminal cuenta con su propia planta desalinizadora.
  • La reutilización de más del 80% de material del antiguo aeropuerto.
  • La estructura de la terminal está sostenida por tuberías de conducción de petróleo que fueron traídas de la Amazonia ecuatoriana.
  • La utilización de materiales certificados como  responsables con el medioambiente y el uso de materiales naturales locales.

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En la construcción de la terminal aérea se usaron materiales certificados ambientalmente. Su estructura está sostenida por tubería de conducción de petróleo reciclada en la Amazonía.

 

 

La inversión mundial se conectará más con las acciones amigables con la Tierra

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Los combustibles fósiles como el petróleo están entre los principales causantes del Cambio Climático. El Banco Mundial dejará de financiar su generación. (Foto: Jaime Plaza)

El anuncio genera expectativa. No invertirá más en la producción de petróleo y de gas a partir del 2019. Esa decisión ha tomado el Grupo Banco Mundial y lo hizo público en la Cumbre #OnePlanet en París, Francia, este martes 12 de diciembre.

A  esta cita mundial acudieron jefes de Estado y de Gobierno, representantes del mundo financiero, del sector privado y organizaciones no gubernamentales. El objetivo principal fue acelerar acciones para cumplir con las metas del Acuerdo de París.

GBM adoptó su decisión en apoyo a los países en vías de desarrollo para alcancen sus objetivos del Acuerdo de París, firmado hace dos años como principal herramienta para luchar contra el Cambio Climático.

Solo en circunstancias excepcionales -precisó- se analizará la posibilidad de financiar operaciones hidrocarburíferas en los países más pobres. Es decir, si se trata de casos en que se generen beneficios claros para que los pobres accedan a la energía.

Jim Yong Km, presidente del GBM, anunció que “hay una inversión potencial de 23 billones de dólares, solo para compromisos firmados en París de 21 economías emergentes”.

Ante esto, el ministro de Ambiente de Ecuador, Tarsicio Granizo, destaca esta idea de ‘descarbonizar’ la economía mundial. Es decir, dejar de priorizar la producción y el uso de combustibles fósiles

Además, el Pacto Mundial de Alcaldes por el Clima y la Energía y el BancoMundial anunciaron su alianza, mediante la cual. las ciudades con programas agresivos de acción climática recibirán asistencia técnica y financiera.

Según el GBM, está en camino a alcanzar su meta de destinar para el 2020 el 28% de su financiamiento a iniciativas a favor del clima.

En esa misma onda, el Programa de Medioambiente de las Naciones Unidas (UN Environment) y BNP Paribas firmaron un acuerdo en la Cumbre #OnePlanet.

Se unieron para atraer capital privado por  hacia proyectos sostenibles en los países emergentes.

El objetivo es atraer un capital privado  por 10 millones de dólares hasta el 2025 para financiar proyectos sostenibles en los países emergentes.

La Unión Europea también anunció una inversión de 9.000 millones de euros en planes  y proyectos climáticos.

Asimismo, 150 corporaciones financieras, que manejan activos por 81.7 billones de dólares, se comprometieron a mover sus inversiones hacia otras que no conlleven riesgos asociados al Cambio Climático.

Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de ONU Cambio Climático, resaltó que “Hoy hemos visto una muestra extraordinaria del esfuerzo mundial para hacer realidad las promesas del Acuerdo de París, para ofrecer un futuro climáticamente seguro a todas las personas, en todos los rincones del mundo, contribuyendo a un futuro sostenible para todos los hombres, mujeres y niños”.

Espinosa consideró que “se han movilizado miles de millones de dólares, por parte del sistema de las Naciones Unidas, gobiernos e inversionistas, para llevar a cabo una transformación a escala mundial en sectores como la energía o la agricultura”. Además que se suman a los flujos de financiamiento que ya en marcha desde la Conferencia Mundial de París en el 2015.

 

Las iniciativas de Quito

En su participación en la Cumbre #OnePlanet, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, resalta que se está demostrando que los actores mundiales de las finanzas están alineándose con los objetivos propuestos para combatir el Cambio Climático.

Rodas hizo un ‘Llamado a la Acción’ para que las entidades multilaterales de desarrollo, apoyen la implementación de acciones urbanas que permitan cumplir las metas nacionales y globales de mitigación y adaptación al cambio climático.

Según el Alcalde de Quito, esto se puede lograr con acciones concretas como la peatonización de calles, priorización del uso de la bicicleta, la incorporación gradual de nuevas flotas de buses eléctricos y la reducción de la demanda de transporte en las centralidades.

Durante su intervención, Rodas aseguró que estas acciones ya se iniciaron en Quito, hace más de dos años. La ciudad capital de Ecuador ha sido dotada con más de 300 bicicletas eléctricas públicas.

También se refirió a la construcción de la primera línea del Metro de Quito y que este trazado permitirá, de forma gradual, peatonizar varias calles del Centro Histórico.

Se suma el primer bus articulado eléctrico. El mismo ya se encuentra en periodo de prueba en el Corredor Norte-Metrovía y es un primer paso para la transformación de la flota a vehículos eléctricos.

A escala nacional, en Ecuador también se impulsan diferentes iniciativas de generación de energías renovables. Una de estas es el Parque Eólico Villonaco en Loja (ver video).

 

 

Los anuncios de acciones que se hicieron durante la Cumbre #OnePlanet constituyen intentos para evitar que la temperatura de la Tierra se incremente en 1,5ºC o 2ºC. La consigna es que no tenemos un Planeta B, por lo que a cada uno nos toca cuidar al máximo a nuestro Planeta.

Medio Quito sin agua, el desafío es cuidar las fuentes naturales que quedan

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En el primer día de #QuitoSinAgua, la gente esperó por varias horas la llegada de los tanqueros para abastecerse del líquido.  (Foto: Jaime Plaza)

Más de 600.000 habitantes de Quito se quedaron sin servicio de agua potable tras el derrumbe en El Troje, que taponó el canal de abastecimiento desde el río Pita.

Ante la emergencia, la gente se apresuró en aprovisionarse de botellas y bidones de agua hasta agotar el producto de tiendas y supermercados. El Municipio intenta abastecer con 68 tanqueros, pero es insignificante frente a la magnitud de población afectada.

En medio de la angustia, largas filas de personas aguardaron por horas el abastecimiento en diferentes sectores como el Centro Histórico.

En Quito se consume un promedio de 220 litros de agua potable por habitante por día. La Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas recomiendan que sea entre 50 y 100 litros. 

Tras el percance hecho público la tarde del 6 de diciembre del 2017, se espera que en dos o tres días se supere el problema, que ocasionó serios inconvenientes para la población.

Pero más allá de esa afectación para los habitantes de Quito, quedó al descubierto una preocupante debilidad.

La capital de Ecuador, al igual que la mayoría de ciudades ecuatorianas, carece de suficientes fuentes de captación y abastecimiento de agua. Esmeraldas (ciudad costera), por ejemplo, lleva décadas de clamor para contar con este servicio vital.

Para satisfacer la demanda de sus más de 2’500.000 habitantes, Quito se tiene que abastecer de fuentes que están cada vez más lejanas.

El líquido recorre entre 60 y 100 kilómetros antes de llegar a las plantas municipales de tratamiento. Luego de ser captada en las vertientes de los páramos, cruza y asciende montañas hasta los tanques para un largo proceso de potabilización.

Según la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento de Quito, son cuatro sistemas que abastecen a la capital:

1. La Mica-Quito Sur capta en el volcán Antisana (oriente) y recorre 54 km de tubería, con capacidad de 1.650 litros por segundo.

2. Conducciones Occidentales lleva las aguas de los subsistemas Atacazo, LLoa y Pichincha hacia las plantas El Placer, Toctiuco, Chilibulo, entre otras. Conduce 700 litros por segundo, a través de 90 km. de canal abierto.

3. Papallacta Integrado capta, almacena y conduce agua desde la reserva Antisana. Lo hace por medio de tres embalses, tres estaciones de bombeo, una central hidroeléctrica y 85 km de tubería de acero. Aporta con 3.000 litros por segundo a ocho plantas de tratamiento.

4. Conducciones Orientales, cuya principal fuente de abastecimiento es el río Pita, para abastecer a las Plantas Puengasí, Conocoto y El Placer. Tiene 40,8 km de canal abierto y un sifón invertido de tubería de acero. Tiene capacidad de 3.000 litros por segundo.

 

Sin los páramos no hay agua

 

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Los páramos son las principal fuente de agua para Quito, Cuenca y otras ciudades andinas de Ecuador. (Foto: Epmaps)

 

La emergencia de #QuitoSinAgua, nos lleva a todos los ecuatorianos hacia varias reflexiones. Una de ellas es la importancia de conservar los páramos aún existentes y la recuperación de otros echados a perder.

Pablo Mosquera es biólogo de Gestión Ambiental de la Empresa Pública Municipal de Telecomunicaciones, Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Cuenca (Etapa EP). Él nos hace notar que ciudades andinas como Quito y Cuenca dependen del agua de los páramos, “un ecosistema tan importante para Ecuador y el Planeta en general”.

El páramo, con toda su vegetación, es una especie de esponja que absorbe y almacena el agua de lluvia. La deja correr poco a poco, permitiendo tener el líquido incluso en sequías severas, uno de los efectos del cambio climático. 

Entonces la fórmula es conservar el páramo y el agua. Para eso el desafío es defenderlo de impactos como el crecimiento de la frontera agrícola (cultivos), ganadería, construcción de vías…

Para hacerle frente a esta situación, Cuenca tiene su estrategia para conservar, sobre todo, sus tres principales cuencas hidrográficas: del Tomebamba, Machángara y Yanuncay (las tres nacen en el Macizo del Cajas, reserva de Biósfera, ubicado en el occidente de Cuenca).

Mediante el Manejo Integrado de Cuencas Hidrográficas, de Etapa EP, trabaja con los comuneros que viven en los páramos, a través de acuerdos mutuos por el agua. A cambio les asesoran en el manejo de pastos y de ganadería, aparte de no ampliar la frontera agrícola.

Una estrategia más ambiciosa es la adquisición de los predios donde se asientan las fuentes de agua.

Este tipo de iniciativas, que también se impulsa en Quito, son fundamentales para conservar los páramos. Sumado a eso, el respeto de todos hacia estos recursos naturales, por ejemplo, no encendiendo fogatas que pudieran provocar incendios forestales.

Solo así se garantizará su preservación y recuperación. Se evitará depender de una sola fuente, peor aún  tener que buscar fuentes cada vez más distantes para satisfacer nuestras desmedidas demandas de agua.

Aún más considerando que estamos consumiendo más allá de niveles tolerables. El Atlas Ambiental 2016 alertó que la Huella Hídrica (indicador de consumo) total del Distrito Metropolitano de Quito de 1.027’695.152 m3 de agua potable para el 2011. Ese volumen equivalió al agua que consumirían, hipotéticamente, más de 17 millones de quiteños en un año (población 2011: 2,2 millones).

Tenemos que considerar que el agua dulce es un recurso agotable y encima que la escasez se agravará ante los efectos del cambio climático.

 

Las lecciones para los gobernantes

  • Planes de contingencia para emergencias como la actual.
  • Proyectos factibles de recuperación y conservación de fuentes naturales perdidas.
    • Recuperar los páramos y bosques de los alrededores de Quito.

¡Pilas, ahorra agua desde tu casa!

  • Cierra la llave del lavamanos mientras te cepillas los dientes o te lavas la cara.
  • En vez de hacerlo con manguera, limpia la vereda con una escoba.
  • Báñate en pocos minutos.
  • Lava las frutas y verduras en un recipiente con agua. No bajo el grifo.
  • Detecta y repara toda fuga de agua.
  • Cuando lavas la vajilla, no dejes que siga cayendo el agua del grifo.
  • Prefiere regar el jardín o las plantas en maceta con agua de lluvia.
  • ¿Decidiste lavar tu carro? Utiliza un balde con agua. No la manguera.
  • Si usas lavadora de ropa, mira que el nivel del agua corresponda a la cantidad de prendas.

        (Fuente: http://bit.ly/Ahorraragua)

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Por un poco de agua, la gente de sectores como La Loma (Centro Histórico) recurrió hasta a los remanentes de los hidrantes. (Foto: Jaime Plaza)

 

Las mujeres de Quito que, con sus huertos orgánicos, cuidan la salud del Planeta

Gloria Rosero, pionera Huertos Quito
Gloria Rosero es una de las pioneras de la iniciativa de los huertos urbanos y rurales de Quito. Ella recibió el premio de Naciones Unidas, durante la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, en Bonn, Alemania. (Fotos: Jaime Plaza)

Lleva un sombrero para protegerse del sol intenso y azadón en mano. Rosa María Ramírez se encamina hacia su singular distracción: cuidar de su huerto, que lo adecuó en la parte posterior de su vivienda.

Esta mujer, de 62 años, limpia la hierba de una cantera donde sembrará lechugas y coles. Luego entra a uno de los dos invernaderos para revisar si ya hay tomates riñón como para llevarlos a vender el sábado, en la Bioferia del parque La Carolina. Después recolecta un puñado de ajíes, bien rojos por maduros.

Así entretenida se pasa en su huerto ‘Rosita’, que lo mantiene en la comuna Cocotog, de la parroquia Zambiza, al nororiente de Quito. Allí, por al menos dos horas diarias, se afana en cultivar lechuga, col, coliflor, cebolla, remolacha, zanahoria, apio, albahaca, rábano, acelga, cilantro (culantro), frejol… También siembra hierbas aromáticas como manzanilla, hinojo, hierba luisa, menta, orégano y más.

El verdor es eminente en sus huertos. Ramírez, al igual que sus compañeras, potenciaron habilidades para cultivar hasta en espacios impensados como balcones, terrazas, jardineras y patios de las casas en la zona urbana. Para eso utilizan contenedores reciclados como botellas, llantas, macetas y cajas de madera.

En la zona rural se adecuan los terrenos que cada una tiene junto a sus casas. Incluso, para cultivar productos no tradicionales en la zona como tomate riñón y cherry, pimiento, pepinillo, zuquini, apio y otros, construyeron invernaderos. Les arman con maderas de eucalpito y cubiertos con plásticos térmicos que protegen de los rayos ultravioleta. Según el técnico Pablo Garófalo, constituyen una alternativa de adaptación a las adversidades del cambio climático (temperaturas extremas de frío o calor, lluvias torrenciales o sequías prolongadas).

Rosa María Ramírez, Huertos Quito 2
Rosa María Ramírez tiene su huerto ‘Rosita’ en el barrio San Miguel,  de la comuna Cocotog, parroquia Zambiza, al nororiente de Quito.

Desde hace 10 años, Rosa María es una de las 65.000 personas (el 80% corresponde a mujeres) beneficiadas directamente por este programa que abarca a 3.500 huertos orgánicos. Se trata de una iniciativa de agricultura urbana y autoproducción de alimentos, impulsada desde hace 15 años por el Proyecto Agricultura Urbana Participativa (Agrupar), a través de ConQuito de la Alcaldía de Quito.

Un premio de Naciones Unidas

La iniciativa acaba de ser galardonada con el Premio ‘Impulso por el Cambio’, que Naciones Unidas, a través de Momentum For Change, concede a las soluciones ejemplares en el desafío al cambio climático. Lo consideró como una acción con resultados reales que contribuyen al desarrollo sostenible, es bajo emisiones de carbono y resiliente (capacidad de recuperarse ante la adversidad climática).

Este reconocimiento lo recibió Gloria Rosero, una de las pioneras de este programa, junto con el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, en la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, en Bonn, Alemania.

Ante este galardón de la ONU, Rosero no oculta el orgullo de ser parte del proyecto desde sus inicios. Así como sus compañeras, esta mujer reconoce que la iniciativa cambió sus vidas al permitirles un ingreso económico adicional, a obtener alimentos sanos para sus familias y a potenciar sus gustos por la agricultura.

Para Rosa Ramírez, fue “una bendición” que le permitió dejar el duro trabajo de arreglo de casas, lavar y planchar ropa, que la obligaba a salir de su casa antes que amanezca y volvía al anochecer. Rosa Paucar lo ve como un espacio para la integración familiar, sobre todo cuando con su esposo e hijos labran juntos la tierra.

Con su trabajo diario y silencioso en sus huertos, estas mujeres de Quito ayudan a preservar el planeta de diversas formas. Aprovechan al máximo toda su producción, es decir nada desperdician, aportando así a reducir la Huella Ecológica (impacto generado sobre la Tierra por la demanda de alimentos y más recursos) de la población quiteña.

Si de lo cosechado en sus huertos no logran vender  todo en las bioferias o a sus vecinos, no se hacen lío. Con el asesoramiento de Alexandra Rodríguez, Pablo Garófalo y otros técnicos de Agrupar, aprendieron a transformar sus productos en mermeladas, encurtidos, pasteles, galletas, salsas, frutas deshidratadas, infusiones de hierbas medicinales y mucho más.

Hasta la hierba que sacan de las huertas lo aprovechan para alimentar sus cuyes y gallinas (estos también entran en esta cadena de producción). Otro tanto también lo mezclan con el estiércol de  sus animales para producir abono orgánico mediante el sistema de ‘camas calientes’.

Así es como estas heroínas del Planeta ayudan a que no se contamine el ambiente. Pues evitan que esos desperdicios se sumen a las toneladas de basura que se produce a diario en la capital ecuatoriana.

Todo es orgánico, nada de fertilizantes químicos

Con tal convicción, Gloria Rosero afirma que, además de ayudar a salvar al Planeta, “cuidamos la salud de quienes compran nuestros productos”. Se trata de cultivos, nutridos a punta de abono orgánico. Incluso los protegen con fungicidas orgánicos, que los elaboran con ingredientes como ajo o plantando barreras naturales como la ruda, romero y ortiga en los alrededores de sus huertas para ahuyentar las plagas.

“Además de ayudar al Planeta, cuidamos la salud de quienes compran nuestros productos. Queremos que la gente se alimente sanamente”.

Para controlar el desperdicio y optimizar el uso del agua (recurso bastante escaso en Quito), utilizan el riego por goteo. Los técnicos Rodríguez y Garófalo se especializaron en Israel para asesorarlas con esta y otras técnicas.

En algunos invernaderos se adecuaron mecanismos de recolección de agua de lluvia, para almacenarla en tanques de 200 y 300 litros. Ninguno de estos huertos es irrigado con agua de acequias o quebradas.

De todo en las bioferias

Todas bien uniformadas y con un optimismo desbordante, Rosa Paucar (de Amaguaña), Germania Nacimba (de Conocoto), Eugenia Quizhpe (de Alangasí) y más compañeras ofrecen convincentes sus productos a cada cliente.

La mañana del martes 22 de noviembre, ningún cliente que acudió a la Bioferia de San José dudó en comprarles, al menos, una o dos hortalizas. Teresa Rosero, por ejemplo, se llevó rábano, tomate y manzanilla. Irene Vaca pasó comprando una col, zapallo y chochos. Las dos coincidieron en valorar estos productos agrícolas “por estar libres de pesticidas y otros químicos”.

Los registros de ConQuito señalan que, entre el 2009 y mayo del 2017, de estos huertos orgánicos se comercializó alrededor de 800.000 kilos de productos, para un ingreso total de 1.507.539 dólares. Además, se han realizado 5.379 bioferias en 15 sitios estratégicos del Distrito Metropolitano.

Y esta iniciativa de Quito está garantizada para largo, en especial por el empeño de sus beneficiarias. Así lo demostraron Paucar, Quizhpe y más compañeras cuando, entusiasmadas, recibieron una porción de nueva semilla de zanahoria para sembrarla de regreso a sus huertos y así fortalecer la producción de esta hortaliza.

Bioferia en Valle de los Chillos
Rosa Paucar y sus compañeras acuden cada martes a ofrecer sus productos en la Bioferia de la Hacienda San José, en el Valle de los Chillos (suroriente de Quito).

LAS 15 BIOFERIAS DE QUITOLas bioferias

Rosa María Ramírez, Huertos Quito
Rosa María Ramírez recolecta un puñado de ajíes, bien rojos por maduros. Cada sábado, ella vende sus hortalizas en la Bioferia de la Cruz del Papa, parque La Carolina (norte de la ciudad).

Una vez más la Cumbre sobre Cambio Climático con avances y pendientes

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Casas, cultivos y más fueron arrasados por lodo y palizada en Miguelillo de Abdón Calderón, Portoviejo. Los habitantes de este sector rural de Manabí, provincia costanera de Ecuador, sufrieron graves daños por el desbordamiento de tres quebradas, en marzo del 2017.

Las inundaciones, los tornados y las sequías serán más frecuentes y más severas. El nivel del mar seguirá subiendo carcomiendo más playas y poblaciones costeras. La acidez de las aguas se incrementará provocando la muerte de los corales, hábitat de miles de especies marinas.

Esas son las principales advertencias del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCCC, que agrupa a cientos de científicos expertos en esta temática).

A la par, un grupo de más de 15.000 científicos de 184 países alertó, por segunda vez en 25 años, de las negativas tendencias ambientales que ponen en serio riesgo el bienestar humano y a la Tierra.

La carta titulada ‘Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad: un segundo aviso’ fue publicada en la revista BioScience. En esta misiva, los expertos advierten de que el calentamiento global, las prácticas agrícolas insostenibles, la deforestación, la reducción de las fuentes de agua dulce y la pérdida de vida marina agravan el panorama de los seres vivos y del planeta.

Encontrar medidas y soluciones a esa gravísima situación de la Tierra fue la misión de la Cumbre de Cambio Climático o COP23, al igual que de las cumbres anteriores.

No obstante, la mayor cita mundial sobre Cambio Climático, que finalizó al amanecer de este sábado 18 de noviembre en Bonn, Alemania, dejó un saldo a medias. Los ministros y equipos negociadores de los 196 países lograron avances, pero también dejaron pendientes.

Frank Bainimarama, primer ministro de Fiji y presidente de la COP23, finalmente fue forzado decir, “las discusiones continuarán”, y aprovechar eso como una resolución. Así se advierte en el reportaje escrito por Joydeep Gupta, Charlotte Middlehurst, Yao Zhe y Lili Pike -presentes en la cita de Bonn- para http://www.thethirdpole.net.

Según el reportaje ‘Money remains distant honeypot as climate summit ends’ (http://bit.ly/CumbreBonn), se decidió que el Fondo de Adaptación, destinado a ayudar a los países más pobres a lidiar con los efectos del cambio climático, estaría bajo la égida del acuerdo de París 2015. Los países industrializados se habían opuesto a esto porque temían que les obligaría a poner dinero para el fondo, que ahora está casi en bancarrota.

Trabajando a puerta cerrada, los delegados también finalizaron el diseño de una reunión, llamada Diálogo de Talanoa, programada para la cumbre del próximo año. Ese diálogo originalmente estaba destinado a aumentar las promesas nacionales para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Ahora los países en desarrollo han promovido una discusión sobre el apoyo que deberían recibir de los países desarrollados.

Los países industrializados insistieron en que  se deje en manos de las compañías de seguros las reparaciones económicas por los impactos del cambio climático. Pero los países afectados adviertieron que el seguro no cubría muchas de las catástrofes. El problema continuará discutiéndose el próximo año.

Hubo otros aspectos positivos en la cumbre de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), especialmente en dos áreas: los gobiernos avanzaron en el desarrollo de un ‘reglamento de París’, que permitirá la puesta en práctica del acuerdo. Este regirá en el 2020. Y los países en desarrollo tuvieron su deseo de discutir lo que los países industrializados habían hecho y están haciendo para combatir el cambio climático en este momento, antes de 2020.

Se resolvieron otros dos problemas pendientes desde hace mucho tiempo. La COP23 finalizó un Plan de Acción de Género que pondrá más énfasis en los impactos desproporcionados del cambio climático en las mujeres, especialmente cuando el calentamiento global está haciendo que la disponibilidad de agua sea menos segura.

También preparó un plan para tener una participación más significativa de las comunidades indígenas en la toma de decisiones climáticas globales.

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En las primeras horas de la mañana de este sábado 18 de noviembre finalizó la COP23. Durante la cita mundial, sobresalieron más las iniciativas individuales en la lucha contra el cambio climático. (Foto: UNFCCC)

Las iniciativas individuales o grupales permitieron un mejor saldo positivo de la COP23. Una de estas es la ‘Powering Past Coal Alliance’. Países como Reino Unido, Canadá, Francia, Finlandia y México formaron una alianza para acelerar el crecimiento mediante energías no contaminantes y lograr una eliminación rápida y gradual del carbón como fuente de energía.

Además fue espacio para resaltar propuestas como la de los huertos urbanos y rurales de Quito. Esta iniciativa impulsa la agricultura orgánica entre las mujeres de la capital de Ecuador, aprovechando espacio como terrazas, balcones, huertas y más.

 

 

 

Los pueblos indígenas exigen su espacio en los compromisos sobre Cambio Climático

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En la Amazonía coexisten los pueblos indígenas y la naturaleza. (Foto: José Proaño)

Bajo el cuidado y la responsabilidad de los pueblos indígenas está el más grande ‘refrigerador de la Tierra’. La Amazonía es el bosque tropical más extenso que supervive en el planeta y su mayor parte está dentro de los territorios indígenas.

A estos bosques se los considera no solo un pulmón del planeta sino fundamental es el ecosistema que regula el clima y estaciones del año, incluso fuera del continente americano.

Es la esponja más grande que absorbe las incalculables cantidades de dióxido de carbono (CO2, uno de los gases de efecto invernadero o más contaminantes de la atmósfera), producidas por el ser humano con sus industrias y consumo, y que contamina y altera las condiciones climáticas del planeta.

Al mismo tiempo de absorber el CO2, sus gigantes y coposos árboles devuelven oxígeno, para que pueda seguir respirando todo ser vivo. A la vez que -resalta la WWF- generan 20 billones de toneladas de agua al día, creando un río aéreo de vapor igual o más importante que el caudal del Amazonas.

Los bosques amazónicos son lo más importante para los pueblos indígenas amazónicos y estos a la vez para los bosques. Allí coexisten la naturaleza y el ser humano, sus vidas están unidas a la selva y a sus territorios.

Bosques Amazonía
La vida de los indígenas amazónicos está estrechamente relacionada con la selva y sus territorios. (Foto: Eduardo Pichilingue)

La WWF calcula alrededor de 400 pueblos indígenas, repartidos en miles de comunidades, habitan la Amazonía por milenios. En Ecuador son los Waorani, Shuar, Achuar, Cofanes, Záparas y otros, además de dos pueblos aislados.

La experiencia de José Proaño, director América Latina Land is Life, en sus visitas permanentes a los pueblos de la Amazonía de Ecuador, le faculta afirmar que los pueblos indígenas mantienen vivas miles de hectáreas de bosques y evitando la deforestación.

Incluso, muchos de estos pueblos resguardan los bosques en medio de amenazas y riesgos por conflictos y desplazamientos por extracción en concesiones petroleras y mineras, madereros, centrales hidroeléctricas, plantaciones de palma africana… Esto ocurre con pueblos como Waorani con las petroleras y Shuar con las mineras, en la Amazonía ecuatoriana. Igual pasa con los pueblos Awa del norte de Ecuador y Sur de Colombia, con la minería ilegal. Ese drama afrontan a diario los pueblos de la Amazonía de Ecuador, Perú, Colombia y Brasil.

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En medio de los bosques tropicales de la Amazonía viven alrededor de 400 pueblos indígenas repartidos en miles de comunidades. (Foto: José Proaño)

Según WWF, solo el 8% de la deforestación que afecta a la Amazonía ha ocurrido en territorios indígenas. Al contrario, cerca del 90% se ha registrado en los bosques sin protección.

Entre los ecosistemas claves están las sabanas de los desiertos africanos, el Gran Chaco que abarca Argentina, Paraguay y Bolivia, entre otros.

Así es cómo los pueblos indígenas cumplen un papel determinante en la lucha contra el Cambio Climático. Por eso exigen un espacio o también denominado plataforma para la situación de los pueblos indígenas sea discutida en las reuniones preparatorias y cumbres mundiales sobre cambio climático.

Esa exigencia de resultados la hicieron escuchar, por ejemplo, durante las protestas de este martes 14 de noviembre en Bonn, escenario de la COP23.

Aunque con lentitud, según el ministro de Ambiente de Ecuador, Tarsicio Granizo, este proceso avanza en reconocimiento estos pueblos indígenas y su lucha contra el cambio climático. Lamentó que aún haya países en los que “ni siquiera reconocen a estos pueblos como actores fundamentales en el cuidado de los bosques, como herramientas de mitigación y adaptación al cambio climático.

Sin embargo, hasta ahora solo el 2% de los fondos climáticos es dirigido a la protección de estos bosques, reveló Josefina Braña, de WWF. Además, que los pueblos indígenas necesitan el acceso directo a estos fondos y que el resguardo de sus territorios también tiene que ser considerada dentro las negociaciones de cambio climático.

El ecólogo Eduardo Pichilingue resalta que las organizaciones indígenas, desde hace algunos años, “han tomado un camino para demostrar que sus territorios aportan mucho más que incluso las áreas protegidas”. Su lucha es por la legalización de sus territorios ancestrales, sustentada en información científica.

Esta propuesta la defiende la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) en la COP23, igual como lo hizo en las anteriores cumbres.

Durante la cita mundial, Dirk Embert, de WWF-Alemania, alertó que “si perdemos la Amazonía, perdemos la lucha contra el cambio climático”.

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Expertos, ambientalistas y comunidades indígenas coinciden en la importancia de cuidar la Amazonía en la lucha contra el cambio climático. (Foto: José Proaño)