Rosario Ware es la abuelita shuar que le ‘desafía’ a una gigante minera en Ecuador

Rosario Wari Vale

Rosario Ware se niega a dejar sus tierras en el valle de Tundayme, al sur de Zamora Chinchipe. Por eso, ahora la consideran un símbolo de la resistencia antiminera. (Fotos: Jaime Plaza)

Zamora Chinchipe. s de 100 años. Esa edad es la que le calculan sus hijos y nietos. Ella es Rosario Ware, la más anciana del Centro Shuar Ijizam, y hoy la única mujer que se aferra a su territorio ancestral. Resiste o quizá ‘desafía’ la arremetida de una gigante minera en lo que antes eran sus tierras.

La habían desalojado cargándola en una camilla. En el 2014, junto con su familia, fue obligada a dejar su casa de pambil (una de las especies de palma amazónica) y madera, sus ajas (huertos) y su campo en el valle de Tundayme, sur de Zamora Chinchipe.

Igual como lo hicieron con centenares de familias en otras comunidades indígenas y de colonos, a las del Centro Ijizam las desplazaron y con tractores destruyeron las casas donde vivían.

Y así dejaron libre el paso a la minera Ecuacorriente (Ecsa) para que ejecute su megaproyecto Mirador.

A Rosario Ware la llevaron a refugiarse en una casa arrendada en el centro de El Pangui por María Isabel, una de sus siete hijos.

Pero la abuelita, como la tratan su familia y los comuneros, no se sintió bien en ese mundo tan extraño para ella. Tres intentos de volver a su terruño había hecho por cuenta propia, en uno de ellos hasta salió cargando sus sábanas, cobija y ropa. 

Hasta que, ante el riesgo de que sufra algún accidente o que se perdiera en sus intentos, sus nietas Alicia y Raquel Mashendo llegaron en una camioneta alquilada a dejarla donde la visitamos el sábado 3 de marzo. 

Pero ya no en Ijizam, porque ahora allá ya no se puede entrar. Todo esta resguardado con fuerte seguridad privada y se encuentra ocupado por un campamento, además de decenas de gigantes palas mecánicas que rasgan ese valle verde que antes era Mirador, en plena Cordillera del Cóndor.

Casa abuelita

Unos 150 metros más abajo de la casa donde ahora vive Rosario Ware, dos palas mecánicas movían piedras gigantes del lecho del río Kimi.

Ahora la abuelita Rosario vive en la otra ribera del río Kimi, unos tres kilómetros más al sur de Tundayme, el centro poblado más cercano. Allí, su hijo Mariano Mashento, de 64 años, se asentó hace unos 10 años, desde cuando era jornalero en una finca ganadera del sector. 

Él asegura que la casa y sus ajas están en un terreno que era del Ejército y que tampoco constaría en los linderos de lo adquirido por la minera. Que por eso, pese a que el 7 de enero del 2016 los visitó gente de Ecsa para advertirles que se vayan, no lo han desalojado. Aparte que ha recibido el apoyo de dirigentes y más personas. 

Cada 8 o 15 días, el hombre lleva a vender guineos y otros productos a Tundayme. Con ese dinero, compra sal, manteca y de vez en cuando arroz. A El Pangui suele irse cada tres meses para aprovisionarse de medicinas para dolores reumáticos y cólicos, además de ropa y botas.

Sin embargo, siempre camina con precaución ante el miedo de ser desalojado. No se olvida de cómo, en el 2014, les obligaron a salir y destruyeron sus casas. Igual como ocurrió con las viviendas, escuelas e iglesias de otras comunidades como San Marcos.

Policías, militares y personal de la minera usaron la fuerza y gas lacrimógeno para sacar  a los habitantes de la zona. Los dirigentes shuar denuncian tres líderes asesinados y al menos 70 procesados.

A José Tendetza lo encontraro muerto, con sus manos y pies atados flotando en el río Chuchumbletza, en Zamora Chinchipe, el 3 de diciembre del 2014.

Un año antes, el 7 de noviembre del 2013, Freddy Taish falleció en un operativo militar, que había empezado con una requisa de dragas en la comunidad de Campanak Ets. Antes, en el 2009, murió Bosco Wisuma en el puente sobre el río Upano (Macas), en una movilización que defendía el agua.

Hablando en su esencia más pura del shuar (lengua ancestral que heredó de sus antepasados), Rosario Ware se lamenta porque ahora todo está destruido donde antes vivía. Su nieta Alicia Mashendo hace de traductora.

Igual siente pena por la contaminación del río Kimi, donde antes incluso iban de pesca. En medio de un estruendo continuo y a unos 150 metros de ahora habita, dos grandes palas mecánicas arrancaban las piedras del lecho y las apilaban en la orilla derecha.

El manto verde empieza a desaparecer en Tundayme

Proyecto Mirador

El sábado 3 de marzo, volvimos ocho años después y pudimos constatar que el colchón verde desapareció del valle de Tundayme con la primera remoción de tierras. (Foto: Jaime Plaza)

Palas mecánicas, tractores y grandes volquetas están en un constante ir y venir. El gran manto verde que encontramos hace ocho años en la planicie de Tundayme, hoy empieza a ser borrado abrúptamente.

El sábado 3 de marzo, pudimos constatar que habían comenzado los primeros movimientos para la construcción de la mina en el Proyecto Mirador. Por ahora, en la gran planicie, la maquinaria pesada remueve la tierra para construir las piscinas de lavado del material que se extraerá.

En su página web, el Ministerio de Minería de Ecuador informa que será una extracción a cielo abierto (se hará un cráter gigante) Durante 27 años, se sacarán reservas de 2,96 millones de toneladas de cobre; 26,08 millones de onzas troy de plata; y 3,22 millones de onzas troy de oro.

Un poco más al sur, en Los Encuentros, cantón Yantzaza, está el otro megaproyecto: Fruta del Norte. Es una concesión de Lundin Gold (Aurelian Ecuador S.A.) y en 13 años, bajo el sistema de mina subterránea, prevé extraer 4,82 millones onzas troy de oro y 6,34 millones onzas troy de plata. Ahora está en la fase explotación, con la construcción de obras tempranas.

La presencia del proyecto Mirador también ha generado mayor presión de asentamientos humanos. Por ejemplo, el poblado Tundayme, a una hora y media en auto desde la capital provincial, ha crecido en número de casas y sobre todo abundan las mecánicas para el arreglo de volquetas.

El tránsito de vehiculos pesados, buses, camionetas y autos es intenso por carreteras asfaltadas y vías de lastre que conducen hacia el lugar. Pancartas escritas en español y en chino sobre medidas de seguridad y advertencias como ‘Propiedad Privada’ están a la vista.

Intentar acercarse a las instalaciones de la minera es una misión de ‘riesgo’. En puntos estratégicos hay guardias de seguridad privada en retenes o en vehículos. Apenas advierten la presencia de algún ‘extraño’, lo abordan de una forma intimidante, pues así lo hicieron con nosotros.

No obstante, igual es fácil observar las grandes estructuras y naves levantadas por la empresa minera en el costado norte del valle de Tundayme.

Tundayme Zamora Chinchipe (42)

Pancartas en español y en chino sobre medidas de seguridad y letreros con leyendas como ‘Propiedad Privada’ están a la vista. (Foto: Carlos Medina)

Un ejemplo de resistencia 

Abuelita shuar 2

Alimentándose con maito y yuca, su comida tradicional.

Sentada sobre su cama, la mujer shuar con agrado comía maito (pescado y palmito, envueltos en hoja de bijao y cocinados al vapor) y yuca. Ese bocado tradicional la brindaron sus familiares y comuneros que llegaron en el transcurso de la mañana. 

Unos y otros acudieron para expresar su respaldo a la abuelita Rosario. Pues ahora a ella la ven como “un ejemplo de lucha y resistencia”. Así lo expresó el prefecto de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe, quien acudió junto a familiares de la mujer, autoridades provinciales como la viceprefecta Karla Reátegui, dirigentes indígenas, comuneros y más personas.

En una minga comunitaria, jóvenes y adultos, hombres y mujeres adecentaron la entrada empinada desde un camino de lastre hacia la casa. Quishpe, con barreta en mano ayudó a abrir una suerte de gradas. Luego con un pico, limpió una acequia para que corra el agua lluvia.

Chicha y ayanpaco
En la minga, un grupo de mujeres y hombres preparó y brindó los tradicionales maito, ayampaco y chicha.
Abuelita 3
Salvador Quishpe participó en la minga comunitaria para adecentar la entrada a la casa de Rosario Ware.
Mariano

Mariano Mashento, de 64 años e hijo de Rosario Ware, indica el sector donde antes estaba su comunidad.

A su edad, Rosario Ware insiste que nada la ahuyentará del valle donde ella creció y vio crecer a sus hijos y nietos. Aún más ahora que podrá vivir en su casa con características shuar, que la ayudaron a arreglar mediante la minga comunitaria del sábado 3 de marzo.

Allí, junto a su hijo Mariano Mashento, seguirá resistiendo con esa dignidad de mujer y ser humano ante el permanente riesgo de ser desalojada. El Estado ecuatoriano, las autoridades de Zamora Chinchipe, los dirigentes indígenas, los comuneros, su familia… todos estamos con una gran deuda pendiente ante ella.

Abuelita Rosario 5

A Rosario Ware, hoy la miran como un ejemplo de resistencia. El sábado 3 de marzo, recibió la visita de sus familiares.

 

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