Las mujeres de Quito que, con sus huertos orgánicos, cuidan la salud del Planeta

Gloria Rosero, pionera Huertos Quito
Gloria Rosero es una de las pioneras de la iniciativa de los huertos urbanos y rurales de Quito. Ella recibió el premio de Naciones Unidas, durante la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, en Bonn, Alemania. (Fotos: Jaime Plaza)

Lleva un sombrero para protegerse del sol intenso y azadón en mano. Rosa María Ramírez se encamina hacia su singular distracción: cuidar de su huerto, que lo adecuó en la parte posterior de su vivienda.

Esta mujer, de 62 años, limpia la hierba de una cantera donde sembrará lechugas y coles. Luego entra a uno de los dos invernaderos para revisar si ya hay tomates riñón como para llevarlos a vender el sábado, en la Bioferia del parque La Carolina. Después recolecta un puñado de ajíes, bien rojos por maduros.

Así entretenida se pasa en su huerto ‘Rosita’, que lo mantiene en la comuna Cocotog, de la parroquia Zambiza, al nororiente de Quito. Allí, por al menos dos horas diarias, se afana en cultivar lechuga, col, coliflor, cebolla, remolacha, zanahoria, apio, albahaca, rábano, acelga, cilantro (culantro), frejol… También siembra hierbas aromáticas como manzanilla, hinojo, hierba luisa, menta, orégano y más.

El verdor es eminente en sus huertos. Ramírez, al igual que sus compañeras, potenciaron habilidades para cultivar hasta en espacios impensados como balcones, terrazas, jardineras y patios de las casas en la zona urbana. Para eso utilizan contenedores reciclados como botellas, llantas, macetas y cajas de madera.

En la zona rural se adecuan los terrenos que cada una tiene junto a sus casas. Incluso, para cultivar productos no tradicionales en la zona como tomate riñón y cherry, pimiento, pepinillo, zuquini, apio y otros, construyeron invernaderos. Les arman con maderas de eucalpito y cubiertos con plásticos térmicos que protegen de los rayos ultravioleta. Según el técnico Pablo Garófalo, constituyen una alternativa de adaptación a las adversidades del cambio climático (temperaturas extremas de frío o calor, lluvias torrenciales o sequías prolongadas).

Rosa María Ramírez, Huertos Quito 2
Rosa María Ramírez tiene su huerto ‘Rosita’ en el barrio San Miguel,  de la comuna Cocotog, parroquia Zambiza, al nororiente de Quito.

Desde hace 10 años, Rosa María es una de las 65.000 personas (el 80% corresponde a mujeres) beneficiadas directamente por este programa que abarca a 3.500 huertos orgánicos. Se trata de una iniciativa de agricultura urbana y autoproducción de alimentos, impulsada desde hace 15 años por el Proyecto Agricultura Urbana Participativa (Agrupar), a través de ConQuito de la Alcaldía de Quito.

Un premio de Naciones Unidas

La iniciativa acaba de ser galardonada con el Premio ‘Impulso por el Cambio’, que Naciones Unidas, a través de Momentum For Change, concede a las soluciones ejemplares en el desafío al cambio climático. Lo consideró como una acción con resultados reales que contribuyen al desarrollo sostenible, es bajo emisiones de carbono y resiliente (capacidad de recuperarse ante la adversidad climática).

Este reconocimiento lo recibió Gloria Rosero, una de las pioneras de este programa, junto con el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, en la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, en Bonn, Alemania.

Ante este galardón de la ONU, Rosero no oculta el orgullo de ser parte del proyecto desde sus inicios. Así como sus compañeras, esta mujer reconoce que la iniciativa cambió sus vidas al permitirles un ingreso económico adicional, a obtener alimentos sanos para sus familias y a potenciar sus gustos por la agricultura.

Para Rosa Ramírez, fue “una bendición” que le permitió dejar el duro trabajo de arreglo de casas, lavar y planchar ropa, que la obligaba a salir de su casa antes que amanezca y volvía al anochecer. Rosa Paucar lo ve como un espacio para la integración familiar, sobre todo cuando con su esposo e hijos labran juntos la tierra.

Con su trabajo diario y silencioso en sus huertos, estas mujeres de Quito ayudan a preservar el planeta de diversas formas. Aprovechan al máximo toda su producción, es decir nada desperdician, aportando así a reducir la Huella Ecológica (impacto generado sobre la Tierra por la demanda de alimentos y más recursos) de la población quiteña.

Si de lo cosechado en sus huertos no logran vender  todo en las bioferias o a sus vecinos, no se hacen lío. Con el asesoramiento de Alexandra Rodríguez, Pablo Garófalo y otros técnicos de Agrupar, aprendieron a transformar sus productos en mermeladas, encurtidos, pasteles, galletas, salsas, frutas deshidratadas, infusiones de hierbas medicinales y mucho más.

Hasta la hierba que sacan de las huertas lo aprovechan para alimentar sus cuyes y gallinas (estos también entran en esta cadena de producción). Otro tanto también lo mezclan con el estiércol de  sus animales para producir abono orgánico mediante el sistema de ‘camas calientes’.

Así es como estas heroínas del Planeta ayudan a que no se contamine el ambiente. Pues evitan que esos desperdicios se sumen a las toneladas de basura que se produce a diario en la capital ecuatoriana.

Todo es orgánico, nada de fertilizantes químicos

Con tal convicción, Gloria Rosero afirma que, además de ayudar a salvar al Planeta, “cuidamos la salud de quienes compran nuestros productos”. Se trata de cultivos, nutridos a punta de abono orgánico. Incluso los protegen con fungicidas orgánicos, que los elaboran con ingredientes como ajo o plantando barreras naturales como la ruda, romero y ortiga en los alrededores de sus huertas para ahuyentar las plagas.

“Además de ayudar al Planeta, cuidamos la salud de quienes compran nuestros productos. Queremos que la gente se alimente sanamente”.

Para controlar el desperdicio y optimizar el uso del agua (recurso bastante escaso en Quito), utilizan el riego por goteo. Los técnicos Rodríguez y Garófalo se especializaron en Israel para asesorarlas con esta y otras técnicas.

En algunos invernaderos se adecuaron mecanismos de recolección de agua de lluvia, para almacenarla en tanques de 200 y 300 litros. Ninguno de estos huertos es irrigado con agua de acequias o quebradas.

De todo en las bioferias

Todas bien uniformadas y con un optimismo desbordante, Rosa Paucar (de Amaguaña), Germania Nacimba (de Conocoto), Eugenia Quizhpe (de Alangasí) y más compañeras ofrecen convincentes sus productos a cada cliente.

La mañana del martes 22 de noviembre, ningún cliente que acudió a la Bioferia de San José dudó en comprarles, al menos, una o dos hortalizas. Teresa Rosero, por ejemplo, se llevó rábano, tomate y manzanilla. Irene Vaca pasó comprando una col, zapallo y chochos. Las dos coincidieron en valorar estos productos agrícolas “por estar libres de pesticidas y otros químicos”.

Los registros de ConQuito señalan que, entre el 2009 y mayo del 2017, de estos huertos orgánicos se comercializó alrededor de 800.000 kilos de productos, para un ingreso total de 1.507.539 dólares. Además, se han realizado 5.379 bioferias en 15 sitios estratégicos del Distrito Metropolitano.

Y esta iniciativa de Quito está garantizada para largo, en especial por el empeño de sus beneficiarias. Así lo demostraron Paucar, Quizhpe y más compañeras cuando, entusiasmadas, recibieron una porción de nueva semilla de zanahoria para sembrarla de regreso a sus huertos y así fortalecer la producción de esta hortaliza.

Bioferia en Valle de los Chillos
Rosa Paucar y sus compañeras acuden cada martes a ofrecer sus productos en la Bioferia de la Hacienda San José, en el Valle de los Chillos (suroriente de Quito).

LAS 15 BIOFERIAS DE QUITOLas bioferias

Rosa María Ramírez, Huertos Quito
Rosa María Ramírez recolecta un puñado de ajíes, bien rojos por maduros. Cada sábado, ella vende sus hortalizas en la Bioferia de la Cruz del Papa, parque La Carolina (norte de la ciudad).

Un comentario sobre “Las mujeres de Quito que, con sus huertos orgánicos, cuidan la salud del Planeta

  1. A Gloria, Rosa Maria y todas las mujeres de Quito que participan en esta iniciativa, felicitaciones por vuestros importantísimos trabajos y éxitos. Cuando vuelve a Quito, seguro vendré a visitar vuestros mercados. Saludos desde Inglaterra. Hay mucho que aprender de vosotras aquí! Gracias.

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