Los tagaeri y taromenane, pueblos en aislamiento de la Amazonía, más vivos y no solo en la memoria

Casa aislados

Una casa de indígenas en aislamiento avistada en un sobrevuelo por el Yasuní, durante las investigaciones tras el ataque de marzo del 2013. (Foto: Libro ‘Una tragedia ocultada’ de Cavodevilla-Aguirre).

Consulta Popular. Los tagaeri y taromenani son los únicos guardianes y dos últimos pueblos aislados de Ecuador que superviven en el corazón del Parque Nacional Yasuní en la Amazonía. Un intento más para su protección y salvación depende hoy de la decisión de todos los ecuatorianos sobre la Pregunta 7 de la Consulta, convocada por el Gobierno de Ecuador, para el 4 de febrero.

Negar su existencia es solo de necios cegados por el desenfreno del extractivismo. Que más pruebas que las dos niñas, hoy de 12 y 9 años, arrancadas de sus raíces tras el ataque de marzo del 2013.

Ellas son las únicas testigos de la masacre. Ahora viven ‘adoptadas’ por las comunidades waorani de Dicaro y Bameno, al menos una de ellas con las familias de quienes habrían atacado a sus padres.

Para desmitificar su presencia, se suman los testimonios dejados por líderes como Dayuma, Ompure y Carhue.

Dayuma fue la primera mujer waorani contactada por una misión evangélica del Instituto Lingüístico de Verano, en la década de 1950 (falleció el 1 de marzo del 2014).

Ompure murió el 5 de marzo del 2013, lanceado presumiblemente por un grupo de indígenas en aislamiento.

Pueblos Aislados VALE 1

Ataques como el ocurrido en el 2013 contra el líder waorani Ompure y su esposa también revelan la presencia de los pueblos aislados.

Carhue Tega vivía en aislamiento hasta finales de la década de 1980. A tal punto que hoy es el único que mantendría algún contacto con grupos tagaeri y/o taromenane.

También están las diversas evidencias de encuentros fortuitos y enfrentamientos con grupos waorani, colonos, petroleros o madereros. Además de sus caminos, casas y sus chacras localizadas en medio de los bosques.

Hasta el propio Wilson Pastor, quien en los últimos 30 años se encargó del levamiento topográfico y más para las compañías petroleras, en documentos de finales la década de 1980 se refirió al grupo Shiripuno. Aunque luego negó la existencia de estos pueblos.

Esos intereses de las petroleras se empeñan en invisibilizarlos. Incluso las comunidades waorani, kichwa, achwar y colonos de la zona tratan de bajar la intensidad de la presencia de los tagaeri y taromenane.

“Lo hacen para poder realizar algunas actividades como licencias de turismo o forestales y recibir la titulación de sus tierras. Suelen decir no, no están por aquí. Ellos viven mucho más lejos. Igual argumento tienen las empresas petroleras”. Esa es la afirmación del antropólogo Enrique Vela, uno de los estudiosos de estos pueblos.

Niña Tagaeri

Una de las dos niñas que fueron arrancadas de sus familias en el ataque de marzo del 2013. (Foto: Libro ‘Una tragedia ocultada’ de Cavidevilla-Aguirre)

 

Constitución y Zona Intangible

Los argumentos de José Proaño, director de Land is Life para América Latina,  van más allá. La Constitución de Ecuador, vigente desde el 2008, reconoce la existencia de pueblos indígenas en situación de aislamiento. “Eso no ocurre en Brasil, Colombia o Perú, aunque tengan políticas públicas de protección”.

“Los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión ancestral irreductible e intangible, y en ellos estará vedada todo tipo de actividad extractiva. El Estado ecuatoriano adoptará medidas para garantizar sus vidas, hacer respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en aislamiento, y precautelar la observancia de sus derechos. La violación de estos derechos constituirá delito de etnocidio…”. Art. 57, numeral 21, de la Constitución de la República.

A la par, Ecuador cuenta con una política pública y una institucionalidad, a través de la Dirección de Protección de los Pueblos Indígenas Aislados del Ministerio de Justicia. Es innegable.

En 1999 se reconoció la Zona Intangible de cualquier actividad extractiva gracias a estos pueblos, aunque recién se limitó en el 2008. El objetivo es frenar la extracción de petróleo y  la minería, que con sus caminos dejaron filtrar a colonos, entre ellos los madereros.

El capuchino español Miguel Ángel Cavodevilla es uno de los mayores conocedores sobre estos pueblos. Él nos respondió desde España que debemos defender y preservar la existencia de los amazónicos en aislamiento por el valor innegociable de la vida humana y por muchos otros valores.

Los argumentos de la valía 

  • Ecuador tendría, en muchos sentidos, una ‘reserva de humanidad’ desconocida.
  • Desde el punto de vista cultural, histórico, antropológico y étnico tienen una importancia insuperable. Entre ellos podría haber datos únicos sobre la mitología e historia amazónica precolombina y posterior.
  • Son como una burbuja humana de infinito valor que podrían traernos del pasado enseñanzas invaluables ahora mismo.
  • Sus conocimientos ancestrales tan profundos de su ecosistema para mantenerse vivos en el aislamiento. Se perdería eso si los perdemos a ellos.
  • Conservarla, a pesar de su precio en otras renuncias, sería una última justicia frente a la depredación y exterminio que han sufrido desde tiempos coloniales y posteriormente nacionales.

La convicción de Cavodevilla es que los Tagaeri y Taromenane tienen una inédita relación entre humanidad y selva “que deberíamos defender y de la que podríamos aprender no pocas cosas”.

Pero reitera su lamento que “muchas veces, solo intereses económicos y la hipocresía consustancial al mercado (nacional e internacional) son responsables que no sean calificados y defendidos como patrimonio del Ecuador y de la Humanidad”.

La antropóloga estadounidense Dinah Shelton los describe como pueblos indígenas o segmentos que no mantienen o nunca han tenido contactos regulares con la población fuera de su grupo. Esa definición la encontramos en el estudio Pueblos Indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial, de la Relatoría sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2013).

“Los pueblos indígenas en aislamiento voluntario también pueden ser grupos o segmentos que, tras un contacto intermitente con las sociedades mayoritarias, vuelven al aislamiento y rompen las relaciones que tuvieron con dichas sociedades”.

Los tagaeri y los taromenane son los dos grupos indígenas en aislamiento que habitan en el Yasuní.

Incluso los tagaeri serían subgrupos de la gran nación waorani. Es la teoría que sostiene José Proaño. Sus argumentos son que su cultura material, incluso su lengua, es muy similar a la de los waorani.

Aún en la década de 1960, todos constituían un solo pueblo hasta que llegó el contacto forzado del ILV y su intención ‘evangelizadora’.

Un grupo, liderado por el guerrero Tagae y cuatro de sus siete hermanos, se rehusó a ese contacto y prefirió, junto con su familia, ocultarse en la selva. Se quedaron entre las cabeceras del río Tibacuno, Yasuní y Tiputini.

“No solo en un acto de autodeterminación, sino que Tagae se dio cuenta que estaría en riesgo, ya que otros clanes rivales también acudían al llamado del ILV, a través de Dayuma”. Esa es interpretación de Proaño a ese pasaje de la historia de estos pueblos aislados.

No todos los grupos wao se sometieron al contacto. Incluso Carhue y su familia vivían aislados en el corazón del Yasuní. Este grupo nunca llegó a Bahameno y tampoco acudió al llamado del Instituto. Lingüístico de Verano (ILV, que tenía la misión de ‘contactar’ a los habitantes de la Amazonía’) ni al del obispo Alejandro Labaka.

Si bien habían empezado a caminar para llegar al protectorado evangélico (un modelo de dependencia) Pero se quedaron entre los ríos Cononaco Chico y el Shiripuno, tras coincidir justo con la llegada y colonización de las petroleras.

No son nómadas. Solo acostumbran traslados y ocupaciones temporales en función de las condiciones ecológicas y bioculturales.

Es decir, a la disponibilidad de recursos como la chonta y huevos de charapa (tortugas de la Amazonía), complementado con sus chacras de productos como yuca, chonta, naranjilla silvestre y en los últimos años algunas plantas de plátano.

Sobre los taromemane, se tiene referencia a partir de datos históricos recopilados por Cavodevilla y los testimonios de los waorani, luego de sus expediciones hacia los grupos en aislamiento.

Las diferencias culturales con los tagaeri y waorani son mínimas. Igual compartirían la misma lengua y cultura material con ciertos matices.

Según Cavodevilla, ellos avanzarían desde el Perú por el río Yasuní. Entre 1971 y 1972, el grupo waorani de Ompore, Kemperi y otros se enfrentaron a los taromenane, cuando estos se llevaron a su sobrina Detae, desde el sector de Shiripuno.

 

Otra oportunidad para protegerlos y salvarlos 

PREGUNTA 7

¿Está usted de acuerdo en incrementar la Zona Intangible al menos 50.000 hectáreas y reducir el área de explotación petrolera autorizada por la Asamblea Nacional en el Parque Nacional Yasuní de 1.030 hectáreas a 300 hectáreas?

Esta consulta del Gobierno de Ecuador es vista como posibilidad de reforzar la protección de estos pueblos aislados.

Pichilingue la considera ambigua porque la pregunta 7 se subdivide en dos partes. Se refiere a un aumento en, al menos, 50.000 hectáreas de la Zona Intangible. “Frente a las actuales 758.000 ha., es un avance ínfimo que no garantiza la supervivencia de los Tagaeri Taromenane frente a los problemas que enfrentan ante a los problemas por la pérdida de su hábitat”.

Están atacados por la explotación petrolera con sus pozos, ruidos, derrames, contaminación y carreteras. Estás, cuan heridas, dejaron que se filtraran madereros, colonos y más.

Tampoco se fija la ubicación para esa ampliación. Por eso Pichilingue teme que “se protejan territorios que no sean relevantes para los pueblos en aislamiento. Conociendo los intereses petroleros, esos territorios estarían lejos de frenar la actividad extractiva”.

Una segunda parte de la pregunta habla sobre la reducción de 1.030 a 300 ha. del área de explotación petrolera. Pero “así como está planteada, esta pregunta tiene varias ‘trampas’. En realidad, Petroamazonas ya en septiembre del 2017 sacó sus planes de explotación petrolera de los bloques ITT y 31, que suman 238 ha. ¿Entonces qué se ganaría?”.

Cavodevilla dice que la sobrevivencia de estos pueblos en aislamiento no depende de la cantidad de hectáreas de tierras consideradas Intangibles, sino de su ubicación concreta. Es decir, “que sean las que ellos han tenido o puedan tener como suyas. Pero sobre todo que lo, supuestamente, Intangible no sea mayormente una burla como lo ha sido hasta hoy”.

José Proaño ver con positivismo a la pregunta 7 de la Consulta Popular. Considera que es un primer paso de un camino largo que permitirá presionar a los gobernantes una verdadera protección para los tagaeri y taromenane. “No son límites para ellos sino para quienes intenten entrar a sus territorios”.

Casa tagaeri 2

Los tagaeri y taromenane no son nómadas. Arman sus casas y chacras dependiendo de si es tiempo de la chonta y la anidación de las tortugas charapas. (Foto: José Proaño)

En todo caso, cada ecuatoriano tiene en su decisión la oportunidad de salvar del etnocidio (exterminio) de estos habitantes nativos del corazón del Yasuní.

Es una oportunidad enorme de hacer un reconocimiento a estos pueblos como los mayores sobrevivientes al proceso de conquista. Han sobrevivido a las pestes y contagios, a la colonización, a la violencia misionera, de caucheros, colonos y más.

Enrique Vela encuentra importante a la Pregunta 7, la cual, de alguna manera, permitiría rectificar los límites impuestos a la Zona Intangible en el 2008. “Si bien se consideraron algunos criterios antropológicos, pero, al parecer, primaron la conveniencia y acuerdos con las empresas petroleras. Al decir: en, al menos, 50.000 ha. deja abierta la posibilidad de que sean mucho más”.

“No toda la humanidad tiene que caminar hacia una misma visión de progreso. No todos estamos obligados a seguir este patrón cultural de consumo, de violencia e irrespeto por la naturaleza y por los diferentes. Ellos nos demuestran que es posible vivir de una manera sustancialmente distinta”. Reflexión de José Proaño.

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