¡Un premio mundial por cuidar la Amazonía!

Dotar a la población de agua saludable es uina de las acciones en las comunidades. Fotos: Alianza Ceibo y Amazon Frontilnes.

ECUADOR. Con y una otra iniciativa innovadora, inyectan esperanza y vida en las entrañas mismas de la Amazonía. Es por esa misión que Alianza Ceibo acaba de ser galardonada con el Premio Ecuatorial 2020 de las Naciones Unidas.

¡Es una gran noticia para Ecuador en medio de las crisis sanitaria por el Covid-19! Alianza Ceibo, una organización de la Amazonía ecuatoriana, es parte de los ganadores de este reconocimiento que, cada año, hace el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), junto a sus socios. Es una forma de incentivar a quienes unen fuerzas para defender a la biodiversidad y luchar contra el cambio climático.

Las comunidades galardonadas

Alianza Ceibo cobija a las comunidades Waorani, Siona, Cofán y Siekopai de la Amazonía ecuatoriana.

El PNUD informó que las 10 comunidades locales e indígenas ganadoras, entre ellas Alianza Ceibo, fueron escogidas de entre 583 nominaciones de más de 120 países. Los ganadores serán reconocidos durante la Semana del Clima de Nueva York, paralelo a la Cumbre de la Naturaleza, a finales de septiembre.

En la décimo primera edición del Premio Ecuatorial se galardonará a comunidades de Ecuador, Canadá, Myanmar, República Democrática del Congo, Indonesia, Madagascar, Kenya, México y Tailandia. “Las organizaciones ganadoras muestran soluciones innovadoras basadas en la naturaleza para abordar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático”.

Según el PNUD, los logros de estas comunidades también evidencian cómo las comunidades y pueblos indígenas han enfrentado los legados de desventaja y discriminación en apoyo de su gente. “Lo hacen a través de una diversidad de soluciones excepcionales que se basan en la naturaleza”, enfatiza el administrador del PNUD, Achim Steiner.

Cada ganador recibirá 10.000 dólares. Además, la oportunidad de participar en una serie de eventos especiales relacionados con la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Cumbre de la Naturaleza de la ONU y la Semana Global del Clima, en Nueva York.

En las entrañas de la Amazonía

Alianza Ceibo integra a los pueblos indígenas Waorani (provincia de Pastaza), Siona, Cofán y Siekopai (Sucumbíos), en torno a la misión de proteger más de 20.000 km2 de selva amazónica de Ecuador.

Se trata de una alianza dirigida por indígenas que ha puesto en marcha diferentes alternativas frente al extractivismo minero-petrolero y los monocultivos comerciales habituales.

  • Aprovecha la energía solar para las comunidades.
  • Dota de sistemas de agua limpia.
  • Defiende los derechos humanos de los pueblos indígenas.
  • Apoya a las asociaciones de mujeres en sus diversas propuestas productivas
  • Impulsa el monitoreo ambiental y mapeo territorial.
  • Comunicación comunitaria.

Estas propuestas empezaron allá por el 2011, cuando decidieron reunirse en torno a una alianza para trabajar por sus territorios, la supervivencia cultural y la construcción de soluciones alternativas viables para mejorar la calidad de vida en las distintas comunidades.

Con el apoyo de Alianza Ceibo y Amazone Frontlines, se han construido, por ejemplo, sistemas de captación de agua lluvia en 80 comunidades Kofán, Secoya, Siona y Waorani.

Antes se abastecían con agua de los ríos para beber, cocinar, lavar y bañarse. Pero los afluentes han sido gravemente contaminados por ser una zona tomada por la explotación petrolera y minera, plantaciones de palma africana y las urbes. Por eso para las familias de estas comunidades se ha vuelto cada vez más difícil tener acceso a agua limpia, volviéndose una de las razones para el deterior de la salud de la población.

Los sistemas de agua fueron el punto de partida para las otras diferentes iniciativa, al darse cuenta que “existen más necesidades y mucho más trabajo que hacer”.

Por ejemplo, en la provincia de Sucumbíos, norte de la Amazonía ecuatoriana, la comunidad A’I Cofán de Sinangoe, asentada en las orillas del río Aguarico, salió victoriosa contra la minería en el 2018, al obtener una sentencia que reconoció su derecho a la consulta previa, al agua, a la naturaleza y al medio ambiente.

Un año despues, en el centro-sur de la Amazonía, en la provincia de Pastaza, comunidades Waorani triunfaron frente a las empresas petroleras, con un juicio histórico. En julio de ese año, la Corte de Justicia de Pastaza ratificó la sentencia que impide el ingreso de las petroleras a 180.000 hectáreas del bdenominado bloque 22, incrustado en el Territorio Waorani.

El traslado de los paneles solares en canoa para dotar de energía eléctrica a las comunidades.

“Es un honor para nosotros contar con el reconocimiento de organizaciones internacionales de mucho prestigio como es la ONU. Nos sentimos muy agradecidos por este premio que honra nuestro trabajo y la lucha que realizamos en favor de nuestras vidas, nuestra selva y nuestras culturas”.

Alicia Salazar, mujer siona directora ejecutiva de la Alianza Ceibo

Estas comunidades indígenas miran a la Amazonía como la vida misma para nuestro Planeta. Pero cada día afrontan graves amenazas desde las petroleras, mineros, madereros, ganaderos y peor aún los grupos armados que ponen en peligro sus vidas y sus territorios. Aún más, los gobiernos no solo que no defienden los derechos de los pueblos amazónicos sino que lo irrespetan al insistir en el extractivismo, desplazando a la fuerza a los dueños ancestrales de estos territorios.

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Las manos aliadas para supervivir confinados por el coronavirus

Las familias de Ucumari, cantón Nabón (Azuay), se juntan en minga para la cosecha. Foto: Archivo / Jaime Plaza

ECUADOR. Hortalizas, legumbres, maíz, papa, yuca, banano, frutas, granos… Esos y más frutos no han faltado en las mesas de miles de familias ecuatorianas, sobre todo de aquellas que se refugian temerosas en las urbes ante el avance incontrolable del nuevo coronavirus.

Mientras todos estamos confinados, ellos se ingenian modos para esquivar el riesgo de contagio y se afanan en cuidar sus huertos y cultivos, plantados en los diversos parajes de la Costa, Sierra y Amazonía. Así lo hacen durante la Emgencia Sanitaria, igual como lo han hecho desde siempre.

En este ‘interminable’ confinamiento por la Covid-19, sobre todo en las primeras semanas, estuvieron entre los que más abastecieron la demanda de alimentos. Así la mirada se volvió hacia los campos y se valore la verdadera importancia como proveedor de alimentos.

Lo hicieron desde diferentes frentes, como iniciativas individuales o en grupos, con el apoyo de programas y organizaciones.

Mujeres y hombres ofrecen los productos que cosechan en sus huertos urbanos agroecológicos. Fotos 2, 3, 4 y 5: Cortesía Conquito

Uno de esos ejemplos constituyen los huertos urbanos y familiares, impulsados por el Proyecto de Agricultura Urbana Participativa (Agrupar) del Municipio de Quito. Aunque están productivos desde hace varios años, esta propuesta se visibilizó durante la Emergencia Sanitaria, declarada desde el 17 de marzo, y los vecinos son los principales compradores.

Pablo Garófalo, experto del Proyecto Agrupar de Conquito, resaltó que la prioridad es el autoabastecimiento de alimentos para cada familia, vecinos y el barrio. “Por temas de movilización se ha atendido poco a la ciudadanía. Pero en algunos sectores, aunque en pequeñas cantidades, sí se logró entregar canastas a domicilio”. Mantienen los precios y la presentación como productos agroecológicos, que le da un valor agregado al tradicional.

El excedente también se oferta mediante mecanismos como la canasta popular de Agrokawsay de la Prefectura del Azuay, trueques (el randi randi o dando y dando con intercambio de productos, bajo el principio de reciprocidad) y donaciones. Como estrategia, se adquieren los productos componentes del canasto en los propios lugares de producción. Así abasteció con 22.000 canastas agroecológicas, compuestas por 20 productos, y 26.000 canastas solidarias hasta el 15 de mayo.

Dolores Morocho, integrante de la Asociación San Juan Bautista del cantón Nabón (sur de la provincia del Azuay, en el Austro ecuatoriano), no solo vendió más a sus vecinos, sino que también envía sus productos agroecológicos a la Megatienda, de Cuenca.

En cambio, el Programa Pequeñas Donaciones de Ecuador optó por acudir, mediante ‘proyectos ágiles’, en ayuda de 7.472 familias de las organizaciones comunitarias y pueblos de nacionalidades indígenas. Anamaría Varea, coordinadora del Programa, se contactaron con las familias y dirigentes para conocer en qué condiciones estaban y qué necesidades atender en la Emergencia Sanitaria. Se asignaron un fondo de hasta 5.000 dólares para contribuir a los planes comunitarios frente a la emergencia sanitaria, además de entregarles semillas e insumos para fortalecer sus huertos y parcelas agroecológicos.

Se priorizó la soberanía alimentaria del núcleo familiar, reforzando la agricultura agroecológica, y la comercialización de los excedentes de su producción. Para eso se les dotó de mascarillas, trajes antifluidos y guantes, sobre todo para que la entrega de canastas agroecológicas se haga con todas las seguridades sanitarias o de asepsia que exige el comprador para evitar el riesgo de contagio con la Covid-19.

Además, identificaron a grupos vulnerables, como familias con personas con discapacidades, enfermedades catastróficas y de la tercera edad para ayudarles con kits de alimentos.

No solo desde ahora ante la Emergencia Sanitaria que afrontamos los ecuatorianos, estas y otras propuestas se volvieron las manos aliadas para miles de familias. Son el resultado de procesos persistentes y que hoy pueden ser tomados como ejemplo en cada hogar como fuentes proveedoras de alimentos.

los huertos urbanos de quito

Rosa Ramírez muestra con orgullo lo que producen los huertos urbanos.

El Proyecto de Agricultura Urbana Participativa está en los diferentes barrios de Quito desde hace casi dos décadas. Hoy son alrededor de 1.400 iniciativas de personas, familias urbanas, periurbanas y rurales, y asociaciones barriales.

En estos huertos urbanos y familiares se cultivan hortalizas como lechuga, col, rábano, apio, albaca, brócoli, acelga, pepinillo, zuquini, y otros, además de frutas como mora, frutillas, babaco, tomate de árbol… hierbas medicinales como manzanilla, hierba luisa, orégano y más.

Aprovechan todo espacio posible para plantar sus huertos: terrazas, balcones, patios y pequeños terrenos aledaños a sus viviendas.

Varios hogares complementan la oferta con animales menores como gallinas, pollos, codornices, cuyes, conejos y trucha. También se incluye alimentos como encurtidos, mermeladas, granolas, quesos, pan, entre otros.

Su valor agregado radica en la agricultura, cuyos cultivos se nutren con abono orgánica. Por eso en el 2017, esta iniciativa de Quito fue galardonada con el Premio ‘Impulso por el Cambio’, que entrega Naciones Unidas, a través de Momentum For Change, a las soluciones ejemplares de desarrollo sostenible en el desafío al cambio climático.

Por una agricultura amigable

En plena siembra en la comunidad caluquí, cantón Otavalo, en Imbabura. Fotos: PPDEcuador

Trabajan en equipo y cobijados por asociaciones, poniendo en práctica la agricultura amigable con la naturaleza, a través de una propuesta agroecológica y agroforestal.

El Programa de Pequeñas Donaciones Ecuador (PPDEcuador) es encaminada por el Fondo para el Medioambiente Mundial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Prioriza a los sectores indígenas y campesinas, que están organizados y están comprometidos con la conservación de la biodiversidad.

Según Anamaría Varea, el trabajo se enfoca en la propuesta de biocorredores del buen vivir, es decir no solo se trata de mantener una producción sostenible sino también de cuidar los ecosistemas frágiles como los páramos en la Sierra, la selva en la Amazonía y los manglares en la Costa.

Desde el PPDEcuador, se asignan hasta 50.000 dólares y un monto similar de cofinanciamiento, además de implementar sus bancos de semillas, por cada unidad de biocorredor. Esta es considerada como un refugio de vida silvestre y cuidada por varias organizaciones que trabajan a través de un comité de gestión.

Mediante motivadores comunitarios, se incentiva el retorno a la producción en las huertas familiares, en las chacras o las fincas. El tipo de productos depende de la región y son sobre todo de ciclo corto.

Las frutas y más productos de ciclo corto.

Involucra a comunidades campesinas y pueblos indígenas, agrupadas en redes. Está, por ejemplo, la Red de Economía Solidaria y Soberanía Alimentaria del Territorio Kayambi (RESSAK), en el cantón Cayambe, provincia de Pichincha, que abarca a 270 familias.

Desde el PPDEcuador se da la asistencia de equipos técnicos, acompañamiento y monitoreo a los procesos de producción y fortalecimiento de las capacidades de las organizaciones.

También apoyan para lograr alianzas estratégicas con los municipios y otros aliados estratégicos como las universidades. Ahora en la fase operativa 7, por ejemplo, se trabajará con las comunidades vinculadas al programa Socio Bosque, del Ministerio del Ambiente, para respaldar sus bioemprendimientos.                  

Productos limpios de nabón y más

Agricultores de Ucumari, en Nabón, en plena cosecha de cebada. Fotos: Jaime Plaza

Las familias del cantón Nabón, al sur de la provincia de Azuay, también están empeñados en los cultivos orgánicos. Siembran hortalizas lechuga, brócoli, remolacha, zanahoria y frutas como tomate, mora y fresas.

En sectores como Ucumari, sus habitantes también siembran cebada, maíz y hasta café orgánico en la zona baja.

La cosecha del café orgánico en Ucumari, occidente de Nabón.

Están bajo el proyecto Nabón Productos Limpios, que incentiva a la producción agroecológica y es encaminado desde la segunda administración de la  alcaldesa Magali Quezada (2014-2019). Hoy engloba a más de 45 agricultores de ocho asociaciones.

No muy lejos de ahí, en Zamora Chinchipe, provincia del sur de la Amazonía, están los huertos orgánicos que, en la administración del anterior prefecto Salvador Quishpe, fueron cobijados por el proyecto ‘Territorios de Producción Limpia’. Acogió a cerca de 500 familias, que producen para consumo propio y para la venta, además buscando reducir los pastizales y de reforestar las áreas degradadas con cultivos de café y cacao.

Así desde la Costa, la Sierra o la Amazonía, los pequeños productores, agricultores y campesinos se convirtieron en la gran mano aliada para resistir el confinamiento, en especial con el abasto de alimentos desde sus huertas y campos. Hoy son el ejemplo a seguir en el afán de contar con productos propios para la subsistencia alimenticia.

Igual que ahora, en tiempos normales, en mercados de la Amazonía, como el del cantón Yanzatza, se podía encontrar yuca, verde, papaya y mucho más.

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Entre ríos, cascadas y senderos, la cuestión es cuidar la naturaleza en Zamora Chinchipe

Paseo Yantzaza
Un recorrido rodeado de naturaleza y en lancha por el río Zamora es parte de la propuesta de atractivos turísticos en el cantón Yantzaza. (Fotos: Jaime Plaza)

Zamora Chinchpe. A cada árbol de balsa ahora lo cuidan como un auténtico tesoro verde, porque ya no quedan muchos. Los indígenas shuar aprendieron a protegerlo, como una forma de ayudar contra la deforestación que arrasa con los bosques de la Amazonía ecuatoriana.

José Antosh, indígena shuar de San Luis, entendió que, en vez de seguir talando, había que cuidar este tipo de árboles y otros que aún quedan en sus bosques. Él los encuentra solo en la ribera del Nayumin (que desemboca en el río Chuchumbletza y este a su vez alimenta al majestuoso Zamora).

Esos árboles de balsa nacen en este tipo de zonas, porque su semilla llegan hasta allí, al bajar con la corriente. Y crecen hasta que, a los dos años, están para utilizar como madera, solo en cuestiones necesarias como la construcción de balsas.

Esta vez, Antosh tuvo una muy buena razón. Se aproximaba el concurso de balsas tradicionales, como parte de los eventos por la II Feria Provincial de Turismo (FEPTURY 2018), en el cantón Yanzatza, y junto con sus sobrinos Juan y José decidieron participar este año. 

José utilizó para armar la embarcación tradicional, en la que sus sobrinos navegaron por el río Zamora aguas abajo, en competencia con otros siete equipos participantes.

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Juan y José Antosh están en plena competencia de balsas tradicionales en el río Zamora. (Foto: Carlos Medina)

Balsa 3
El concurso de balsas busca rescatar la tradición del uso de estas pequeñas embarcaciones y concienciar el cuidado de la naturaleza.

La mayoría de las 18 familias que viven en el barrio San Luis (a dos horas de Yantzaza) también lo usan como material para construir sus casas shuar. Lo complementan con maderas como chilca. “En esta época ya no corta mucho. La gente aprendió a cuidar la palma”, lo dice José con cierta satisfacción.

Estas familias viven de cultivar la papa china, pelma (parecida a la palma y consumen los cormos y las hojas tiernas), maíz, caña, guineo, plátano y más.

Lo complementan con la pesca de languilla, blanco, corroncha y bagre. Claro que igual, concientes de no depredar, lo hacen con con anzuelo y máximo atarraya.

 

Senderos, cascadas y cuevas

Una aventura única en medio de su naturaleza amazónica es lo que ofrece el ‘Valle de las Luciérnagas’, como también se conoce a Yantzaza. Para eso, ofrece rutas como ‘Los Guayacanes‘, con senderos por entre sus bosques, cascadas y piscinas naturales que se forma en sus caídas, cuevas y más formaciones extrañas.

En cada tramo que recorre, el visitante se cautiva con la naturaleza que le acoge. Hasta se ve atraído de darse un chapuzón bajo el chorro de agua, que cae en las cascadas ‘La Luna’, ‘El Tobogán’ y ‘La Corazonada’.

El incesante golpetear de las aguas cristalinas del río, que desciende zigzageante, se vuelve un murmullo que acompaña al caminante que avanza por sus orillas.

Ruta Los Guayacanes
La cascada ‘El Tobogán’ es uno de los lugares preferidos para darse un chapuzón en la ruta ‘Los Guayacanes’.

Para los apasionados por la espeleología, esta ruta es su destino. Aquí su mayor atractivo son las cuevas ‘Guayacanes’ y la ‘Del duende’. En la primera, se encontrarán con estalactitas  y estalagmitas (rocas del techo y del suelo, que en entornos naturales suelen aparecer en cuevas calizas donde se forman por depósitos de carbonato cálcico), y otras formas de vida. Sobre la segunda cueva, los comuneros de la zona cuentan que “allí llega a descansar un duende”.

Cueva
En la cueva ‘Guayacanes’ se puede adentrarse unos 25 metros y sentirse en las mismas entrañas de la tierra.

También sorprenden aquellas rocas, por su extraña formación, parecen suspendidas en el espacio. A este espacio en la ruta ‘Los Guayacanes’ se lo conoce como ‘El Balcón’. Pues, por sus protuberancias o largos picos, dan la apariencia de un balcón, desde donde se pudiera apreciar un panorámica de este bosque amazónico.

Ruta Los Guayacanes 1

Esto y más se encuentra a largo del Circuito de ‘Los Guayacanes’, que el Municipio de Yantzaza, con el apoyo de la Prefectura de Zamora Chinchipe, impulsa como propuesta turística para atraer visitantes locales, nacionales y extranjeros.

La ruta se inicia en el puerto turístico que se construye en la ribera occidental del río Zamora, en Yantzaza y termina con el recorrido por el sendero de ‘Los Guayacanes’.

Lo que ofrece la ruta ‘Los Guayacanes’

  • Paseo en lancha por el río Zamora.
  • Recorrido en ranchera o chiva hacia el sector El Salado, en la parroquia Chicaña.
  • Senderismo, rapel, chapuzón, espeleología… en la ruta ‘Los Guayacanes’.

Este paseo se puede complementar con visitas a sectores como San Vicente de Caney, una comunidad de la nacionalidad Saraguro. Allí puede descubrir sus balcones y jardines floridos, artesanías, rituales, telares y elaboración de queso. Incluso cuenta con alojamiento.

Comunidades shuar como Nankais ofrece artesanía y gastronomía típica como caldo de gallina criolla y tilapia. Masuk Las Vegas presenta artesanía y danza shuar. El atractivo de San Luis y de Numbaime son sus artesanías y la cascada ‘Tuna Shirma Nua’.

Para hospedarse, alimentarse y trasladarse

  • Yantzaza como destino de ecoturismo cuenta con las facilidades necesarias para hospedaje con sitios de alojamiento. Entre estos está el Hotel Alejandro, diagonal al Complejo Deportivo y a 50 metros de la Terminal Terrestre. 
  • Para alimentarse, el turista puede hacer en diversos restaurantes y de acuerdo con su presupuesto. Eso sí la recomendación infaltable es que degusten las ancas de rana, en sus diversas presentaciones como parte de la exótica gastronomía del lugar.
  • Para llegar a Zamora Chinchipe, se dispone de diferentes empresas de transporte interprovincial que parten desde las terminales de Quito, Guayaquil, Cuenca, Loja y otras ciudades.

Esta ruta la puede completar en un día, porque Yantzaza y Zamora Chinchipe, en sí, les tienen listos muchos más atractivos y sitios para admirar. Uno de ellos es el gran Valle del Nangaritza, pero esa ya es otra historia.

Sendero
Es recomendable llevar ropa cómoda, además de zapatos adecuados para caminata, para avanzar por entre el zigzageante sendero en medio del bosque amazónico.

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Los comuneros del Cuyabeno le ‘retratan’ al jaguar de la Amazonía

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El sistema de ‘cámaras trampa’ permitió capturar en imágenes al jaguar, el felino más grande de América, en la Reserva del Cuyabeno, norte de la Amazonía. (Fotos y video: WWF)

Amazonía. Una maravilla. Libres y en estado natural en plena selva. Así, ellos, los habitantes de la comunidad indígena kichwa Zancudo Cocha (corazón del Cuyabeno), tienen el privilegio de encontrarlos en su hábitat al jaguar, al puma, al oso hormiguero gigante… Y ahora aún más, los inmortalizan gracias a esa magia de la tecnología.

Es que los comuneros decidieron acoger en su territorio a la inédita propuesta de instalar un sistema de 60 ‘cámaras trampa’, con el impulso del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Aprendieron cómo hacerlo y se adentraron en sus bosques para instalar los dispositivos en sitios estratégicos, como saladeros, bebederos y otros espacios a donde suelen acudir las especies, sobre todo en busca de alimento. 

Esta experiencia, a Claudia Gualinga, monitora de biodiversidad y profesora de la comunidad, le resulta muy interesante, porque considera que esta labor les permite conocer mucho mejor su territorio. “Es inmenso (172.000 hectáreas) y algunos no lo conocemos”.

Por eso, los habitantes de la comunidad reaccionaron muy emocionados cuando, durante una reunión de socialización, vieron las fotografías captadas por las cámaras trampa. Así lo recuerda Jessica Pacheco, oficial del Programa Bosques y Agua Dulce de WWF. 

Saúl Tangoy, uno de los monitores comunitarios, confiesa que “la idea era comparar cuántas especies hay en lugares intervenidos y en los menos intervenidos. Parece que no hubiera muchos animales, pero sí ha habido porque salen en las fotos de las cámaras”.

El asombro y cierto temor se apoderaron de los niños cuando vieron las fotos del gran jaguar. Con ellos, según Pacheco, hay que trabajar para que estas especies grandes no sean vistas con algo peligroso, sino como algo importante para el desarrollo de las comunidades, a través del turismo y obtener financiamiento por la conservación.

Para eso, WWF implementa un plan de educación ambiental en cuatro escuelas de igual número de comunidades asentadas en las riberas del río Aguarico.

Las especies del Cuyabeno 

Tras los primeros cuatro meses de funcionamiento de las ‘cámaras trampa’, ya existe un primer resultado. Hoy se cuenta con cientos de imágenes y videos de 20 especies entre felinos, aves, primates y roedores que habitan la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno, provincia de Sucumbíos.

Capturaron, pero en imágenes, al jaguar (el felino más grande de América y tercero del planeta), al leopardo, al puma y al oso hormiguero gigante. A estos se los ve en su caminar sigiloso en busca de alimento, en medio de la selva.

“Si los jaguares se encuentran en buen estado, significa que tienen suficientes presas para alimentarse. Lo que a su vez indica el buen estado de las poblaciones de todas las otras especies en la cadena alimenticia, y, por ende, del bosque en general”.

También están las fotos y los videos de la guatusa, cabeza de mate, ardilla, halcón blanco, monos capuchino y ardilla, venados marrón y colorado, armadillo gigante, danta…

El bosque primario (constituye el 79% del territorio comunitario) es el espacio donde se aterriza este proyecto, impulsado con fondos de WWF de Alemania y Bélgica y el Ministerio del Ambiente de Ecuador (MAE)

Así Reserva del Cuyabeno es el laboratorio que pone a prueba la posibilidad de una convivencia armónica entre la comunidad indígena y la selva. Se aprovechó el acercamiento existente a partir de proyectos anteriores.

Todo empezó a finales del 2016. Según Jessica Pacheco, en este entonces se inició la capacitación de los monitores comunitarios. Estos se unieron por iniciativa propia, luego de la socialización del proyecto, y fueron escogidos de acuerdo con el interés que mostraron. 

Además, este proyecto de monitoreo biológico, conocido como ‘Jaguar’, es una iniciativa trinacional de WWF Ecuador, Colombia y Perú.  La idea es ejecutarlo en la zona fronteriza de estos tres países.

En Ecuador está el Cuyabeno y en Perú se lo ejecuta en la Reserva Nacional de Gueppi. En Colombia todavía se busca definir el lugar, ya que no se pudo acceder a los sitios antes designados por la desmovilización de grupos armados.

 

 

Un primer objetivo de esta propuesta es monitorear este territorio para establecer un mecanismo de protección frente a madereros y cazadores furtivos.

Desde la WWF se reconoce que la comunidad Zancudo Cocha, como muchas otras de la Amazonía, “se basa en una economía de subsistencia. Sus pobladores viven de lo que cazan, pescan y siembran en sus chacras”.

Aparte, la creciente necesidad de ingresos económicos ha llevado a esta y otras comunidades a involucrarse en actividades como la comercialización de carne de monte. Es decir, a la venta ilegal de carne de guantas, monos, guatusas, venados y más.

El mayor impacto de esta amenaza es sobre una especie emblemática, el jaguar. Al ser un depredador tope, es considerado una ‘especie paraguas’. Esto quiere decir que las poblaciones de jaguar resultan un indicador del estado de los ecosistemas.

El problema no es solo interno. Pues son muchas las amenazas externas, como el tráfico ilegal de madera.

Los monitores comunitarios

 

 

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Asimismo, para la gente de Zancudo Cocha, esta experiencia constituye una reconexión con la naturaleza, mientras aprenden sobre el bosque, las especies que allí habitan y su importancia para la conservación del ecosistema. 

Hombres y mujeres involucrados en este proceso recibieron el equipamiento. Además, los técnicos de la WWF y del MAE les capacitaron en el manejo de GPS o sistema de ubicación y de las cámaras trampa. Claudia Gualinga, por ejemplo, aprendió a instalarlas, darles mantenimiento, recoger la información de las cámaras en el sitio mismo e interpretar datos.

Paso a paso aprendieron hasta preparar el terreno para montar una cámara, crear una zona de estudio y dar mantenimiento de equipos.

La mejor dosis de motivación la encontraron en cada imagen que han recopilado y por todo lo que en el proceso descubren sobre su territorio.

Más de un año de aprendizaje alcanzó su cúspide en diciembre del 2017. Toda la experiencia y el conocimiento adquiridos por este grupo de monitores se pusieron a prueba en un gran desafío al empezar a monitorear el jaguar.

 

La utilidad de las imágenes

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Juan Pablo Tangoy y Javier Vargas revisan las captaciones logradas con unas de las 60 ‘cámaras trampa’ instaladas en los bosques de Zancudo Sacha.

Las imágenes logradas en la primera etapa de monitoreo del estudio trinacional de jaguar superaron las expectativas. Son cientos de fotos y videos de más de 20 especies de fauna, muchas de estas amenazadas o, incluso, tan desconocidas y extrañas, que aún no se cuenta con un estado de conservación oficial.

Aquello demuestra, una vez más, que la Reserva de Fauna Cuyabeno tiene una biodiversidad impresionante.

Esta información recolectada proveerá datos actualizados sobre los recursos faunísticos que están presentes en el territorio de Zancudo Cocha. Esto a su vez permitirá definir las zonas de uso del territorio y actualizar su plan de manejo comunitario. 

Un protocolo de procesamiento de la información, recogida mediante las cámaras trampa, facilitará la interpretación de los datos recolectados y traducirlos en información útil para la toma de decisiones.

Jessica Pacheco asegura que “la fuente de proteínas para estas comunidades está en el bosque. Para eso, ellos generalmente cazan. Ahora, la diferencia es que deben tener cuotas alimenticias y una alternativa es conservar la población de venados y chanchos de selva”. El monitoreo permitirá saber con el tiempo cómo van las poblaciones de estas especies para establecer planes de manejo y aprovechamiento sustentable.

A la par, WWF impulsa un programa de educación que busca conectar el aprendizaje con el contexto y entorno local, para lograr un impacto en los objetivos de conservación de la biodiversidad. Para esto, los materiales y actividades se elaboran en base a las imágenes captadas.

Entre tanto, la experiencia de Zancudo Cocha también ha motivado a otras comunidades de la Reserva Cuyabeno a involucrarse en esta actividad. De allí que, WWF anticipa que, junto al MAE, trabajará para ampliar, en este año, ese monitoreo hacia otros territorios comunitarios.

El reto es que las comunidades amazónicas hagan un uso sostenible de los recursos de su territorio para promueve el bienestar del bosque y sus especies. Esto a la vez ayudará a mantener saludables las poblaciones de jaguar.

Bajo ese contexto, este proceso al ejecutarse en tres países vecinos, permitirá entender los hábitos de este felino y, con esta información, contar con criterios claros sobre el estado de conservación y hacia qué zonas para ampliar.

 

 

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Las especies más llamativas

Jaguar (Panthera onca)

Es un excelente depredador,por eso está en el tope de la cadena alimenticia. Es de hábitos nocturnos y solitario. Un solo individuo necesita un área mínima de 25 km2 para subsistir, aunque varía dependiendo de la región, la época del año y entre machos y hembras. Sus poblaciones enfrentan diversas amenazas por la perdida, degradación y fragmentación de su hábitat, además de la cacería. Según la  Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), actualmente está casi amenazada de manera global y en Ecuador se encuentra amenazada de extinción, debido, en gran parte, a la cacería furtiva.

Oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla)

Un mamífero que basa su dieta estrictamente en el consumo de termitas y hormigas. Para eso cuenta con dos implementos: sus garras, que utiliza para romper los termiteros, y su lengua que es larga y pegajosa para agarrarlas. Por eso puede alimentarse de varias colonias durante el día. Esta especie está clasificada como vulnerable, según la UICN. En Ecuador se lo reporta en peligro debido a la cacería para comercio de sus garras.

Danta o Tapir (Tapirus terrestris)

Conocido como uno de los mamíferos más grandes y corpulentos de Sudamérica, lleva una dieta estrictamente herbívora. Son muy esquivos y curiosos al percibir olores debido a su sensibilidad olfativa. Es un buen agente dispersor de semillas. La UICN lo categoriza como una especie vulnerable y en Ecuador está en peligro por el tráfico de su carne para consumo humano.

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La danta o tapir es una de las especies grandes que habitan en el Cuyabeno.

Puma (Puma concolor)

Un felino de gran tamaño. Se lo puede encontrar en territorio ecuatoriano desde los 0 hasta los 4.500 msnm. Es carnívoro y excelente cazador, además de ser un muy buen trepador. Por su amplio rango de distribución, se lo clasifica como una especie vulnerable, tanto a escala global, como en Ecuador. Se atribuye a la pérdida, degradación y fragmentación de sus múltiples hábitats, además de la cacería.

Perro de orejas cortas (Atelocynus microtis)

Es un canino de hábitos diurnos y crepusculares. Son carnívoros, pero suelen consumir materia vegetal. La lista roja de especies amenazadas de la UICN lo cataloga como casi amenazado y en Ecuador se desconoce su estado de conservación, ya que es una especie extremadamente rara. Existe muy poca información sobre esta especie y sus avistamientos son escasos.

Halcón Blanco (Leucopternis albicollis)

Es un ave rapaz que presenta un rango de distribución que va desde México hasta Brasil. Es un excelente depredador, se alimenta de culebras, pequeños mamíferos, aves e insectos grandes que captura dentro del dosel. Esta especie está clasificada como preocupación menor por la UICN, de igual manera para Ecuador. Pero se considera que su población ha decaído en los últimos años por la expansión urbanística.

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Doris Coquinque y Leonela Bega son parte del equipo de monitoras comunitarias de Zancudo Cocha. Ellas instalan una de las ‘cámaras trampa’. 

Pueblos ancestrales de Ecuador y Perú decididos a defender su selva y al Yasuní

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 Los dirigentes y su gente navegaron aguas abajo por el río Curaray para el encuentro binacional en Urbina, Perú. (Fotos: Jaime Plaza)

Amazonía. Cargaron sus provisiones de chicha, plátano, yuca, carne y pescado. En tres canoas, aguas abajo por el río Curaray, una entusiasta comitiva del Territorio Kawsak Sacha se puso en marcha rumbo hacia Urbina, la comunidad nativa más próxima al otro lado de la frontera en el Departamento de Loreto, Perú.

A ellos les urgía reunirse con sus vecinos peruanos para plantearles sus problemas y juntos acordar algunas soluciones. Y para eso, por iniciativa propia, promovieron un encuentro binacional de pueblos ancestrales.

Rosa Vargas Inmunda, sacha runa yachay kuraka warmi deu Kawsak Sacha, se lamentó porque “no hay suficiente control por parte del Ejército ecuatoriano y del Estado en general” sobre todo en la Zona Intangible (inviolable) del Parque Nacional Yasuní.

Lo gravísimo es que allí habitan los Taromenane y Tagaeri, dos pueblos indígenas de Ecuador que superviven en aislamiento. La presencia de madereros y cazadores ilegales los están empujando a salir y quienes viven en Territorio Kawsak Sacha temen posibles enfrentamientos.

Con esa y otras preocupaciones, por cuatro días visitaron la comunidad de Urbina. Llegaron de Lorocachi, Jatun Playa, Sisa, Macao (Ecuador), Urbina, Flor de Coco, Chapajal, Buenavista y Bellavista (Perú). En el último día, el sábado 10 de febrero, los dirigentes ecuatorianos y sus pares, los Apos, peruanos firmaron un acuerdo escrito a puño y letra.

En los últimos meses, mamá Rosa y la mayoría de su gente están muy preocupados por lo que está ocurriendo en su selva y en la Zona Intangible.

Pues son vecinos muy cercanos del Yasuní. Su territorio, de 200.000 hectáreas dentro de la provincia amazónica de Pastaza, se extiende a lo largo del límite con esta área protegida (solo les separa el cauce del río Curaray).

Pescadores, cazadores y madereros ilegales extraños llegan a su territorio para arrasar con todo: peces como bagre, bocachico y otros de sus ríos y lagunas, las tortugas charapas y sus nidos, los animales de sus bosques.

En reiteradas ocasiones los han sorprendido pescando con redes y trampas en las riveras del río y lagunas. A otros atrapando las emblemáticas tortugas charapas y escarbando sus nidos, ocultos en las playas de arena que se forman en las riveras del Curaray.

Durante la travesía y en los tres días que permanecimos en Urbina, vimos subir o bajar y otras acoderadas en las orillas a canoas a motor con pescadores.

También nos encontramos en el camino con las denominadas barcazas congeladoras (todo lo pescado lo guardan en una especie de frigorífico para luego llevar a mercados de Iquitos).

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Tras un día de escala, una barcaza congeladora partió desde Urbina aguas arriba por el Curaray. 

Otro problema igual de grave o peor es la tala ilegal de maderas especiales como los gigantes árboles de cedro y chuncho desde la misma Zona Intangible.

Pedro García, Apu de la comunidad nativa de Buenavista del río Arabela, sorprendió cuando contó a todos que “siempre vi pasar inmensas boyas de madera. Me pregunto: ¿es el mismo campesino o comunero que trabaja en eso? No. La mayoría es personas que vienen de afuera”.

Los comuneros saben que estas ‘mafias madereras’, en tiempo de sequía entran a la Zona Intangible y van marcando los árboles. Vuelven en invierno para talarlos y sacar la madera en una especie de balsas, aprovechando la creciente de las quebradas.

Ramón Inmunda, dirigente de la comunidad Macao, recordó que él vio a madereros sacando madera en tucos de tres y cinco metros. Fue en el sector Cononaco mientras acompañaba a su primo Pablo Rodas, quien antes era guardaparques en el sur del Yasuní.

Este problema quedó evidenciado mediante diferentes recorridos y sobrevuelos de equipos de los ministerios del Ambiente y Justicia, con el apoyo de militares y otras organizaciones, entre el 2015 y 2017.

Según el Informe Sobre Pueblos Indígenas Aislados por la Tala y Cacería Ilegal en la Zona Intangible del Yasuní, se identificaron campamentos madereros, con especial intensidad en la Quebrada Lobo y riberas del río Nashiño, dentro del Yasuní y la Zona Intangible. Estos sitios están al frente del territorio Kawsak Sacha.

En el 2017, la Fundación Alejandro Labaka, Acción Ecológica y Land is Life organizaron un monitoreo. Allí se pudieron verificar 7 puntos de tala ilegal (tres de ellos dentro de la Zona Intangible) y cuatro puntos de campamentos de caza ilegal masiva.

El Informe sobre Pueblos Aislados también advirtió que “pese a toda esta información recopilada por los ministerios no existe evidencia que se hayan implementado acciones de control y decomiso de madera por parte de las autoridades”.

Frente a eso Rosa Vargas, su hijo Jonathan Grefa, Eduardo Viteri y otros líderes asumieron la iniciativa de motivar un encuentro binacional. En esa misión tuvieron el apoyo de la organización Land is Life y de la Prefectura de Pastaza.

Mujeres, hombres, niños y jóvenes de Lorocachi, Sisa, Jatun Playa y Macao acudieron al llamado y se unieron a la caravana.

A medida mañana del miércoles, se encontraron y emprendieron un largo viaje río abajo a bordo de tres canoas. Nos dieron la oportunidad de acompañarles en esta travesía sinigual y en sus rostros vimos entusiasmo y decisión. Conversaban a veces en español y otras en su natal kichwa.

Sorteando empalizadas y bancos de arena en cause (el caudal bajó más de dos metros ya que no llovía desde hace tres semanas), avanzaron por más de nueve horas a través del sinuoso río Curaray. El sol brillaba al máximo.

Solo la oscuridad de la noche les obligó a hacer una pausa en su viaje e improvisar una suerte de campamento con toldos y carpas en una de las playas del Curaray. Pero ni bien el aurora se dibujó en el cielo despejado, se sirvieron un desayuno comunitario y retomaron la travesía.

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Con las provisiones de chicha, pescado, yuca, carne y más para la travesía por el Curaray.
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En el registro de migración antes de ingresar a territorio peruano.
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Al caer la noche, la caravana acampó en una playa de arena a un costado del río Curaray. El desayuno para todos ni bien amanecía.

Hasta que a media tarde del jueves arribaron a Urbina, una comunidad compuesta por unas 30 casas, la mayoría con paredes de tabla y techos de zinc.

Una de estas es la casa comunal, con cubierta de ramas de palma. Allí se encontró la gente de las cuatro comunidades de Ecuador y cinco de Perú.

Propiciaron este encuentro binacional como un espacio para compartir sus problemas y acciones para afrontarlos. De uno en uno, cada dirigente ecuatoriano contó sus proyectos comunitarios y familiares, todo dentro del Plan de Manejo del Territorio Kawsak Sacha.

Las acciones de Kawsak Sacha

Eduardo Viteri reveló que su comunidad Sisa se maneja con una guía de uso de recursos del río y del bosque. Este prioriza la conservación y enseña a tomar solo lo necesario para así garantizar el alimento de sus hijos a largo plazo.

Una de sus principales acciones es impulsar proyectos como la producción de especies. Por ejemplo, seis familias de Lorocachi recolectaron los huevos de taricayas (una de las dos especies de tortugas charapas) para cuidar su incubación y luego repoblaron su zona con 6.000 tortuguitas.

El dirigente Óscar Santi expuso que en Lorocachi también delimitaron zonas para la cacería y pesca. Pero eso sí, solo para alimentar a sus familias y más no para llevar a vender, como sí lo están haciendo quienes no pertenecen al Territorio Kawsak Sacha.

Las familias de Jatun Playa, Macao, Lorocachi y Sisa también mantienen chacras donde cultivan productos de ciclo corto como yuca, plátano y papa china.

Ramón Inmunda, líder de Macao, contó que las 14 familias de su comunidad también cultivan maní y hierbas medicinales como sangre de drago y uña de gato.

En Jatun Playa plantaron 3.000 palmas. “Antes cortábamos con todo el cogollo. Pero al ver que se estaba acabando todo, nos preguntamos con qué van a construir sus casitas nuestros hijos”, fue la confesión de su dirigente Armando Grefa Vargas.

Nancy Santi, una de las dirigentes de Kawsak Sacha, destacó que este cambio es resultado de un proceso iniciado hace 25 años. Aparte que desde hace ocho años son parte del Programa Socio Bosque, mediante el cual el Estado ecuatoriano entrega un incentivo económico a quienes conservan sus bosques.

Los apus y los pobladores de comunidades peruanas que participaron en el encuentro binacional atendían con especial interés lo que Santi les narraba. Quienes viven en territorio Kawask Sacha saben que es prohibido cazar animales como sahinos, huanganas, charapas…

Igual que “son intocables nuestros saladeros (sitios donde aves y animales acuden a comer minerales de la tierra para mejorar la digestión) y lagunas. Allá no pueden ir de cacería, mucho menos con sus niños y mujeres”.

Armando Grefa, de Jatun Playa, advirtió que si le sorprenden a alguien infringiendo estas reglas, lo castigan con trabajo comunitario. Si reincide lo expulsan de la comunidad.

Con orgullo muestran a las tortugas charapa que, en grupos, toman sol posadas sobre los troncos de árboles arrastrados por las crecientes. Aún es común ver volar a papagayos, loras grandes y más.

“Eso es gracias al trabajo de Kawsak Sacha, lo que no ocurre con otras comunidades de más arriba como San José de Curaray, Villano…”, resalta Juana Graciela Merino, maestra kichwa de la escuela de la comunidad Nina Amarun.

Eso es cierto. Durante los dos primeros días de viaje por el río Villano y primeros tramos del Curaray, casi nada de animales o aves pudimos ver.

Ese panorama desolador se agrava más ya en territorio peruano. En la travesía, entre la ida y el regreso, no vimos tortugas charapas, peor aún uno de aquellos árboles gigantes de cedro y otros.

Preocupados por esa situación, pero a la vez motivados por las experiencias de Kawsak Sacha, los dirigentes peruanos decidieron apoyar la iniciativa ecuatoriana. Y no solo para reforzar el cuidado de su selva frente a la deforestación, caza y pesca indiscriminadas. Tras este encuentro, firmaron un acuerdo para atender sus necesidades en educación, salud y comercio justo.

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Las mujeres de Kawsak Sacha cumplen un papel protagónico en el plan de manejo de los recursos.
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Los Apus de las comunidades peruanas decidieron plegarse al acuerdo binacional.

Las resoluciones del Acuerdo Binacional

1.- Salud: Promover un convenio binacional Ecuador-Perú para la atención prioritaria de las personas de frontera con los sistemas de salud nacional y provincial.

2.- Educación: Fortalecer la Unidad Educativa de Lorocachi para atender a los pueblos de frontera con una especialización técnica amazónica e intercambios. Además, la creación de la Universidad de Integración Amazónica de los Pueblos.

3.- Deforestación: Fomentar los proyectos de reforestación por compensación de los procesos de tala de árboles.

4.- Caza y pesca: Implementar políticas de manejo y control de especies endémicas. Fomentar la implementación del Plan de Manejo de la cuenca del Curaray.

5.- Comercio justo: Establecer una agenda y plan de comercio binacional justo a implementar en la reunión de Lorocachi.

Con énfasis en sus palabras, Pedro García anunció que a partir de ahora se compromete a proteger sus bosques, ríos y lagunas.

Al igual que él, los dirigentes de estos pueblos de las cuencas alta y baja del Curaray, en la frontera Ecuador-Perú, están decididos a cumplir sus objetivos y a defender con todo el Yasuní. Para eso se comprometieron incluso a tener un segundo encuentro binacional. Esta vez lo harán entre el 22 y 25 de julio en Lorocachi.

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Los habitantes de las comunidades amazónicas de Ecuador y Perú en un ambiente de confraternidad en el último día del encuentro binacional en Urbina.

Galápagos tiene un aeropuerto que se lleva muy bien con el medioambiente

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Un parque eólico de tres aerogeneradores (der.) y paneles solares generan la energía eléctrica que se utiliza en esta terminal aérea del aeropuerto Seymour. (Foto: Ecogal) 

Genera energía eléctrica con sus propios paneles solares y parque eólico. Utiliza vehículos eléctricos en la operación diaria, planta de tratamiento de aguas residuales, buena gestión de residuos y monitoreo constante de las especies.

Esas y otras acciones constituyen su principal estrategia para reducir los impactos en el aire, suelo, agua, flora y fauna de Galápagos.

Y ese es el mérito del aeropuerto Seymour de Baltra para convertirse en uno de los primeros de Latinoamérica y El Caribe en recibir la certificación carbono neutro. Lo alcanzó el 18 de diciembre del 2017.

Constituye la entrada principal a las islas Galápagos, declaradas Parque Nacional (uno de los más importante de Ecuador) en 1959 y Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1978. Cada día recibe un promedio 1.200 pasajeros en seis vuelos diarios. En fin de semana se incrementan en 20%.

La certificación carbono neutro es un reconocimiento a los esfuerzos por reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) o gases que afectan al medioambiente. Lo recibió del Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI, por sus siglas en inglés), a través del programa Airport Carbon Acreditation.

Para lograrlo se inició el proceso en el 2014 y “convencidos de que podíamos llegar a ser carbono neutro”, lo asegura Jorge Rosillo, gerente general del Aeropuerto Ecológico de Galápagos. “Ser carbono neutro es una característica que ayuda a cada ser viviente y al planeta mismo”.

Los beneficios palpables están en la reducción de un 25% de ahorros económicos en el gasto de combustible y energía eléctrica al crear una cultura de ahorro y optimización de recursos. Esta se extiende al uso del agua e incluso los materiales, bajo una administración austera.

Ahora esta experiencia de Galápagos busca generar el interés en otros sobre ser cuidadosos y responsables, en especial la filosofía de que se puede ofrecer un servicio de calidad mientras se protege el medioambiente y el respeto a la naturaleza.

 

Los cuatro pilares 

  • Reducir el impacto sobre el aire al generar energía renovable mediante sus propios paneles solares y el parque eólico. Esta alimenta toda la terminal y el funcionamiento de la planta de tratamiento de aguas residuales.  Además adquirió vehículos eléctricos para las operaciones diarias.
  • Reducir el impacto sobre el suelo con una buena gestión de residuos. Los residuos peligrosos (aceites, llantas, pilas, baterías), que se generan en el aeropuerto, se almacenan y entregan a algún Gestor Ambiental o a la autoridad competente.
  • Reducir el impacto en el agua con una planta de tratamiento de aguas residuales. Se aprovecha el 100% del líquido para el riego de plantas en su propio vivero.  Se hacen análisis y estudios de las condiciones para el uso del agua para cada tipo de evento.
  • Reducir el impacto en la flora y fauna mediante un Estudio de Impacto Ambiental. En este se consideran todas las necesidades de protección de la flora y fauna del lugar. Junto con la Dirección del Parque Nacional Galápagos se impulsan monitoreos constantes en Baltra para la preservación de las especies.

 

Rosillo nos cuenta que toda esta estrategia es administrada por el sistema de gestión ambiental del Aeropuerto Ecológico de Galápagos. Se basado en la norma ISO 14001:2015 que incluye la estructura organizativa, planificación de actividades, responsabilidades, prácticas, procesos y procedimientos.

También incluye los recursos para desarrollar, implantar, ejecutar, revisar y mantener al día los compromisos en materia de protección ambiental. “Es un compromiso de cumplimiento permanente”.

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El aeropuerto Seymour es administrado por Ecogal, una empresa de Corporación América, de capitales argentinos y que opera más de 50 aeropuertos en el mundo. (Foto: Julián Zambrano)

El proceso de acreditación

Para alcanzar la certificación carbono neutro, este aeropuerto de Galápagos pasó cuatro niveles. Cada uno de ellos tienen sus objetivos puntuales.

El nivel 1 o ‘Mapping’ (Diagnóstico) en el 2015.  Nivel 2 o ‘Reducing’ (reducción), 2016.  Nivel 3 u ‘Optimización’, 2017 y Nivel 3 o ‘Neutralidad’, 2017.

Práctica 1. Se mide la huella de carbono del aeropuerto. Ese decir, se determina cuánto carbono emite cada año y cuáles son las fuentes de emisión. Esto permite planificar la optimización de recursos y reducir estas emisiones, todo garantizado por la norma ISO14064 y los requisitos de acreditación.

Práctica 2. Se demuestra la existencia de una política de ahorro de energía y por ende baja en carbono, controlando el consumo de combustible y energía.

Práctica 3. Es importante capacitar sobre las emisiones de CO2 al personal y a toda la comunidad aeroportuaria, incluso a quienes no están vinculados directamente a Ecogal, como aerolíneas, proveedores y más.

Práctica 4. Las emisiones que igual se generan producto de la actividad (toda actividad del ser humano genera CO2, no hay forma de no emitirlas) deben de ser ‘devueltas’ al planeta en oxígeno. Se debe compensar al Planeta mediante apoyo económico a otras iniciativas tendientes a la reducción de carbono  y que genera la misma cantidad de oxígeno que el CO2 que aún se exige. Así se llega matemáticamente a la operación de CERO.

En el 2009, la asamblea anual del ACI Europa lanzó el programa Airport Carbon Accreditation. Este permite evaluar y reconocer los esfuerzos de los aeropuertos participantes para gestionar y reducir sus emisiones de CO2.

 

(Más sobre los niveles en: http://www.airportcarbonaccreditation.org/airport/4-levels-of-accreditation)

 

Aeropuerto Ecológico en un Patrimonio de la Humanidad

 

En el 2012 se construyó en Galápagos el primer aeropuerto ecológico y sostenible del mundo.

La certificación fue  concedida por su diseño y construcción adaptados al entorno vulnerable de Galápagos. Esto se refleja en una nueva terminal que optimiza el uso de energía, iluminación natural y consumo de agua.

Está ubicada estratégicamente para aprovechar la luz solar y la brisa marina. Además, en la utilización de materiales ecológicos y reutilizados. Para declararlo ecológico se consideró:

  • El uso de energía renovable en un 100%. Esta proviene de paneles fotovoltaicos y energía eólica.
  • La recuperación de áreas afectadas y la reforestación de flora endémica.
  • La iluminación y ventilación natural adecuada en todos los espacios.
  • La reducción del consumo de agua, tratamiento y reutilización de aguas. La terminal cuenta con su propia planta desalinizadora.
  • La reutilización de más del 80% de material del antiguo aeropuerto.
  • La estructura de la terminal está sostenida por tuberías de conducción de petróleo que fueron traídas de la Amazonia ecuatoriana.
  • La utilización de materiales certificados como  responsables con el medioambiente y el uso de materiales naturales locales.

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En la construcción de la terminal aérea se usaron materiales certificados ambientalmente. Su estructura está sostenida por tubería de conducción de petróleo reciclada en la Amazonía.

 

 

Las mujeres de Quito que, con sus huertos orgánicos, cuidan la salud del Planeta

Gloria Rosero, pionera Huertos Quito
Gloria Rosero es una de las pioneras de la iniciativa de los huertos urbanos y rurales de Quito. Ella recibió el premio de Naciones Unidas, durante la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, en Bonn, Alemania. (Fotos: Jaime Plaza)

Lleva un sombrero para protegerse del sol intenso y azadón en mano. Rosa María Ramírez se encamina hacia su singular distracción: cuidar de su huerto, que lo adecuó en la parte posterior de su vivienda.

Esta mujer, de 62 años, limpia la hierba de una cantera donde sembrará lechugas y coles. Luego entra a uno de los dos invernaderos para revisar si ya hay tomates riñón como para llevarlos a vender el sábado, en la Bioferia del parque La Carolina. Después recolecta un puñado de ajíes, bien rojos por maduros.

Así entretenida se pasa en su huerto ‘Rosita’, que lo mantiene en la comuna Cocotog, de la parroquia Zambiza, al nororiente de Quito. Allí, por al menos dos horas diarias, se afana en cultivar lechuga, col, coliflor, cebolla, remolacha, zanahoria, apio, albahaca, rábano, acelga, cilantro (culantro), frejol… También siembra hierbas aromáticas como manzanilla, hinojo, hierba luisa, menta, orégano y más.

El verdor es eminente en sus huertos. Ramírez, al igual que sus compañeras, potenciaron habilidades para cultivar hasta en espacios impensados como balcones, terrazas, jardineras y patios de las casas en la zona urbana. Para eso utilizan contenedores reciclados como botellas, llantas, macetas y cajas de madera.

En la zona rural se adecuan los terrenos que cada una tiene junto a sus casas. Incluso, para cultivar productos no tradicionales en la zona como tomate riñón y cherry, pimiento, pepinillo, zuquini, apio y otros, construyeron invernaderos. Les arman con maderas de eucalpito y cubiertos con plásticos térmicos que protegen de los rayos ultravioleta. Según el técnico Pablo Garófalo, constituyen una alternativa de adaptación a las adversidades del cambio climático (temperaturas extremas de frío o calor, lluvias torrenciales o sequías prolongadas).

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Rosa María Ramírez tiene su huerto ‘Rosita’ en el barrio San Miguel,  de la comuna Cocotog, parroquia Zambiza, al nororiente de Quito.

Desde hace 10 años, Rosa María es una de las 65.000 personas (el 80% corresponde a mujeres) beneficiadas directamente por este programa que abarca a 3.500 huertos orgánicos. Se trata de una iniciativa de agricultura urbana y autoproducción de alimentos, impulsada desde hace 15 años por el Proyecto Agricultura Urbana Participativa (Agrupar), a través de ConQuito de la Alcaldía de Quito.

Un premio de Naciones Unidas

La iniciativa acaba de ser galardonada con el Premio ‘Impulso por el Cambio’, que Naciones Unidas, a través de Momentum For Change, concede a las soluciones ejemplares en el desafío al cambio climático. Lo consideró como una acción con resultados reales que contribuyen al desarrollo sostenible, es bajo emisiones de carbono y resiliente (capacidad de recuperarse ante la adversidad climática).

Este reconocimiento lo recibió Gloria Rosero, una de las pioneras de este programa, junto con el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, en la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, en Bonn, Alemania.

Ante este galardón de la ONU, Rosero no oculta el orgullo de ser parte del proyecto desde sus inicios. Así como sus compañeras, esta mujer reconoce que la iniciativa cambió sus vidas al permitirles un ingreso económico adicional, a obtener alimentos sanos para sus familias y a potenciar sus gustos por la agricultura.

Para Rosa Ramírez, fue “una bendición” que le permitió dejar el duro trabajo de arreglo de casas, lavar y planchar ropa, que la obligaba a salir de su casa antes que amanezca y volvía al anochecer. Rosa Paucar lo ve como un espacio para la integración familiar, sobre todo cuando con su esposo e hijos labran juntos la tierra.

Con su trabajo diario y silencioso en sus huertos, estas mujeres de Quito ayudan a preservar el planeta de diversas formas. Aprovechan al máximo toda su producción, es decir nada desperdician, aportando así a reducir la Huella Ecológica (impacto generado sobre la Tierra por la demanda de alimentos y más recursos) de la población quiteña.

Si de lo cosechado en sus huertos no logran vender  todo en las bioferias o a sus vecinos, no se hacen lío. Con el asesoramiento de Alexandra Rodríguez, Pablo Garófalo y otros técnicos de Agrupar, aprendieron a transformar sus productos en mermeladas, encurtidos, pasteles, galletas, salsas, frutas deshidratadas, infusiones de hierbas medicinales y mucho más.

Hasta la hierba que sacan de las huertas lo aprovechan para alimentar sus cuyes y gallinas (estos también entran en esta cadena de producción). Otro tanto también lo mezclan con el estiércol de  sus animales para producir abono orgánico mediante el sistema de ‘camas calientes’.

Así es como estas heroínas del Planeta ayudan a que no se contamine el ambiente. Pues evitan que esos desperdicios se sumen a las toneladas de basura que se produce a diario en la capital ecuatoriana.

Todo es orgánico, nada de fertilizantes químicos

Con tal convicción, Gloria Rosero afirma que, además de ayudar a salvar al Planeta, “cuidamos la salud de quienes compran nuestros productos”. Se trata de cultivos, nutridos a punta de abono orgánico. Incluso los protegen con fungicidas orgánicos, que los elaboran con ingredientes como ajo o plantando barreras naturales como la ruda, romero y ortiga en los alrededores de sus huertas para ahuyentar las plagas.

“Además de ayudar al Planeta, cuidamos la salud de quienes compran nuestros productos. Queremos que la gente se alimente sanamente”.

Para controlar el desperdicio y optimizar el uso del agua (recurso bastante escaso en Quito), utilizan el riego por goteo. Los técnicos Rodríguez y Garófalo se especializaron en Israel para asesorarlas con esta y otras técnicas.

En algunos invernaderos se adecuaron mecanismos de recolección de agua de lluvia, para almacenarla en tanques de 200 y 300 litros. Ninguno de estos huertos es irrigado con agua de acequias o quebradas.

De todo en las bioferias

Todas bien uniformadas y con un optimismo desbordante, Rosa Paucar (de Amaguaña), Germania Nacimba (de Conocoto), Eugenia Quizhpe (de Alangasí) y más compañeras ofrecen convincentes sus productos a cada cliente.

La mañana del martes 22 de noviembre, ningún cliente que acudió a la Bioferia de San José dudó en comprarles, al menos, una o dos hortalizas. Teresa Rosero, por ejemplo, se llevó rábano, tomate y manzanilla. Irene Vaca pasó comprando una col, zapallo y chochos. Las dos coincidieron en valorar estos productos agrícolas “por estar libres de pesticidas y otros químicos”.

Los registros de ConQuito señalan que, entre el 2009 y mayo del 2017, de estos huertos orgánicos se comercializó alrededor de 800.000 kilos de productos, para un ingreso total de 1.507.539 dólares. Además, se han realizado 5.379 bioferias en 15 sitios estratégicos del Distrito Metropolitano.

Y esta iniciativa de Quito está garantizada para largo, en especial por el empeño de sus beneficiarias. Así lo demostraron Paucar, Quizhpe y más compañeras cuando, entusiasmadas, recibieron una porción de nueva semilla de zanahoria para sembrarla de regreso a sus huertos y así fortalecer la producción de esta hortaliza.

Bioferia en Valle de los Chillos
Rosa Paucar y sus compañeras acuden cada martes a ofrecer sus productos en la Bioferia de la Hacienda San José, en el Valle de los Chillos (suroriente de Quito).

LAS 15 BIOFERIAS DE QUITOLas bioferias

Rosa María Ramírez, Huertos Quito
Rosa María Ramírez recolecta un puñado de ajíes, bien rojos por maduros. Cada sábado, ella vende sus hortalizas en la Bioferia de la Cruz del Papa, parque La Carolina (norte de la ciudad).

Los huertos urbanos de las mujeres de Quito con un premio mundial y en la COP23

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La iniciativa de Huertos Urbanos está en marcha desde el 2009 en Quito. El 80% de los 65.000 beneficiarios directos corresponde a mujeres. (Foto: ConQuito-Agrupar)

Se trata de una iniciativa de agricultura sostenible con la inclusión y la participación de las mujeres en Quito, la capital de Ecuador. Esta propuesta fue reconocida con el Premio a las Soluciones Climáticas ‘Impulso para el Cambio’, que concedió Naciones Unidas en los ‘Momentum for Change Awards 2017’.

La propuesta ecuatoriana premiada es la de Huertos Urbanos, impulsado por el Proyecto Agricultura Urbana Participativa (Agrupar) de la Alcaldía de Quito.

Está compuesta por 3.500 huertos orgánicos. Es una actividad versátil y aprovecha espacios como terrazas, balcones, jardineras, patios, áreas comunales o privadas, aparte de contenedores reciclados como cajas de madera, botellas, llantas y macetas, entre otros.

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Los huertos urbanos permiten la integración de hombres y mujeres de toda edad. Se aprovechan espacios como terrazas, jardineras y otros. (Foto: ConQuito-Agrupar)

El beneficio directo es para más de 65.000 personas (un 80% mujeres) y, de manera indirecta, a otros 116.000 habitantes.

De los Huertos Urbanos de Quito se han comercializado más de 799.699 kilos de productos orgánicos, a través de 5.379 bioferias realizadas en 17 sectores del Distrito. Según Agrupar, se producen hortalizas, verduras, hierbas aromáticas y alimentos procesados como galletas, mermeladas, salsas y encurtidos. También se incluyen huevos, aves y truchas.

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Todos los productos son orgánicos y se comercializan en 17 bioferias en zonas estratégicas del Distrito Metropolitano de Quito. (Foto: ConQuito-Agrupar)

En Agrupar, Naciones Unidas reconoció la capacidad para emprender acciones climáticas innovadoras, exitosas y replicables. Pues  permite a las mujeres conocer cómo producir alimentos de manera sostenible. Para eso recurre a medidas agrícolas que aumentan la seguridad alimentaria y reducen las emisiones de carbono y la huella ecológica (impactos ambientales) de la ciudad.

Esta iniciativa impulsa una actividad que integra a una diversidad de personas,  que incrementa la biodiversidad urbana y mejora la gestión ambiental. Ademas de generar ingresos, empleo y ahorro por el consumo de la producción propia para sus participantes. Se calcula desde el 2009 hasta mayo del 2017 generado 1.507.539,16 dólares.

Este proyecto de Ecuador ha sido distinguido en el apartado ‘Impulso para el liderazgo de las mujeres’ junto con proyectos de Italia, Belice y Sudán.

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Los huertos orgánicos de Teresa Nicolalde, Luz María Chanatasi, Rosa Quinga e Irma Naranjo, en el barrio San Juan. Ellas pertenecen al grupo Familias en Unión y Trabajo. (Foto: ConQuito-Agrupar)

       Otros premios para los huertos urbanos de Quito

  • Quito ente las 10 ciudades más verdes de América Latina y El Caribe, 2014.
  • Premio Dubai 2014, Buena Práctica Ambiental.
  • Buena Práctica Foro Ibero Americano y de Caribe de Buenas Prácticas 2015.
  • Buena Práctica Pacto de Políticas Alimentarias de Milán, 2015.

 

Reconocimiento para Colombia y Honduras

Caficultora
Una cafetalera de Colombia. (Foto: http://www.dw.com)

La segunda iniciativa de Latinoamericana premiada consiste un proyecto aplicado en Colombia y Honduras. Está dirigido a pequeños agricultores, mediante el uso de tecnologías de la información y comunicación (TICs) para lograr un enfoque innovador a la agricultura ‘climáticamente inteligente’.

Es una  herramienta TIC de fácil manejo, recopila y analiza datos meteorológicos con el fin de informar con antelación a los agricultores sobre cómo pueden ajustar sus prácticas agrícolas para garantizar un máximo rendimiento del cultivo y, en consecuencia, de seguridad alimentaria.

 

Las categorías

Son 19 actividades ganadoras y serán presentadas en Cumbre Mundial de Cambio Climático o COP23, que se desarrolla del 6 al 17 de noviembre.

Están dentro de cinco áreas de acción de Impulso para el Cambio: ‘Impulso para el Liderazgo de las Mujeres’, ‘Financiación para Inversiones Respetuosas con el Clima’, ‘Soluciones con Tecnologías de la Información y de la Comunicación’, ‘Salud Planetaria’ y ‘Neutralidad Climática’.

Estos proyectos ganadores, denominados ‘Actividades faro’, evidencian la cantidad de acciones que se desarrollan en diferentes lugares del planeta.

Este jueves 9 de noviembre, la cuenta oficial de ONU Cambio Climático @CMNUCC informa que Naciones Unidas entrega este galardón, por sexto año, para paliar el cambio climático.

Es en reconocimiento a una importante contribución de los gobiernos nacionales, casi dos años después de que el Acuerdo de París fuera adoptado como mecanismo para afrontar la problemática ambiental. Así se convierten en aportes a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para afrontar los graves efectos del cambio climático.

 

Links: http://bit.ly/PremioQuito y http://bit.ly/HuertosQuito