Alto Nangaritza, el último ‘eslabón’ aún a salvo entre la Amazonía y los Andes

rana mono verde naranja
Los bosques del Alto Nangaritza, en la Amazonía sur de Ecuador, guardan celosamente a especies como la rana mono verde naranja.

Cordillera del Cóndor. Es como un paraíso escondido. Así se lo puede considerar al Alto Nangaritza por sus características tan especiales y con hábitats aún muy poco intervenidos, alterados y estudiados. Zamora Chinchipe ha puesto en marcha una llamativa iniciativa para salvarlo.

Casi por milagro se ha conservado como el último eslabón o conexión biológica entre los Andes y la Amazonía. Pues a lo largo de la cordillera, no solo en Ecuador, sino también en Colombia y Perú, ese enlace está roto por la apertura de proyectos viales como la Troncal Amazónica, ciudades, tala de bosques, potreros para pastoreo de ganado y más.

A este ‘Archipiélago’ amazónico lo caracterizan formaciones geológicas únicas compuestas por areniscas y calizas, a las que los científicos las han identificado como semitepuys. Se trata de mesetas abruptas, con cimas planas (en su mayoría) y paredes verticales.

Presenta paredes de roca de hasta 100 metros que dan forma a llamativos encañados, en especial el de Miazi. Hace algunos años nos asombramos con esa maravilla natural, durante una travesía en canoa por el río Nangaritza, en el sureste de la provincia de Zamora Chinchipe y muy cerca de la frontera con Perú.

El Alto Nangaritza es un corredor de aproximadamente 250.000 hectáreas, compuesto por ecosistemas naturales, que sirve de eslabón entre los que vienen de los Andes con los de la Amazonía baja y la Cordillera del Cóndor. 

Los shuar, nacionalidad indígena asentada en la zona, saben ancestralmente de su gran valía como fuente de agua. Lo conocen como Mura Nunka-Entsa Jiniarma o las montañas más alta donde nacen las aguas de ríos como el Nangaritza. 

También lo valoran porque los bosques son su mercado natural, que les abastece de alimento y por eso lo han conservado por cientos de años.

Trotsky Riera Vite, coordinador de Naturaleza y Cultura Internacional (NCI) en Zamora Chinchipe, asegura que estudios especializados hechos en el valle del Nangaritza identificaron más de 493 usos en 316 especies del bosques para su cotidiano vivir. Los principales usos son alimentación, medicina, construcción de vivienda y ritualidad.

En combinación con las ajas (huertas shuar), los bosques les abastecen de yuca con al menos 31 variedades, todas diferentes morfológicamente. Además de especies nativas como los tubérculos piripi, namau y otros. Se suman las plantas tintóreas como ipiak (achiote), sua, sacha manzana, uva de monte… El yankip lo consumen como condimento para sazonar las carnes. 

Como medicinales, las hojas de katip, sembrado en las ajas, las usan como té contra las gripes y resfríos. Cocinan las raíces de nanku (zanahoria) para curar los dolores estomacales y el copal lo utilizan para las sanaciones espirituales. 

Los shuar también cosechan semillas conocidas como shakap para elaborar artesanías y cinturones usados por las mujeres en sus danzas.

En cuanto a vivienda, una casa tradicional shuar puede tener hasta cinco especies de palmas en sus techos y paredes. De la palma ampakay, por ejemplo, se come el palmito, a la vez se usa para paredes de las casas y el tallo de la hoja para hacer las camas.

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Las tradicionales casas shuar están construidas con hasta cinco especies de palmas que crecen en el Alto Nangaritza. (Foto: Carlos Medina)

Un refugio de especies únicas

Cobija una fauna excepcional, en especial sus especies endémicas (únicas de ese lugar). Su formación geológica, con suelos extremadamente pobres y ácidos, no permiten que crezca cualquier especie, solamente las que se han especializado para ese ecosistema y que los científicos llaman endémicas. Incluso entre una y otra montaña no existen especies iguales.

Renzo Paladines, director ejecutivo de NCI, reveló que en cada expedición científica en el Alto Nangaritza se descubren entre 10 y 20 especies nuevas de flora y fauna.

En ese espacio tan pequeño (solo 250.000 hectáreas), se han identificado 535 especies  de aves (casi el 40% de todas las existentes en Ecuador). 

Entre las endémicas está la tangara golinaranja, que solo está en los bosques del Alto Nangaritza y en cierto espacio al otro lado de la frontera con Perú. Está en riesgo de desaparecer porque los ecosistemas donde vive han sido degradados para pastoreo de ganado.

Otra especie única es el solángel real, un pequeño colibrí que solamente vive en la parte alta de las mesetas. El macho es negroazul y cuyo cortejo es muy llamativo.

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La tangara golinaranja está en riesgo de desaparecer por la reducción de bosques para dar paso a los pastizales.
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El colibrí pico de hoz, una especial bastante particular que habita en el Alto Nangaritza.

En el 2009 y 2012, organizaciones no gubernamentales, en convenio con universidades, hicieron expediciones científicas que duraron 15 días. Se encontraron al menos 30 especies nuevas especies en cada una.

Un grupo significativo de especies lo componen los anfibios. En una evaluación rápida, desarrollada por científicos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), se encontraron 89 especies de anfibios (algunos nuevos para la ciencia) y 27 de reptiles. “Descubrir eso en un área de apenas 1.500 hectáreas es bastante”, afirma Trotsky Riera.

Allí se han encontrado especies como la rana jambato amazónica y la rana de cristal fantasma (en estado vulnerable y crítico, respectivamente, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)

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La llamativa rana de hoja amazónica. (Foto: Trotsky Riera Vite)
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La boa arcoiris sobresale entre los reptiles en el Alto Nangaritza. (Foto: Trotsky Riera Vite)

En cuanto a flora, se destaca un árbol endémico: Podocarpus tepuyensis de la familia conífera Podocarpus. Son árboles que alcanzan hasta 15 metros de altura (en zonas como el Parque Nacional Podocarpus llegan hasta 40 metros).

En toda esta y más riquezas radica la valía y urgencia de conservar el Alto Nangaritza. Riera sentencia que si para alguna actividad extractiva se corta una de estas mesetas, se perderá para siempre a las especies. “Se trata de ecosistemas tan pequeños y específicos que no pueden sobrevivir todas las especies en cualquiera de estos”.

 

Un teleférico en vez de carretera en el Alto Nangaritza

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Los semitepuyes (meseta que se ve al fondo) son característica especial en la formación geológica del Alto Nangaritza. (Foto: Carlos Medina)

Construir un teleférico para que los habitantes de los cantones Palanda y Chinchipe tengan, al fin, una conexión directa con el resto de la provincia. Esa es la propuesta de Salvador Quishpe Lozano, prefecto de Zamora Chinchipe.

“Sería una solución innovadora para reducir potenciales impactos ambientales”. Así lo ve el ministro del Ambiente de Ecuador, Tarsicio Granizo a la propuesta de un teleférico en el Alto Nangaritza.

El ofrecimiento, incluso en campaña, del Prefecto había sido construir los 80 kilómetros de carretera que faltaban para llegar directamente a estos cantones. Hasta ahora su gente tiene que irse por Vilcabamba y Yangana (provincia de Loja), cuyo recorrido desde Zamora, capital provincial, toma alrededor de 7 horas en bus.

Ya están abiertos 50 de los 80 km. Pero antes de construir los 30 km restantes, la Prefectura de Zamora Chinchipe pidió se hiciera un estudio de factibilidad.

¡Oh sorpresa! Científicos como David Neill, de la Universidad Estatal Amazónica, advirtieron que se trata de una zona demasiado especial en ecosistemas y biodiversidad. Recomendaron no rasgar sus entrañas.

Ante esa alerta contundente, se descartó la idea de terminar la construcción de esta vía. Pero había que presentar una alternativa y Salvador Quishpe vio en el teleférico la mejor opción. “Uno que sirva para fomentar el turismo y también para que nuestra gente se traslade”.

Tomó como ejemplo el teleférico de Kuélap en Chachapoyas (Jaen, Perú), suspendido a más de 670 metros de altura y con 4.5 km de recorrido. Este fue inaugurado el 2 de marzo del 2017 y hasta el 20 de diciembre, en sus 20 cabinas ya había transportado 104.000 personas hacia el complejo arqueológico de la cultura Chachapoya.

El Prefecto lo propuso por primera vez en la Asamblea Provincial de octubre pasado. “Al principio todos estaban contrariados, incluso hubo algunos cuestionamientos sobre el incumplimiento de la oferta de construir la carretera”. 

Hasta que el miércoles 28 de febrero, los consejeros aprobaron la propuesta por unanimidad. Además acordaron exhortar al Gobierno Nacional y a organismos internacionales para que apoyen esta iniciativa.

Al ministro del Ambiente, Tarsicio Granizo, le parece que “sería una solución factible y mucho mejor que abrir una carretera”. Claro que “habría que hacer los estudios de impacto ambiental y desarrollar un plan de manejo como cualquier otra obra de infraestructura. Por supuesto apoyamos propuestas innovadoras que reduzcan los impactos ambientales. Pero es necesario primero analizar cómo será el proyecto para tener una posición oficial”.

La inquietud que le surgió Granizo es sobre la inversión y financiamiento que demandaría esta obra. Pero el Prefecto de Zamora Chinchipe tiene una salida. Dice que ya adelantó conversaciones con organismos internacionales, embajadas de Alemania y Francia, entre otros, para gestionar los recursos necesarios.

Anhela que se incluya en el Plan Nacional de Desarrollo y que el presidente Lenin Moreno convoque a una reunión a organismos internacionales para comprometer el apoyo. Hasta tanto seguirá con el plan de socialización, sobre todo para que los 100.000 chinchipenses descarten la idea de abrir una carretera.

Una minga por el respeto a la naturaleza

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Salvador Quishpe puso el ejemplo al lograr que un terreno muy empinado y de pastizales hoy reverdezca con árboles de cacao, guabas, orquídeas y más. (Foto: Jaime Plaza)

¡Salvar al Alto Nangaritza! es una propuesta dentro de los ejes del plan de reorientación de Zamora Chinchipe hacia el respeto a la naturaleza, el agua, la biodiversidad… Es la minga que impulsa Salvador Quishpe, del pueblo kichwa-saraguro y uno de los principales líderes indígenas de Ecuador, a raíz de su llegada a la Prefectura, hace ocho años.

Por tradición, lugareños y foráneos han visto a esta provincia amazónica solo con propósitos de ganadería o minería. Incluso, según Quishpe, hoy el 50% del territorio está tomado por concesiones mineras, el otro 40% corresponde a áreas protegidas y el 10% está poblado

Pero se busca cambiar esa realidad. Ha protestado a escala nacional e internamente motiva a la gente a identificarse con los Territorios de Producción Limpia (TPLs).

Le mueve esa convicción de que Zamora Chinchipe es una “provincia verde llena de vida. No es solo un escenario bonito para el turismo, fuentes de agua e investigación científica por sus ríos, cascadas, bosques frondosos y abundante biodiversidad. También da dignidad y reinvindica a sus habitantes”.

Insiste que “es cuestión de abrir los ojos y descubrir la riqueza natural que se tiene, que no solo se trata de “fincas feas que ni siquiera sirven para criar ganado”.

Y el ejemplo lo pone desde casa. Aunque su esposa Alba Vacacela no estuvo de acuerdo al inicio, él adquirió un terreno muy empinado, un soltadero de ganado, en Yaculoma. 

Ese potrero feo de hace cinco años, hoy está cubierto con árboles de guabas, plantas de cacao, orquídeas… Tiene sinuosos senderos que ascienden hacia el bosque, donde hasta se puede ver monos, aves y una panorámica envidiable del paisaje amazónico. Piensa allí adecuar un jardín botánico. 

Su discurso práctico va calando y hoy ya son alrededor de 500 familiares que tienen sus huertos orgánicos. Con estos abastecen al consumo propio y el excedente, sobre todo verduras, lo venden en ferias como la de Cumbaratza, cada sábado.

Se suma la producción piscícola con trucha y tilapia, además de la cría de pollos, cuyes y de bovinos. Pero siempre buscando reducir la extensión de los pastizales y de reforestar las áreas degradadas, sobre todo con cultivos orgánicos de café y cacao para exportar.

Esa conversión no fue fácil ni rápida. En el camino, la gente se dio cuenta que, por ejemplo, “los alevines de tilapia se mueren si les ponen en agua contaminada con excremento de ganado. Aprendió hacer bebederos para el ganado y cuidar las fuentes”.

Para eso tienen el acompañamiento de técnicos de la empresa pública de Fomento Agropecuario y Productivo de Zamora Chinchipe (Agropzachin). Por ejemplo, Lenin Moreno (homónimo del Presidente de Ecuador) es quien los asesora en la crianza de tilapia. 

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Leonardo Zúñiga cosecha cacao en su huerto familiar en el barrio Los Hachos, cantón Yantzaza. (Foto: Carlos Medina)

Entre corredores naturales y ecoturismo

Las áreas protegidas que existen en Zamora Chinchipe están aisladas entre si, sobre todo por pastizales y fincas.

Esto genera un serio problema de genética para el patrimonio faunístico con el pasar del tiempo, advierten los técnicos. Los tapires, por ejemplo, se están apareando entre parientes al no poder cruzar de una hacia otra área protegida. 

Entonces, el reto es reconectar estas áreas como el Parque Nacional Podocarpus y la Reserva Municipal Yacuambi o también con la Amuicha Entsa (Agua Eterna).

En este proyecto, el paso inicial es socializar y hacer atender a los dueños que sus tierras  no se conviertan en áreas protegidas. Además, que de ellos depende recuperar o repoblar sus fincas con bosques de laurel, guararo, caoba, cedro, yumbingue, chonta y otros. Eso permitirá el libre transitar de mamíferos como tapir, oso de anteojos y más.

El otro reto es dejar de asustar a los animales. “Aunque ahora es menos, todo mundo se creía cazador y salía con carabinas a atrapar yamalas, guantas, aves y más”, se lamenta Quishpe.

Pero no se trata de un simple regalar de plantas. Para que el beneficiario aprenda a valorar, él y su familia acuden al vivero de la Prefectura para alistar las fundas donde se depositan las semillas, cuidan las plántulas para injertarlas y las trasplantan. 

Esta iniciativa surgió de una visita en el 2011 del Prefecto a Guatemala, donde conoció los corredores de conectividad en las fincas privadas con plantaciones de café.

De la mano también se encamina un componente especial y es el aprovechamiento de los atractivos naturales y las tradiciones de la gente. 

Hoy se fortalecen cinco rutas, con sus respectivos circuitos. Una de ellas es la Tara Nunka que va desde Yantzaza hacia El Pangui e incluye recorridos en canoa por el circuito Los Guayacanes, paseo en ranchera y caminata hacia las cuevas de Chicaña.

Despiertan especial curiosidad de ir a conocer la parroquia Tutupali (cantón Yacuambi) por su Ruta de la Begonia, y a San Vicente de Caney (cantón Yantzaza) con su Ruta de Balcones y Jardines Floridos.

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La chonta es uno de los principales frutos de la selva amazónica. Sus habitantes lo consumo como alimento y preparación de bebida (chicha) (Foto: Carlos Medina)

A la par se fortalecen la lengua, cultura y tradiciones de los pueblos shuar y kichwa-saraguro. En este contexto se impulsan actividades como el Festival de Lenguas Nativas, con canto en leguas ancestrales. 

Y la vitrina mayor para todo este proceso es el Festival Pachamama Raymi, considerado la fiesta intercultural más importante del sur de Ecuador.

En su octava edición, entre el 26 y 28 de abril, incluirá eventos como la Tercera Feria del Cacao y de Orquídeas. Además, habrá un día dedicado a la soberanía y seguridad alimentaria. Y el gran cierre será con un reencuentro y almuerzo comunitario para unas 5.000 personas.

Así es como Zamora Chinchipe y su gente valora cada vez más su territorio, lo defiende, lo vive y lo promociona. De a poco vencen a ese estigma de que es una tierra que solo sirve para criar ganado y para fracturarla con la minería.

Nangaritza vale
El Alto Nangaritza o Mura Nunka-Etsa Jiniarma (montañas alta donde nace el agua, en shuar). Los atractivos naturales son la principal fuente del ecoturismo. (Foto: Carlos Medina)

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